Dicen que los omegas nacen con la cabeza baja.
Que su destino está escrito en la sangre.
Que su instinto es rendirse.
Que su lugar está detrás de un alfa.
Mentira.
Yo nací con el mundo apuntándome al pecho.
Aprendí muy pronto que ser omega no era una debilidad...
era una excusa para querer destruirme.
Así que me despojé de todo lo que esperaban de mí.
No huelo a flores.
No bajo la mirada.
No suplico.
Aprendí a callar mi aroma.
A controlar el temblor del celo.
A disparar sin dudar.
A ordenar sin gritar.
Me enseñaron que el miedo es un idioma universal.
Y yo lo hablo con fluidez.
Si has escuchado historias sobre mí, te aseguro algo:
todas son incompletas.
Porque nadie cuenta lo que cuesta convertirse en un monstruo
cuando el mundo te obliga a ser presa.
No soy un omega indefenso.
No soy un error.
No soy una excepción.
Soy la consecuencia.
Y si mi nombre hace que los alfas contengan el aliento,
entonces he cumplido mi propósito.
Mi nombre es Santa Pongsapak.
Y no nací para obedecer.
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El Omega de la Corona Negra
Science FictionEn un mundo donde los omegas nacen para obedecer, Santa pongsapak nació para gobernar. Heredero de la mafia más poderosa de Tailandia, Santa aprendió desde niño que ser omega lo convertía en un objetivo. Así que hizo lo impensable: se volvió frío, l...
