Jamás imaginé que me robaría el alma, no el corazón, el alma.
Al inicio todo era pequeño: un mensaje inesperado que iluminaba la mañana o la tarde, una llamada que coloreaba la noche. Detalles mínimos para otros, eran universos enteros para mí.
Todo era nuevo y frágil: tan frágil como el cristal.
La sensación de que un simple "hola" podía cambiarlo todo. El comienzo era tan delicado que por momentos me dolía porque sabía que también podía romperse.
Pero lo abracé y me aferré a él con todas mis fuerzas porque desde el primer momento que lo ví me abrí a sentir mil emociones. Aún sabiendo que podía no saber cómo sostenerlo, se lo entregué todo.
Por ratos me preguntaba: ¿Sentirá lo mismo? ¿Seré un instante pasajero en su vida? ¿Podrá amarme con esta intensidad?
Cada vez que lo observaba, sentía que algo en mí se expandía sin permiso, sin control, con una fuerza descomunal queriendo estar presente en cada presente en cada sonrisa, en cada gesto, en cada pausa de voz.
Porque amar así es abrir una puerta sin saber si querrás cruzarla.
No sabía si este sentimiento sería refugio o incendio, pero en esos días de eterna iluminación ya no quería volver atrás. No fue un simple estallido, fue un susurro que se metió a mi vida, un temblor suave que jamás supe nombrar.
- ¿Me amarás por siempre o llegarás a amar a alguien más si algún día nos separamos? - pregunté, con una sonrisa y a la vez tristeza que temblaba entre palabras.
- Te amaré por siempre, lo juro. - Respondió seguro de su respuesta, en esos momentos el corazón me estalló de emoción y amor, se agitó como si hubiera dicho demasiado. No quería irme jamás de ahí.
Como toda persona enamorada, y con ganas de quedarse a seguir amando nunca pensé en un final, cuando eso se me pasaba por la cabeza la idea era tan irreal que solo se me iba de la cabeza. En medio de todo, aprendí que amar es sentirse viva incluso antes de saber si serás correspondida.
Y eso, después es la peor parte.
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Antes y después de que doliera
RomanceLe mostré que incluso después de todas sus imperfecciones y conflictos internos, podía ser amado de verdad. Y él me mostró que quien debía amarse más era yo. Hoy ya no te busco en cada canción ni en cada mensaje que no llega. A veces apareces, sí...
