Sus pequeñas e inútiles manos arañaron la tierra, su enclenque y desnutrido cuerpo se deslizo dentro del hoyo en el lodo. Maldiciendo el no poder usar sus poderes, se abrazo a si mismo mientras escuchaba los gritos y lamentos del exorcista muerto. Las gruesas gotas de agua caían con más rapidez a cada segundo y su pequeño escondite comenzaba a llenarse de agua, sobreviviría a eso. Era un demonio después de todo, incluso dentro de ese inútil cuerpo no podía morir. Miro hacia afuera, la poca luz del día comenzaba a desaparecer para dar paso a la noche, sin embargo aun llovía. Se preguntó dónde estaría ahora la madre de su recipiente, ella no había asistido al intento de su esposo por salvar el alma de su hijo, aunque ella ya sabía que el alma del niño no tenía esperanza alguna.
Tal vez, cuando amaneciera regresaría a la casa, sabía que sería difícil para ella estar sin su hijo y más aún sin su esposo. Cerro los ojos, aún si él era un demonio y no necesitaba dormir su cuerpo si necesitaba descansar, asi que se quedó ahí, con los ojos cerrados, con el sonido de la lluvia y los gritos del espíritu interrumpiendo el silencio de la noche.
A la mañana siguiente, cuando los primeros rayos del sol entraron en su pequeño escondite; se dió cuenta de que en realidad, si durmió. Tal vez solo unos minutos o tal vez horas, pero por primera vez en diez mil años, había dormido.
Cómo era de esperarse, el pequeño hoyo estaba lleno de agua, así que salió con la ropa escurriendo, comenzó a apretar la tela hasta que vio la marca que el metal caliente había dejado, la tela se había quemado y bajo los pocos hilos que habían quedado, su piel estaba enrojecida, aunque ya hubiera cicatrizado la marca jamás se iría, al menos no esa marca en particular.
Comenzó a escalar por las afiladas piedras hasta llegar a la cima del acantilado, asegurándose primero de que no hubiera quedado nadie. Solo quedaron los restos de la fogata con la que habían calentado la cruz de metal y la propia cruz tirada a un lado. No las miro por más de unos segundos, se apresuró a correr a la casa en busca de la mujer que incluso en esa situación había sido amable con él. Corrió tan rápido como sus pequeñas piernas se lo permitieron y cuando llegó pudo escuchar mucho ruido dentro de la casa, se acercó en busca de alguna ventana abierta y entro. Busco a la mujer, guiado por el ruido de las diversas maldiciones que soltaba, se sorprendió cuando la encontró en medio de la biblioteca, rodeada de libros rotos o quemados y con los sillones volteados, como si hubiera estado buscando algo.
—¿Ágatha?— llamo como lo que vergonzosamente reconoció como una voz tímida.
La mujer se detuvo de inmediato y lo miro con los ojos llenos de lágrimas.
—Tienes que huir — sollozo la mujer acercándose a él y poniéndole las manos en los hombros —me han acusado de brujería y es cuestión de tiempo para que vengan por mi
—!Soy un demonio¡, !Los demonios no huyen!
—!Yo se que no!, pero te lo ruego Abaddon; no puedo dejar que te hagan daño mientras estás en el cuerpo de un niño, de mi niño.
No dijo nada, ella lo tomo como aceptación; lo tomo de la mano y le dió una camisa limpia mientras lo llevaba a la puerta de atrás. Justo cuando se despedía del niño comenzaron a escucharse los golpes en la puerta principal y los gritos de hombres y mujeres.
Él corrió, abrazando la suave tela con fuerza. No miro atrás mientras se adentraba en el bosque, pero con el pasar de las horas algo dentro de el se revolvió, no quiso adivinar que era esa sensación, pero cuando el sol comenzó a ocultarse regreso.
Desde el límite del bosque pudo verlo, en el centro del pueblo el fuego ardía con fuerza, no podía escuchar nada a esa distancia; pero sabía que ella gritaba, era obvio que lo hacía era una humana común, el fuego la lastimaba. Miro la casa, las ventanas estaban rotas y la puerta principal había sido arrancada del marco, entró en silencio.
Todo estaba destruido, incluso los libros que ya habia visto en mal estado, estaban peor; subió al segundo piso y camino hasta el cuarto principal, empujó la puerta y entró. No habían movido nada, aún quedaba el aroma de Agatha y su esposo, Joseph; en la habitación, la cama aún tenía el ramo de lavanda que ella dejaba todas las mañanas. La débil luz de la tarde entraba por las cortinas, un último y débil rayo de sol se reflejo en una superficie de metal y el destello llamo su atención, se acercó a la mesa de noche y tomo el pequeño objeto, era un camafeo de plata; abrió la pequeña cosita y vio una foto de Agatha y otra del pequeño que ahora poseía, Samuel.
Tal vez miro por mucho tiempo, tal vez solo era tarde pero en algún momento comenzó a escuchar gritos acercándose a la casa.
Miro por la ventana, en la oscuridad pudo ver a la multitud acercándose con antorchas; algo volvió a agitarse y resolverse dentro de él, está vez más fuerte.
Corrió.
Corrió por la casa hasta la puerta trasera, corrió por el patio hasta el límite del bosque y después corrió hasta que estuvo lo suficientemente lejos como para no ver ni siquiera la columna de humo que se levantó de la casa en llamas. Se tiró en el pasto con la respiración agitada y apretó los puños, se sorprendió cuando sintió algo en su mano izquierda, el pequeño camafeo estaba ahí, en un impulso tomo la cadena y se la colgó.
El no era humano, no sentía como ellos ni podía hacerlo, pero Samuel si, y en la prisa por poseer el cuerpo de niño había olvidado bloquear las emociones a las que el cuerpo estaba atado, ahora tendría que lidiar con ese problema hasta que el infierno decidiera ir por él.
Esperaba que fuera pronto, apenas llevaba un día atado a ese cuerpo y ya estaba harto.
🔻⭐⭐⭐⭐⭐🔺
Hooooooola!!!!
Hace semanas que ví la serie y me encantó y obvio empecé a escribir porque Abaddon me parece un personaje adorable, así que ahora es como mi hijo ficticio y voy a escribir mucho para él.
Pero bueno, no me alargare más, este es el último capítulo de este mini maratón celebrando la navidad y esas cosas, probablemente vuelva a publicar hasta el próximo año (tal vez una o dos semanas más jajajajajajaja).
Gracias por leer y no olviden votar si les gustó ♥️
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Padre mio
FanfictionUna historia que empieza el mismo día que Abaddon es encadenado al cuerpo del niño que posee y durará hasta que el fantasma del padre pueda cumplir con sus asuntos pendientes. O un simple desvarío de lo que imagino que pudo pasar en los trescientos...
