Angelina
He pasado toda mi vida huyendo, aunque durante años no supe exactamente de qué. Al principio pensé que escapaba de la pobreza, de las jornadas interminables sirviendo mesas, de los sueños que parecían demasiado grandes para alguien como yo. Hoy sé la verdad: huía de un recuerdo. De un día que partió mi vida en dos.
Desde entonces, nada volvió a ser igual.
Aprendí a respirar sin sentirme viva. A sonreír como si el peso en el pecho no existiera. A mover mi cuerpo como si no me perteneciera. Porque la vida que llevo ahora no es vida... es resistencia. Sobrevivir no es lo mismo que vivir, y yo soy la prueba de eso.
Nací en Italia, en un lugar donde la música parecía mezclarse con el aire y las calles antiguas guardaban historias en cada esquina. Desde que tengo memoria, bailo. El baile siempre fue mi refugio, la única forma en la que mi cuerpo se sentía libre. Trabajaba como mesera para pagar mis clases, para sostener un sueño frágil pero mío. Soñaba con escenarios, con viajar, con demostrar que podía ser más que una chica sirviendo mesas.
Viajar fue mi error.
Estaba en un país que no era el mío, persiguiendo oportunidades, creyendo que el mundo podía ser generoso conmigo. No lo fue. Me secuestraron lejos de casa, lejos de cualquier rostro conocido. Nadie escuchó mis gritos. Nadie llegó. En un instante perdí mi nombre, mi libertad y la certeza de volver a ver Italia.
Ahora trabajo en un lugar donde las luces no significan esperanza y la música no celebra nada. Un sitio donde las chicas bailamos no por pasión, sino por miedo. Donde cada movimiento es una orden disfrazada de ritmo. Aquí aprendí a no hacer preguntas, a bajar la mirada, a guardar mi rabia en silencio. A bailar sin sentir.
Hasta que ella apareció.
Nerissa no entra a un lugar, lo domina. Su belleza es imposible de ignorar, de esas que se quedan grabadas incluso cuando apartas la mirada. Es una mujer poderosa, una empresaria millonaria, reconocida, con un carácter firme y una frialdad que intimida. No parece alguien hecha para la cercanía ni para la compasión. A simple vista, no es una mujer de amigos.
Cuando sus ojos se cruzaron con los míos, algo cambió.
No sé por qué me miró así. No sé qué vio en mí, ni por qué su presencia me inquietó más que cualquier otra cosa en este lugar. Solo sé que, por primera vez en mucho tiempo, alguien me miró como si yo fuera algo más que un cuerpo que baila bajo las luces. Como si aún existiera la mujer que fui antes del secuestro.
Antes del miedo.
Antes de la huida.
Antes de perderme a mí misma.
No sé si Nerissa será mi salvación o mi condena. No sé si su llegada es una promesa o una advertencia.
Solo sé que mi historia comenzó el día que me encerraron...
pero tal vez no termine ahí.
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Desiderio
De TodoAhora trabajo en un lugar donde las luces sirven para ocultar, no para iluminar. Donde la música tapa los gritos que ya nadie hace. Aquí las chicas bailamos porque negarnos tiene consecuencias. Bailamos porque el cuerpo es lo único que no pueden qui...
