El implante

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El hombre yacía nervioso en la sala de espera hasta que una enfermera pronunció su nombre. Con un gesto torpe, se puso de pie y se acercó al mostrador, donde ella le entregó un formulario. Respondió las preguntas rutinarias —edad, peso, dirección— hasta que llegó a una que lo detuvo: *"¿Está totalmente de acuerdo con que su cuerpo sea alterado parcialmente con fines científicos y humanistas?"*. Tachó "Sí" sin dudar.

Para él era lógico: el avance transhumanista se enfocaría primero en los placeres. ¿No decían los helenistas que el placer dotaba de sentido a la vida? Los detractores podían refunfuñar; él creía en la supervivencia del alma a través del goce. El intelecto y la modestia podrían esperar.

El procedimiento transcurrió sin irregularidades. Abandonó el hospital con una sonrisa de oreja a oreja, siendo transportado en silla de ruedas hasta su auto autómata. Tras el periodo de reposo indicado, se quitó las vendas con una lenta y ansiosa meticulosidad. Al separar las piernas, lo vio: el pene que colgaba entre sus muslos parecía absolutamente real. Sin el contexto, cualquiera habría jurado que era de carne y hueso, no una compleja amalgama de silicona y circuitos biotécnicos integrados a sus nervios y arterias. Y el tamaño... lo sostuvo con ambas manos: era más grande que su palma.

Llegó el momento de probarlo. Como nunca fue un seductor —habiendo carecido toda su vida de un miembro atractivo, esa habilidad le resultó inútil y la dejó en el olvido—, optó por la solución más simple: visitar un burdel. Era eso o comprar una muñeca hiperrealista, pero ya había vaciado sus ahorros en la prótesis.

Ya en la habitación, la mujer quedó boquiabierta al ver aquel miembro prodigiosamente esculpido. Con una maestría que él solo había imaginado, comenzó a lamerlo y apretarlo hasta que se endureció por completo dentro de su boca. Pero no habían pasado dos minutos cuando, por una ironía del destino que siempre le había negado un miembro útil, una falla eléctrica —una descarga breve y letal— electrocutó a la mujer, matándola en el acto.

El hombre intentó escapar, pero fue capturado y encerrado. Para colmo, su implante, que había quedado inservible tras el cortocircuito —una falla que los ingenieros nunca supieron identificar con certeza, atribuyéndola quizás a la presión de la mandíbula de la prostituta—, fue extirpado quirúrgicamente para su estudio y así "prevenir futuras fallas".

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⏰ Última actualización: Dec 07, 2025 ⏰

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