Privado Problema
En la carretera brillaba la bandera, era verano e iluminaban tus perlas. Tu precioso mirar opaca a la esfera... Privado Problema, sólo tu padre sabía qué era y aunque sonreías, se notaba tu tristeza. Habían flores, había naturaleza. Resaltaba tu juventud por encima de tu belleza.
Serena y furiosamente
La fianza la pagó un amigo, las heridas son del oficial y ahora aquí temblando frágil... En la multitud los cielos me daban las noches de abril. Abre el barril de lluvia, toma una copa y el nombre de cristal volverá a brillar.
Toda tu mesita de luz
Lleva el color de tu esencia
Las mañanas exigen clemencia
De la catástrofe que hizo tu ausencia.
Luz que baña mis sentidos
Donde todo empieza a ser real
Nuevas chances, una vuelta más.
Como un pañuelito, un adiós me daba antes de partir, con la voz del aire, música de besos... Gotas claras y un mar oscuro.
Y los ojos en un cielo transparente que brillaba tras del sol... Serena y furiosamente.
Tu nombre
Quiero olvidar tu nombre, pero nada me ayuda... Desde el sol hasta la lluvia
Solo vos me dejás así, inútilmente sin saber qué decir.
Sos vos, la que me hace ser así, con tu nombre y tu ser... Tu voz y lo que me genera. Cada acción, cada palabra, me llama a tu casa. Sin hablar, sólo sentir... Saber que estás ahí.
Siempre sale el Sol
Sabía desde antes que quererte iba a moverlo todo:
las noches sin dormir, las risas que dejaban lágrimas,
el temblor que aparecía cuando parecía que todo se caía,
pero nunca fue un desastre, nunca fue final.
No toda lluvia derrumba, ni toda herida mata;
lo nuestro nunca fue frágil, solo intenso,
capaz de quebrarse un poco para aprender a sanar,
capaz de volver a armarse cuando parecía imposible.
A veces el silencio duele y la razón pesa,
peleamos por no perdernos, por sobrevivirnos,
y aun así vuelvo a escribirte, porque entendí
que incluso cuando todo tiembla... siempre vuelve a salir el sol.
Traición
Te fuiste del romance directo a la traición,
jugando a ser la antagonista de una historia
que no necesitaba giros ni perdón,
creyendo que todo era juego y decisión.
Buscaste un minuto de oxitocina que nada valió,
y en esa apuesta de adrenalina mal jugada
se perdió al protagonista sin ver la jugada,
dejando la historia rota y el alma cansada.
