CAPÍTULO 1: TERMODINAMICA

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ESCENA 1: TERMODINÁMICA

Ubicación: Cafetería del Proyecto Túnel "Atlas" – Sector 4. Hora: 12:30 PM.

El aire en la cafetería subterránea olía a grasa recalentada, café quemado y sudor industrial. Cientos de ingenieros y obreros abarrotaban las mesas de metal, un mar de chalecos naranjas y cascos amarillos gritando para hacerse oír sobre el zumbido constante de los generadores de ventilación.

En una mesa del rincón, aislada por una barrera invisible de concentración, estaba la Dra. Jar Sideris.

No estaba revisando planos. No estaba mirando su teléfono. Estaba comiendo.

Delante de ella había tres bandejas de plástico gris, apiladas con una cantidad de comida que habría enfermado a dos hombres grandes. Montañas de pasta pálida, tres filetes de carne nadando en salsa, media barra de pan y cuatro envases de yogur industrial.

Jar no comía con placer. Comía con la eficiencia mecánica de alguien que carga carbón en una caldera que se está apagando.

Su mano derecha, sosteniendo un tenedor de metal barato, temblaba. Un tremor fino, rítmico, casi imperceptible.

Calorías dentro. Energía fuera. Mantener el sistema operativo, —pensó Jar, masticando un trozo de carne dura sin saborearlo—. ¿Por qué sigue bajando el indicador?

A pesar de las cuatro mil calorías que acababa de ingerir en veinte minutos, el vacío en su estómago no desaparecía. No era hambre. El hambre es una señal del estómago. Esto era diferente. Era una alarma sonando a nivel celular. Sentía que su sangre era demasiado fina, que sus huesos vibraban con una frecuencia que no podía escuchar.

—¿Entrenando para un ultramaratón, Jefa?

Jar se detuvo, con el tenedor a medio camino. Levantó la vista. Mike, el capataz de perforación, estaba de pie junto a su mesa, sonriendo con esa mezcla de respeto y burla que los hombres grandes reservan para las mujeres que pueden levantar más peso que ellos.

Jar tardó un segundo en procesar la pregunta. Su cerebro se sentía lento, nublado por la demanda metabólica.

—No, Mike —respondió ella. Su voz sonó ronca, como si no la hubiera usado en horas—. Solo... mantenimiento.

Mike soltó una risita, echando un vistazo a las bandejas vacías.

—Mantenimiento. Claro. Si yo comiera así, necesitaría una grúa para levantarme de la silla. Pero tú... —Mike la miró, notando por primera vez la palidez de su piel, el sudor frío que perlaba su frente a pesar del aire acondicionado—. Oye, ¿estás bien? Te ves... intensa.

Jar miró su mano derecha. El temblor había empeorado. Dejó el tenedor sobre la bandeja.

—Estoy bien —mintió.

Pero no lo estaba. Bajó la mirada hacia el tenedor. Sin que ella hubiera hecho ningún esfuerzo consciente, el mango de metal barato estaba retorcido, doblado en un ángulo de noventa grados, con la huella de su pulgar profundamente marcada en el acero inoxidable.

El corazón de Jar dio un vuelco. Escondió el tenedor deformado debajo de una servilleta antes de que Mike pudiera verlo.

—Solo siento... —Jar buscó las palabras, frotándose el esternón, donde el calor se sentía más intenso—... que me estoy quedando sin gasolina. Todo el tiempo.

Una alarma estridente cortó la conversación. La luz roja de emergencia comenzó a girar en el techo.

"ALERTA DE FALLO ESTRUCTURAL EN SECCIÓN B. EVACUACIÓN INMEDIATA."

PROYECTO OLYMPIA: EL ORIGENWhere stories live. Discover now