CÁPITULO 1

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—¿Qué?—: Fue lo primero que pude decirle a mi madre al escuchar lo que me acababa de decir

Mi madre dio un suspiro profundo, tratando de mantener la paciencia —Vamos, Theo... ya estás lo suficientemente grande para entenderlo— Dijo mi madre con la voz notablemente cansada

—No, de ninguna manera. No iré a ese horrible lugar de nuevo— Insistí una vez más. Pero se notaba que ahora, mi voz no tenía peso alguna en las decisions que tomara mi madre

El silencio inundó toda mi habitación. Me tiré a mi cama boca. Quedando mi rostro contra una almohada. Tenía tanta rabia, pero al mismo tiempo sentía que me frustraba cada vez más. Durante todos estos años, mi madre siempre fue madre soltera. Mi padre no tenía intenciones de conocer o siquiera de reconocerme, así que nos abandonó.

Mi madre ha pasado durante muchos trabajos, ya sea mesera, profesora, niñera, secretaria, ama de casa. Todo lo que te puedas imaginar.

¿Por qué lo hacía? Porque no tenía dinero para mantenernos a ambos. Pero ocurrió un pequeño gran problema: y es que mi madre en su desesperación -quiero creer que fue por eso- es que ella comenzó a intentar seducir a sus jefes. Cosa que le salió mal ya que la mayoría -por no decir todos- la rechazaba y la despedían. Al principio traté de entenderla, que lo hacía por nosotros, sin embargo, por mucho que intentara, no podía evitar hecharle la culpa de todo lo que nos estaba pasando.

A la edad de catorce años, mi madre ya no pudo seguir pagando el alquiler. Esa noche, llegó la policía a embargarnos. Mi madre tuvo que ir a la cárcel por negarse a pagar, y a mi me llevaron a un orfanato ya que no tenía familiares o no por el momento ya que no habían logrado contactarse con ningún pariente o cercano mío.

Estuve una semana allí, cuando llegaron supuestos familiares míos, era nada más ni nada menos que mi padre.

Mi madre salió de cárcel un año después, a esa edad tenía quince años. Mi padre tan pronto como supo la noticia que mi madre ya había salido de la cárcel, se puso en contacto con ella y en menos de 48 horas ya estaba devuelta con mi madre.

Al principio creía que ya no volvería a ver a mi padre. Pero ahora, nuevamente se endeudó, tenía miedo de que vuelva a ir a un orfanato y no volver a verme, así que su grandiosa idea fue llevarme de vuelta donde mi padre.

¿Y si me voy? ¿Y si me escapo y así me ahorro tener que ir hasta donde mi padre y aguantar todos sus maltratos?

Pensé, sin embargo, rápidamente descarte esa idea. Empecemos por donde no tenía dinero, ni comida, no sabía hacer nada, ni siquiera para trabajar.

—No tengo escapatoria...— me murmure a mi mismo con frustración.

Esta noche me iba. Eran las 6:35pm.

Lo mejor sería que comenzara a empacar mis cosas.

Me levanté de mi cama y saqué una mochila, puse unas pocas -y únicas- prendas de ropa y dos pares de zapatos ya casi desgastados.

Una vez con todas mis cosas listas bajé, y vi a mi madre. Parada en la cocina, parecía estar cocinando algo, pero parecía perdida en sus propios pensamientos, esa mirada perdida y completamente vacía.

—Parece que eso ya se va a quemar—avisé entrando a la cocina.

Ella salió de sus propios pensamientos reaccionado. —Theo, no te había oído llegar—: dijo mi madre para luego ver lo que estaba cocinando. Eran tostadas. Las sirvió en un plato. Me dió dos en una bolsa. —Toma, hijo. Una para que te comas ahora y otra para que te la guardes.

La miré y solo asentí con la cabeza. Ya ni siquiera tenía ganas de mostrarme agradecido con ella. Y al parecer se dio cuenta de eso. Se acercó a mí y me puso una de sus manos en mi mejilla. Cualquiera diría que ese es un simple tacto de una madre a su hijo, pero para mí no era más que una fría y seca mano tratando de esconder algo que no se podía.

LO QUE QUEDÓ ENTRE PÁGINAS Stories to obsess over. Discover now