Nunca pensé que el inicio de nuestra historia empezaría tan temprano, tan inocente, tan de primaria... pero así fue.
Yo ya te había visto antes, ¿sabes?
En cuarto grado te miraba de lejos, y aunque éramos unos niños, ya me parecías lindo, diferente... como alguien que brillaba sin hacer ruido.
Pero nunca nos hablamos.
Nunca te acercaste.
Nunca me atreví.
Hasta que llegó ese día de otoño, entrando a clases de quinto grado, cuando te volví a ver.
Y ahí estabas tú, sentado justo delante de mí, tímido como siempre, hablándole a todos... menos a mí.
No sé si era nervios, pena o que simplemente no sabías cómo empezar, pero cada vez que no me hablabas, yo sentía ese pequeño "ay" en el pecho que no sabía explicar.
Hasta que un día, sin aviso, me hablaste.
Y no me dijiste cualquier cosa.
Me preguntaste si quería jugar contigo.
En ese momento, mi corazón de niña entendió algo que yo todavía no sabía poner en palabras:
me gustabas.
Me gustabas más de lo que entendía a mi edad.
Pero justo cuando mis sentimientos se estaban acomodando, desapareciste.
Un año entero sin verte.
Un año en el que pensé que tal vez yo me había inventado todo, que quizá tú ni te acordabas de mí.
Y entonces... llegó sexto grado.
Y ahí estabas.
Otra vez.
Mirándome como si también te sorprendiera que yo siguiera existiendo.
Como si algo te jalara hacia mí, pero no te atreverías a hablar.
Hasta que lo hiciste.
Te acercaste, tímido, suave, con esa voz bajita tuya, y me preguntaste si podía prestarte mi juguete.
Dije que sí.
Claro que sí.
Y sin darme cuenta... ese "sí" abrió la puerta a todo.
Desde ahí empezaste a buscarme.
Compartíamos cosas, tiempo, silencios y risas.
Agarramos confianza tan rápido que todos juraban que éramos novios.
Y yo me reía, lo negaba, me hacía la tonta... pero por dentro creo que ya lo sabía.
Aunque a veces pensaba que te gustaba mi amiga.
Ella gustaba de ti, y tú eras amable con ella.
Pero había algo en tu mirada, en cómo te acercabas, en cómo me tocabas el brazo, que me decía que no era ella.
Era yo.
Siempre fui yo.
Y cuando entendí eso... todo cobró sentido.
Ese año fue uno de los mejores de mi vida.
Tú fuiste mi primer todo, y creo que yo también fui el tuyo.
Caricias inocentes, abrazos torpes, juegos que nos acercaban sin darnos cuenta, risas tontas, y ese beso del challenge que nunca voy a olvidar.
Yo estaba sorprendida, pero tú... tú lo disfrutaste. Lo vi en tus ojos.
Y ahora que lo pienso, nunca imaginé que esos momentos tan simples—esas miradas, esas risitas, esos "¿quieres jugar conmigo?"—
iban a ser el inicio de una historia que, años después, todavía me hace sentir.
Porque sí...
Ahí comenzó todo.
Nuestro "algo" nació mucho antes de que pudiéramos nombrarlo.
YOU ARE READING
Cartas no enviadas
RomanceEn este libro guardé todo lo que nunca dije, todo lo que me callé por miedo, por orgullo, por amor... o por no saber cómo sonaba mi corazón en voz alta. Son cartas que jamás llegaron a su destino, palabras que se quedaron conmigo cuando deberían hab...
