Capítulo 1

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Lo primero que sintió, al salir de la inconsciencia, fue una sensación placentera entre sus piernas, que la hizo abrir la boca y gemir.

Cuando aquel sonido escapó de sus labios, un firme cuerpo caliente se movió a su espalda, dejándole claro que no estaba sola, mientras la mano, que ahora sabía lo que era, se movía aún más entre sus piernas.

—¿Eso te ha gustado?— susurró una ronca voz masculina en su oído, haciéndola temblar de nuevo solo con escucharla.

¿Cómo una simple voz podía ser tan sexy? ¿Y cómo podía estar soñando tan vívidamente?

Un duro y caliente trozo de carne se alzaba entre sus glúteos, meciéndose débilmente, alzando la temperatura del cuarto, mientras aquellos dedos la atormentaban en su interior.

Al tratar de volver la cabeza, queriendo ver quién era aquel hombre que aparecía en sus sueños, unos labios firmes y suaves tomaron los suyos, robándole el poco aliento que le quedaba, enredando sus lenguas en un erótico beso, sintiendo como aquella boca deseaba devorarla.

Y todo lo que pudo hacer ella, en semejante situación, era permitírselo, incapaz de hacer nada más que permanecer contra él, disfrutando de su contacto.

Aquellos dedos que se hundían en ella llevaban a su punto sensible, haciéndola temblar y gemir, quedando por completo en sus manos.

Sin embargo, tan pronto como se encontró al borde del orgasmo, aquellos dedos se retiraron, haciéndola soltar un gemido de protesta.

El cuerpo a su espalda se movió, quitándose del todo la camisa que, hasta ese momento, solo había estado abierta, tumbándola boca arriba sobre la cama, mientras él se colocándose entre sus piernas.

—Eres una pequeña cosita impaciente. ¿Acaso no quieres que disfrutemos los dos?— le siguió susurrando aquel desconocido, sonando de buen humor.

Y, antes de que pudiera decir nada, pudo sentir su miembro hundiéndose profundamente en su interior, preparada como estaba para él, jadeando mientras solo podía apoyar la cabeza contra la almohada.

¿Cómo podía sentirlo todo tan vívidamente? Jamás había tenido un sueño tan fantástico como ese.

Y, aún observando el musculoso pecho masculino que quedaba ante su vista, pudo sentir como él, acariciando sus caderas, se retiró de ella, solo para volver a entrar, hundiéndose hasta lo más profundo de ella, haciéndola temblar y jadear contra la almohada.

—Te gusta despacio— le susurró el desconocido de nuevo.—Pero, al mismo tiempo, lo quieres profundo. Puedo sentir como tiemblas en lo más hondo de ti.

Ella apenas podía escucharle hablar.

Estaba demasiado ocupada sintiendo como su cuerpo disfrutaba de aquel calor, aquella dureza que la estaba llenando por completo, haciéndola gimotear sobre la cama.

Nunca se había sentido tan colmada antes. Ni tan satisfecha en tan poco tiempo.

Alzando una mano, quería tocar aquel hermoso pecho, tan marcado, que tenía frente a sus ojos, antes de que acabara el sueño.

Y él, al notar sus movimientos, tomó sus manos y las colocó sobre su cuerpo.

—Puedes tocar donde quieras— le dijo.

Y ella lo hizo.

Pudo sentir la piel cálida y suave, más suave de lo que habría imaginado, contra sus manos. Y, cuando él salió y volvió a entrar en su cuerpo, pudo sentir los músculos moviéndose bajo aquella piel aterciopelada.

¿En serio un sueño podía ser tan vivido?

Aunque no pudo pensar mucho más en ello.

Cada vez que se hundía en ella, tocaba un punto sensible en su interior, acercándola peligrosamente cada vez más a su borde, haciéndola gritar.

Sin embargo, eso era todo lo que él parecía desear, moviendo aún más las caderas, haciendo que el sonido de los cuerpos chocando resonara en el cálido espacio.

Incapaz de contenerse más, ella se vio arrastrada por la fuerza de un orgasmo, haciéndola temblar y aferrándole a él en su interior, sentido como su carne lo mantenía en lo más hondo.

—Eso ha sido rápido— le susurró él, sonando con una sonrisa en su voz.

—E-eso es por-porque me has estado tocando antes— murmuró ella a su vez, sintiendo que debía contestar a sus palabras.

Pero, antes de que terminara de descansar, él la colocó boca abajo sobre la cama, hundiéndose de golpe de nuevo en ella, haciéndola gritar de placer.

Su cuerpo, tan sensible después del orgasmo, se abrió para él como una flor, incapaz de resistirse. Y lo escuchó jadear a su espalda por ello, notando como se inclinaba sobre su cuerpo, haciéndola sentir su calor contra su piel.

—Te gustan los besos— le dijo él, moviendo de nuevo sus caderas, buscándola una y otra vez.—Al igual que te gusta que te lo haga despacio, pero profundo. ¿Qué más cosas te gustan? Dímelo todo. Tal vez, pueda complacerte.

Pero ella, que estaba por completo a su merced, tenía la mente demasiado concentrada en el placer.

Todo su cuerpo se estremecía y lo recibía con deleite, queriendo que no se detuviera.

Y eso fue justo lo que él hizo.

Se entregó por completo a complacer su cuerpo, besando la piel sensible de su nuca y su espalda, marcando su piel a cada beso, mientras el interior de ella solo podía aferrarse a él.

El desconocido se aferró a sus manos, entrelazándolas, sin dejar de moverse.

Pero, a pesar de la indefensa posición, no pudo disfrutar más aquel momento.

Sentía como su interior se derretía aún más por él, sintiendo como un nuevo orgasmo se aproximaba.

Todo su cuerpo se estaba preparado para recibirlo y, cuando el clímax llegó, arrasó su cuerpo como una tormenta, haciéndola jadear contra la almohada.

Sin apenas tiempo para respirar, él la alzó, dejándola sentada sobre su regazo, aún sintiéndole en su interior. Y una de las manos de este se aferró a su pecho, acariciando sus pezones, tan sensibles y duros a aquellas alturas, mientras su otra mano le hizo volver la cabeza hacia él, besándola profundamente.

De nuevo, ella se sintió mareada, sensible y satisfecha por todas partes, ahogándose con deleite en aquella boca ardiente que no parecía tener suficiente de ella.

Pero, incapaz de resistir más, aunque no quería abandonar ese sueño, cayó de nuevo a la inconsciencia.


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