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"Ufff, al fin volví a casa, extrañaba mucho a Lan Zhan…"

Wei Wuxian estiró los brazos como si acabara de despertar de una siesta gigantesca, aunque en realidad llevaba casi un año desaparecido. Un año en otro mundo. Un año en un futuro lleno de luces brillantes, objetos raros, comida deliciosa y costumbres que definitivamente no existían en Gusu.

—Lan Zhan… —murmuró con una sonrisa peligrosa, ladeando la cabeza—. ¡No sabés las cosas nuevas que aprendí!

Su mirada recorrió el paisaje familiar: la bruma suave entre los pinos, las montañas silenciosas, los pabellones blancos impecables. Nada había cambiado… excepto él.

El viento levantó la cinta roja de su flauta, revelando que ahora llevaba un pequeño accesorio extraño, metálico, brillante, algo que claramente no pertenecía a esa era. Y ese no era el único detalle extraño: su postura era más confiada, sus ojos más pícaros, su sonrisa más afilada.

—Después de ver ese mundo tan loco… —rió—. ¡Uf, Lan Zhan, te juro que te vas a desmayar cuando te cuente lo que allá llaman “tecnología”! Y más cuando te muestre cómo se usa.

Avanzó a pasos ligeros hacia el camino que lo llevaría al Conejo de Gusu.

—Ahh, Lan Zhan, Lan Zhan… —canturreó—. ¿Extrañaste a tu Wei Ying tanto como yo te extrañé a vos?

Su voz bajó un poco, con una calidez inesperada.

—Ya verás… ahora soy un Wei Wuxian renovado. Más atrevido, más ingenioso… y con ideas que van a hacerte romper unas cuantas reglas.

Su sonrisa se volvió descarada.

—Prepárate, Lan Zhan. El futuro me cambió… y ahora vuelvo por vos.

Wei Wuxian apenas había dado unos pasos por el sendero cuando un silencio extraño cayó sobre el bosque. No era el silencio natural de Gusu, sino uno más tenso, más contenido… como si alguien estuviera reteniendo la respiración.

Él sonrió.

—Mmm… este tipo de silencio solo puede significar una cosa.

No tuvo que esperar ni dos segundos.

Una figura blanca apareció entre los pinos, avanzando con la precisión y elegancia que Wei Wuxian conocía demasiado bien. Lan Wangji no corría, porque Lan Wangji jamás corría… pero esa velocidad, ese paso firme, esa mirada fija…

Wei Wuxian tragó saliva.
Un año lejos, y aun así ese hombre seguía siendo capaz de dejarlo sin aire.

Lan Zhan se detuvo frente a él. No dijo nada. No movió un solo músculo. Solo lo miró, como si estuviera confirmando que no era una ilusión.

—Lan Zhaaaan —canturreó Wei Wuxian, levantando la mano para saludarlo—. ¿Me extrañaste?

Lan Wangji dio un paso adelante. Uno solo. Pero la intensidad fue suficiente para que Wei Wuxian retrocediera medio paso por puro reflejo.

—Wei Ying. —La voz era más baja, más áspera de lo normal. Como si hubiera pasado un año entero tragándose mil palabras.

—Sí, ese soy yo —sonrió—. En carne, hueso y… bueno, algunas mejoras nuevas.

Los ojos dorados bajaron hacia el pequeño objeto metálico que colgaba de su ropa. Luego volvieron a subir a su rostro. A su sonrisa.

Lan Zhan levantó la mano, despacio, como si temiera que Wei Wuxian desapareciera otra vez frente a él. Sus dedos rozaron su muñeca, apenas un toque, pero suficiente para que el corazón de Wei Ying diera un salto.

—Te extrañé… mucho —susurró Wei Wuxian. Y por primera vez, su tono dejó de ser juguetón; era sincero, cálido, casi vulnerable.

Lan Zhan cerró los ojos por un instante. Cuando los abrió, la mirada era tan intensa que hizo arder el aire entre ellos.

—Nunca vuelvas a desaparecer —dijo simplemente.

Wei Wuxian se rió… suave, casi tembloroso.

—Prometo avisarte antes de viajar al futuro la próxima vez.

Lan Zhan lo miró con desaprobación.

—…Wei Ying.

—¡Ja! Está bien, está bien. —Alzó las manos—. No pienso irme a ningún lado. No cuando acabo de volver más atrevido que nunca.

Lan Zhan frunció el ceño apenas, pero su mano no se apartó de la muñeca de Wei Wuxian. Al contrario, la sostuvo más fuerte.

—Vamos a casa —dijo.

Y por primera vez en mucho tiempo, Wei Wuxian sintió que realmente… estaba volviendo.

EL PATRIARCA QUE VUELVE PELIGROSAMENTE MODERNO Stories to obsess over. Discover now