cap 1

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El Hogwarts Express estaba lleno de bullicio, como siempre al inicio de curso. Severus Snape avanzaba por el pasillo buscando un compartimiento vacío, con su capa un poco más larga de lo que le quedaba bien y su expresión seria.

Era su segundo año, pero esta vez volvía con un peso nuevo:
durante el verano, su familia lo había presentado como omega.

A sus doce años, esa palabra le parecía gigante. No sabía si quería llevarla, y sobre todo, no quería que Hogwarts se enterara. Allí las etiquetas importaban más de lo que la gente admitía.

Abrió una puerta, pero vio a un grupo de alumnos ruidosos. Cerró.
Otra puerta: lleno también.

Hasta que encontró un compartimiento casi escondido, con la luz apagada. Entró, dejó su maleta y se sentó junto a la ventana.

La puerta se abrió enseguida.

—¡Sabía que te esconderías aquí! —dijo Lily Evans entrando con sus libros apretados contra el pecho.

Severus sintió un alivio que no quiso mostrar.

—No me escondo —murmuró.

—Sí, claro… —respondió Lily, divertida, sentándose frente a él—. ¿Estás listo para volver?

Severus bajó la mirada.

—No lo sé.

Lily, beta desde principios del verano, era buena detectando emociones. Y mejor aún no juzgando.

—Nadie en Hogwarts sabe lo tuyo —dijo con suavidad—. Y nadie tiene por qué saberlo si tú no quieres.

Severus asintió sin levantar la vista.

De pronto, se escucharon voces en el pasillo.

Risas fuertes. Pasos apresurados.

Severus se tensó al reconocerlas.

La puerta se abrió bruscamente.

—¡Oye, Lily! ¡Ahí estabas! —exclamó James Potter, cabello despeinado como siempre.
Sirius Black entró detrás, con una amplia sonrisa.
Remus Lupin, más tranquilo, les seguía.
Peter Pettigrew llegó último, casi tropezando.

Lily suspiró.

—Estoy con Severus —dijo, marcando cada palabra.

James levantó una ceja. Como alfa, siempre caminaba como si el mundo fuera un campo de Quidditch.

—Oh —respondió, mirando a Severus con una mezcla de curiosidad y desafío—. ¿Te escondías?

—No —respondió Severus, tensando la mandíbula.

Sirius, también alfa pero con sonrisas más afiladas, entró un paso.

—¿Seguro? Tienes pinta de querer desaparecer.

Lily se levantó un poco de su asiento.

—¿Pueden dejar de molestar por un minuto? Solo vinimos a sentarnos.

Remus, el más amable de los alfas, intervino rápido.

—Dejen de fastidiar. Tenemos compartimiento propio —dijo, señalando hacia el pasillo.

James resopló, pero se dio por vencido.

—Está bien, Evans. Pero te veré después cariño.

Lily cruzó los brazos.

—No voy a ningún lado ahora, idiota.

Sirius chasqueó la lengua, divertido.

—Beta terca.

"El secreto de Severus"Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora