Queridos amigos:
Feliz Navidad!!! Quiero compartir con vosotros la historia «Bondad Absoluta».
Es un relato compuesto, inspirado en los milagros más conocidos de san Nicolás, unidos en una sola historia cálida y armoniosa.
En ella hay tormentas y noches silenciosas, dones secretos y destinos salvados, un amor que encuentra su camino y una misericordia ejercida sin gloria ni testigos. Es una historia sobre cómo los pequeños actos de bondad pueden transformar vidas y recordarnos que la luz siempre es más fuerte que la oscuridad.
Que este relato sea un recordatorio del milagro navideño más importante: la bondad que cada uno de nosotros puede ofrecer a los demás.
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Sobre la superficie azul del mar se deslizaba lentamente un barco mercante. Sus velas estaban henchidas por el viento, y las bodegas llenas de maravillosas mercancías de tierras lejanas: telas finísimas, armas ricamente decoradas y cálidas pieles del norte.
El dueño del barco era un hombre bondadoso y conversador, y por ello en la cubierta se habían reunido marineros y viajeros que se dirigían a Mira de Licia, una antigua ciudad en las tierras meridionales del Imperio, de donde procedía el propio mercader y toda su familia. Escuchaban relatos de países lejanos, respiraban el aire salino y se alegraban del suave viento favorable.
El sol bañaba generosamente el mar con su luz, y nada hacía presagiar desgracia. Pero al caer la tarde el horizonte se oscureció: densas nubes, como legiones, avanzaron desde occidente, y pronto estalló una furiosa tormenta. El viento rugió, las olas se alzaron como montañas y el barco comenzó a ser lanzado de un lado a otro. Entonces el mercader cayó de rodillas y comenzó a orar con fervor, suplicando al Cielo que salvara la nave y las vidas de quienes iban a bordo.
Y en el momento más violento de la tempestad, cuando la esperanza ya se apagaba, vio en la cubierta a un desconocido. Ante él estaba un anciano de barba canosa, noble porte y mirada serena. Apareció como de la nada, alzó las manos al cielo y, en ese mismo instante, el mar se calmó. El viento cesó, las nubes se disiparon y el agua volvió a quedar lisa como mármol pulido.
El mercader miró a su alrededor... y el anciano ya no estaba. Solo quedaban el silencio y las miradas atónitas de los presentes. Entonces recordó los rumores recientes sobre un nuevo obispo, un hombre de vida santa, y comprendió que aquel visitante no había sido un simple mortal.
Con una oración de gratitud, el mercader continuó su viaje y pronto entró sano y salvo en su puerto natal. En la orilla lo esperaban su esposa y sus hijos, y grande fue su alegría. Esa noche, a la luz de las lámparas, relató a su familia el milagroso rescate, y sus corazones se llenaron de una paz silenciosa.
Y el ángel que había observado todo lo ocurrido pensó con una leve sonrisa:
«La casa del mercader es espaciosa, pero su corazón no es lo bastante atento para acoger a los viajeros. Así que el camino volverá a conducirlos hasta él...».
Y el ángel sonrió.
Los viajeros, tras preguntar a los habitantes de la ciudad, se dirigieron a la casa del obispo, situada cerca del templo donde los cristianos se reunían los domingos para la oración común. El templo era sencillo, más parecido a un edificio público común, sin distinguirse especialmente entre las construcciones de la ciudad.
El obispo acababa de terminar su oración vespertina cuando oyó llamar a la puerta. Recibió a los huéspedes con alegría: les dio comida, bebida y refugio para la noche, viendo que su camino había sido largo y difícil.
DU LIEST GERADE
Bondad absoluta
AbenteuerEs un cuento basado en las verdaderas historias de la vida de San Nicolás
