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Desde hace nueve meses que no veo a mi madre.
Todos dicen que tendré un hermanito o hermanita, pero que no es de papá.
Este es mi secreto, pero estoy aliviada de que no sea de papá. No es que no lo quiera, pero le tengo mucho miedo.
Para mí, mamá es la persona más hermosa y amable que he conocido. Papá tiene mucha suerte.Su suave voz me recuerda a un bowl de arroz caliente que llega a mi estómago cada vez que tengo hambre, y sus abrazos son los más cómodos que he sentido. La extraño mucho.
—Señorita Aneko, ¿qué hace despierta tan tarde? —preguntó una de las criadas. Su voz sonaba cansada y apagada.
—Espero a que mi madre salga —respondí de manera inmediata.
Sentí la mirada de lástima de aquella mujer, para luego ser levantada en brazos.
—¿Qué te sucede? ¡Bájame de inmediato!
—Lo siento, señorita, pero el señor tiene prohibida su presencia en esta parte de la residencia.
No puse más resistencia. Durante todos estos meses había sido igual.
—¿Cuándo veré a mamá?
—Muy pronto, mi señorita. Su madre volverá antes de su onceavo cumpleaños.
Su voz sonaba muy segura, lo que me emocionó, pues solo faltaban dos semanas.
—¿Entonces mi hermanita nacerá pronto? Quiero que sea una niña para jugar juntas —comencé a murmurar.
Escuché un pequeño sollozo por parte de la mujer. Miré su rostro, pero no pude distinguir su expresión ni quién era exactamente.
—¿Por qué lloras? ¿Tú también crees que nacer mujer es una maldición?
—Señorita, lo que yo piense no tiene importancia. Su hora de dormir ha llegado.
Me dejó frente a mi habitación y luego se marchó.
Mi habitación es espaciosa y tengo muchas muñecas de trapo que mamá hacía para mí.
Mi favorita tiene un vestido amarillo y un lazo verde, porque dice que se parece mucho a mí.
Pasé toda la noche jugando con mis muñecas cuando el crujido del suelo llamó mi atención.
Todos en la residencia corrían hacia el pabellón donde se encontraba mi madre. Llevaban trapos y vasijas con agua.
—¿Mamá está enferma?
Sentí un miedo terrible al imaginarme sin ella nunca más. Los seguí todo el camino sin que nadie me detuviera, lo cual era raro, pues mi cabello rosa es muy llamativo. Aun así, me ignoraron, como casi siempre.
—Mi señora, aguante un poco más, usted puede.
—Sea fuerte, mi señora, Aneko la necesita.
—No nos deje, mi señora. Usted es la única razón para estar en este lugar.
Todos dentro de la habitación sollozaban y le pedían a mi madre que fuera fuerte.
No sabía que tener un bebé doliera tanto.
No puedo dejar a mamá sola.
—¡Mami! ¿Qué te duele? ¿Qué tienes?
Apreté con fuerza la sábana mientras veía su rostro demacrado. Sus ojos dorados estaban hundidos y sin brillo, y su piel muy pálida.
—¡Señorita! ¿Qué hace aquí?
—Mi niña ha crecido mucho... —dijo mamá con una voz débil—. Pronto mi Ane será una mujer muy grande y fuerte... más fuerte que su padre.
Acarició mi mejilla con sus manos delgadas y frías.
—Así que tienes que comer mucho arroz y estudiar mucho, para que cuando seas mayor no te cases con un hombre como tu padre.Tú mereces salir de aquí, que nada te aprisione. Eres libre. No tienes la culpa de nada.
—Mi señora, un último intento, ¡usted puede!
—Mami, te extrañé...
Tomé su mano con todas mis fuerzas y besé sus dedos. Incluso así, mamá tenía un aroma acogedor. Cerré los ojos, tratando de recordarlo para siempre.
—Ane... acércate, quiero verte de cerca.
Tomó mis mejillas, observó cada parte de mi rostro y besó mi frente.
—Te amo tanto, mi bebé. Eres lo único que me ha hecho feliz en mi vida. No olvides que te amo.
—Yo también te amo mucho, mami.
Me senté a su lado y comencé a contarle todo lo que había vivido mientras estábamos separadas. Podía verla llorar, y cuando le preguntaba qué pasaba, siempre respondía:
—Extrañaba escuchar tu voz. Te amo mucho.
De pronto, escuché el llanto de un bebé. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y dejé de hablar.
—¡Mami, mami! ¡Ya nació!
La moví con emoción, pero no respondió.
Creo que se quedó dormida.
—¡Mi hermanita ya está aquí!
—No lo puedo creer, es asqueroso.
—Eso es un engendro del diablo.
Comenzaron a murmurar. Decían cosas horribles del bebé. No podía creerlo. Papá siempre decía que sus vidas estaban en nuestras manos y que debían venerarnos como a dioses.
Arrojaron al bebé al suelo con tanta fuerza que el golpe sonó seco.
—¡Oye! ¿Qué te sucede? ¡Es mi hermana! ¿Quieres morir?
—Señorita... eso no es su hermana.
Si no es mi hermana, entonces es mi hermano.El nuevo heredero. El que me reemplazaría.
Me acerqué y lo cargué. Su rostro se parecía al de mamá, pero algo no encajaba.
—Señorita... eso no es humano.
Decían que era un monstruo, que el diablo había renacido.
—¡Cállense todos! ¡Así no se refieren al nuevo heredero del clan!
Busqué a mamá.
—¡Mamá, despierta! ¡Están tratando mal a mi hermanito!
Ella no despertó. Sus labios estaban azules y su mano, helada.
—¡Aneko! ¡Aléjate de ese demonio! ¡Eso mató a tu madre!
No entendía nada. Vi cómo un hombre cargó el cuerpo de mamá y se la llevó.
—¡Oye! ¡Déjala! ¡Solo está cansada!
Nadie me escuchó. Tomaron sus joyas y huyeron.Parece que todo el tiempo estuvieron esperando este momento.
Yo no podía moverme.
Cuando salió el sol, no escuchaba la respiración del bebé.
Tal vez se había rendido... y muerto.
Tenía cicatrices bajo los ojos, cuatro brazos.
¿Los bebés nacen así?
Quise matarlo ,papá una vez aplastó la cabeza de un criado con una sola mano.
Yo también lo intentaré si él no está no me desechará tan rápido.
Pero cuando me miró...tenía miedo ,como yo le tenía a papá .Solté al bebé bruscamente y esto provocó que siga llorando.
—Cállate... cállate...
Tenía hambre y supuse que él también la tendría.Fui a la cocina sin embargo se habían llevado todo solo quedaba sopa de arroz fría.
Le di el líquido, como era blanco trate de engañarlo para que pensaste que era leche. No pasó mucho para que se durmiera sujetando mi dedo.
Parecía un monstruo...pero tenía mi cabello rosa y el olor de mamá.
Un aroma a primavera.
Ese aroma no duró mucho.Creo que mi hermano vino descompuesto en más de una forma.

FAMILY  [Jujutsu Kaisen]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora