El nombre de esta historia está pendiente.
Capítulo 1: El páramo.
Nunca se imaginó Sebastián que iba a temerle a una cosa tan simple como un rayo, cuando el mundo aún no se convertía en un infierno, cuando era niño podía dormir plácidamente escuchándolos mientras estaba en su habitación, pero él ya no era un niño, estaba cerca de cumplir 30 años, 15 en el paraíso cerca de 15 en el purgatorio, esa era su forma de describir el antes y después de las bombas.
Su admiración por los estruendosos rayos se había convertido en un pavor, cada que miraba el cielo y observaba el relámpago, se escapaba de orinar en sus pantalones y bueno cuando escuchaba el rayo, por poco se cagaba. Pero su miedo a estos fenómenos atmosféricos no sólo era por el sonido, no, eso era lo de menos…
Estas tormentas eléctricas llamaban la atención de los mordocs, criaturas que nadie sabía cómo describirlas a la perfección, ni los especialistas en ciencias naturales, los mercaderes, los cazadores, los saqueadores, hasta el caminante más experimentado del refugio no sabía qué decir cuando los niños le preguntaban sobre estos.
Eso sí todos coincidían en algo, les gustaba la carne cristiana. No les importaba si era un anciano, un soldado, un niño o un bebé, lo primero que hacían estas bestias del averno era arrancarle los ojos a sus presas, es como si esta parte del cuerpo humano les saciará el más exquisito gusto, luego de eso procedían a arrancar tripas y extremidades, solo quedaban los blanquecinos huesos, no desperdiciaban casi nada. Lo peor del asunto es que siempre iban en manada, no superaban los 3 integrantes por grupo pero era mejor esconderse y rápido de estos malditos.
Sebastian tomó su mochila, su machete y un bidón para capacidad de 20 litros, los dos primeros eran sus dos objetos más valiosos, el primero porque ahí guardaba casi todas sus cosas, su jarra para hervir agua, su ropa, su linterna, una sartén del tamaño de su palma, a fin de cuentas no había mucha comida que preparar, ¿huevos, salchichas, chorizos? No, es comida que ya no se veía, era de difícil acceso o solo se conservaba en la memoria de Sebastian, si iba bien el día, podías comerte un enlatado con una fecha de caducidad longeva o si estaba vencida, esperar a que no te mate, por lo general comida para emergencias, de uso militar o de esas latas que tienen más cáncer que alimento, pero la gente siempre se alimentaba en la actualidad de carne de rata, animales carroñeros, los pocos que quedaban o unos escasos refugios se daban el lujo de comer conejo o pollo, pero estos lugares eran contados y una libra de esa carne costaba un ojo de la cara, a fin de cuentas las ratas y las cucarachas siempre encuentran una forma de sobrevivir, bien dicen por ahí, hierba mala nunca muere.
Segundo su machete, Sebastian prefería perder un brazo antes que perder su machete, lo ocupaba para todo, y para “ todos ”. En más de una ocasión le había salvado la vida y sacado de apuros.
Se escondió en el maletero de un carro invadido por el óxido, pensó de forma burlona, “prefiero morir de tétanos a convertirme en mierda de mordoc” tratando de calmar sus nervios por medio de chistes, miró por una hendidura del maletero a los bípedos pasar cerca del carro, delgados, con garras largas, un hocico como el de un coyote, pero con una postura similar a la de un humano aunque un poco jorobados, sus ojos eran completamente de color negro, por lo que era difícil saber si uno de estos te estaba mirando o no,por un momento pensó que se lo iban a comer, pero él olfato de los mordocs no estuvo muy afinado aquella noche, era eso o Sebastian olía del carajo, a fin de cuentas no se había bañado en años, el agua limpia libre de tóxicos era algo muy valioso en aquellos tiempos como para malgastarlo en lavarse las pelotas.
Estuvo cerca de media hora más en el maletero, no quería arriesgarse a que las bestias aun merodearan la zona y se lo cenaran. Durante este tiempo en el maletero, le sonaban las tripas y pensaba que iba a comer, estaba perdiendo mucho tiempo en aquel lugar, el sol ya estaba ocultándose por completo y cazar una rata a oscuras no iba a ser cosa fácil, en especial si tienes que darle un piedrazo a más de 2 metros de distancia.
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El paramo
Science FictionHola nunca he escrito algo ni siquiera soy un lector experto, comparto con ustedes este pequeño relato, sobre Sebastian un hombre que tiene que sobrevivir en un mundo devastado por los bombardeos nucleares, psdt así no pienso llamar la historia, es...
