Caminaba por los pasillos del palacio, tratando de no sobrepensar demasiado en lo que había ocurrido el día anterior. Alguien desconocido había intentado secuestrarlo mientras dormía; aunque luchó, no fue suficiente y terminó con un leve rasguño en la mejilla provocado por la espada del enemigo. Por suerte, no pasó a más gracias a la intervención de los guardias.
A medida que se acercaba a la sala de reuniones donde estaban sus padres, el ruido dentro del lugar se hacía más evidente. Soltó un suspiro y entró. Sus padres, junto con el líder de los caballeros del palacio, callaron y lo miraron. Pero había alguien más, alguien que él no conocía, a un lado de su padre. Vestía la armadura de los caballeros del palacio. Spreen lo observó unos segundos; parecía un alfa. El desconocido también lo miró.
Spreen se sintió incómodo, pero trató de disimularlo. Dio unos pasos hacia adelante y la puerta se cerró sola detrás de él.
—Spreen —lo llamó su padre. El joven movió sus orejas y lo miró.
—Padre.
—Justo a tiempo. Spreen, sobre el atentado de ayer...
—Estoy bien, ¿sí? Solo fue un rasguño —respondió con molestia. No entendía por qué tanto alboroto si nadie había salido gravemente herido.
—Lo sabemos, hijo, pero eso pudo haber terminado en algo mucho peor si los guardias no hubieran llegado. Y, precisamente, debieron estar vigilando para evitarlo —gruñó Rubius, indignado de que su único hijo hubiera estado en peligro. El líder, Farfadox, bajó la cabeza ante el enojo del Rey.
—Rubius, cálmate —intentó calmarlo Vegetta, en vano.
—¿Que me calme? ¡Tu hijo pudo ser secuestrado por culpa de la falta de seguridad del palacio!
—¡Lo sé, pero no se puede evitar! —exclamó Vegetta. Rubius bufó y se cruzó de brazos. El Rey soltó un suspiro cansado por el estrés acumulado desde el atentado.
Spreen decidió cambiar el tema.
—¿Me van a decir por qué me llamaron? Y, más importante, ¿quién es él? —preguntó señalando sin pudor al desconocido, que no reaccionó. Solo lo miró tranquilamente.
—Spreen —intervino Vegetta—. Él es Sir. Shadoune, tu guardaespaldas.
Los ojos de Spreen se abrieron con sorpresa y una pizca de disgusto. No necesitaba un guardaespaldas; él podía defenderse. Un alfa no necesitaba que lo protegieran... ¿cierto?
—¿Están bromeando, no? —soltó con ironía amarga. Pero al ver los rostros serios de sus padres, su expresión cambió a una de molestia—. No necesito a ningún guardaespaldas. Soy un alfa. Puedo cuidarme solo.
—¿Y quieres que vuelva a suceder algo igual o peor? Saliste con un rasguño en la cara, Spreen. No sabemos qué pueda pasar en el futuro. Es por tu bien —dijo Vegetta con calma.
—¡Solo es un rasguño! Puedo defenderme solo, soy un alfa, no un omega que necesite protección —soltó por enojo, sin medir sus palabras. Rubius frunció el ceño por la discriminación hacia los omegas.
—¡Spreen! —golpeó la mesa con ambas manos—. No nos importa si puedes defenderte o no, nos importa que no te pase nada. Y ya está decidido: Sir. Shadoune será tu guardaespaldas, te guste o no. No hay un "no" por respuesta.
Spreen gruñó con desagrado. Odiaba que sus padres decidieran cosas por él sin consultarle, sin pensar si le agradaría. Miró al extraño de piel oscura, analizándolo de arriba abajo. Un alfa, más alto que él por unos centímetros, con ojos completamente blancos.
Shadoune notó que lo observaba. Mantuvieron contacto visual unos segundos.
—Tsk... —Spreen desvió la mirada y dirigió su atención a sus padres—. Está bien. Ya no me quejaré.
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Mi Principe | Shadreen
FanfictionDos personas, dos almas destinadas a estar juntas sin importar las circunstancias. - OMEGAVERSE. Alfa x Alfa. - Se mencionaran varios ships más no se enfocaran todos. - Si esto no es de tu agrado yo te pido amablemente que ignores esto. - ¡No habrá...
