Cuando nos conocimos

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Me llamo Karina y soy una estudiante de 14 años. Voy a un liceo público. Qué genial hubiera sido ir al instituto semi-privado donde estudia mi hermano, pero no pasé el examen de ingreso. Nunca logro pasar nada, así que voy a esforzarme por ser la mejor en un lugar promedio.

Quisiera ser un poco más abierta con la gente. Muchos dicen que parezco enojada, pero no lo estoy; simplemente soy así. Hay una lista de cosas que quisiera cambiar o mejorar, pero creo que solo queda hacer lo mejor con lo que tengo."

Empecé a escribir en mi diario cuando todo en mi mente se enredaba de alguna forma. Hacerlo me ayudaba a ponerlo todo en orden. Me considero una chica muy rigurosa con mis deberes.

Soy la hija de papi y mami, poco preparada para el mundo real, pero muy disciplinada en mis actividades. Aunque me han dicho que eso no es suficiente.

Siempre estaba sentada en mi lugar, guardada en mi mundo y en mis cuadernos. Mis compañeros me daban igual.
Elena, sentada atrás, era muy ruidosa, siempre riéndose y gritando.
La verdad es que los maestros de los liceos públicos son bastante indulgentes y relajados en ese aspecto.

"¡JAJAJAJAJA! —¡TAS!— ¡AAAAAAAH, AHAHAJAJAJAJAJA!…" Parecía que se estuviera ahogando.
Era realmente despreocupada, escandalosa y extrovertida. Totalmente opuesta a mí.
Junto a ella estaba Carmen, que era más silenciosa.
Pero aun así, siempre le seguía el juego a Elena.

No me molestaba; al contrario, me parecía divertida. Todos en el grupo disfrutábamos de su compañía. Sus chistes y su risa eran altamente contagiosas. Su energía era vibrante.
Aunque yo no tuviera la reputación de ser una chica como ella, siempre me causó gracia su agradable personalidad.

No sabía que todo daría un giro catastrófico de la noche a la mañana, cuando realmente conocí a Elena…

Era un día cualquiera. Elena se sentó detrás de mí, como todos los días. Ella raras veces se quedaba tranquila o en silencio, pero ese día lo estaba. Yo escuchaba música aleatoriamente con mis audífonos puestos y, como siempre, en completo silencio.
De pronto, Elena quitó el audífono izquierdo y empezó a espiar la música que estaba escuchando…

_**“Mi amor es pobre, no tiene casa ni dinero, camina por las calles del corazón tuyo, pidiendo como un limosnero…” **_🎧🎤

No sé cómo una simple canción podía tener tantas cosas en común entre nosotras, siendo tan diferentes.

Resulta que a ambas nos marcó emocionalmente esa canción. A las dos nos recordó a un viejo amor de la niñez. A las dos nos encantaba.
¿Cómo podía ser que, justamente, esa canción estuviera sonando cuando Elena quitó mi audífono para saber lo que escuchaba?

¿Podría ser que ella también supiera lo que oía? ¿Podía ser el destino más obvio con nosotras? Las respuestas nunca las sabré.

Ella se quedó oyendo toda la canción conmigo, ambas escuchando en silencio. La primera experiencia que compartimos. Una canción.

Como niñas caprichosas, ambas queríamos reclamar la canción.
“Es más mía”. “No, es más mía, obvio”…
Eso nos llevó a justificar nuestra respuesta.
Ella me contó toda su historia…
Yo le conté la mía.

No hubo un veredicto. Solo un intercambio de experiencias, enseñanzas y el inicio de algo que cambiaría.

Charlamos toda la mañana y también al día siguiente. Dando vueltas por todo el liceo, hablamos de todo…

—Hey, Elena, ¿cuál es tu fecha de nacimiento? —pregunté.
—Nací el 25 de septiembre —respondió.
Me detuve de forma brusca.
—¿¡Qué!? ¿¡De verdad!?
Yo nací el 26 de septiembre —contesté de inmediato.

Karina y ElenaStories to obsess over. Discover now