Ser Edric Fell provenía de la Casa Fell, una casa menor de las Tierras de la Tormenta, leal a los Targaryen. Su linaje era respetable, pero no ilustre. Noble, sí, pero no brillante.
Él era el hijo menor, el cuarto varón de su padre, nacido cuando ya no quedaban ambiciones para repartir. Los mayores habían heredado tierras, títulos y responsabilidades. A Edric le dejaron lo que suele tocar a los últimos: el deber de no estorbar. Nadie esperaba gran cosa de él. Ni gloria, ni matrimonio ventajoso, ni renombre. Solo que cumpliera con su parte. Que cabalgara donde se le ordenara, que luchara si lo llamaban, que muriera si era necesario. Todo sin levantar la voz ni ensuciar el escudo.
A los quince años fue enviado a Desembarco del Rey. Demasiado joven aún para conocer el verdadero rostro de los hombres, pero ya lo bastante mayor para entender que su futuro sería una sombra tras otras sombras. "Un puesto en la capital es mejor que dejarlo ocioso", dijeron. Pero él entendió lo que realmente significaba: lejos, callado, invisible. Un caballero más entre cientos. Un nombre que apenas pesaba en los márgenes del linaje.
Durante años cumplió. Aprendió. Se tragó la lengua cuando debió hablar. Mantuvo la espada envainada cuando otros la alzaban. Fue disciplinado, meticuloso, leal.
Y de algún modo, contra toda expectativa, su nombre fue pronunciado un día por boca del mismísimo rey Viserys. La capa blanca le fue impuesta con manos solemnes. Un juramento de por vida. Un honor que ningún Fell antes había recibido.
En aquellos días, Edric pensó que al fin había encontrado un propósito. Fue asignado a la vigilancia personal del rey. Viserys no hablaba mucho con él, pero su presencia era tranquila, casi humana. A veces lo sorprendía en medio de la noche murmurando el nombre de su esposa muerta, o quedándose dormido con un libro abierto sobre el pecho. No era un rey perfecto, pero Edric había jurado servirlo, y lo hizo con sincera devoción.
Pero los días de paz fueron breves. La enfermedad del rey lo consumió lento y en silencio, como el moho bajo la piedra. Y cuando finalmente murió, todo cambió. Uno de los guardias reales, Ser Erryk Cargyll, quien compartía con Edric las rondas cerca de la sala del trono, abandonó la ciudad la misma noche del anuncio. Se decía que había volado como un cuervo hacia Rocadragón, jurando espada a Rhaenyra y despreciando al Consejo Verde.
Donde antes había custodiado al viejo rey, ahora debía proteger al nuevo.
Aegon.
Su nombre había sido proclamado con gritos y fanfarria, como si las palabras pudieran borrar la sangre que manchaba la corona. Y Edric, como todos los demás, tuvo que inclinar la cabeza. No hubo elección. Así se encontró vigilando puertas que no respetaba, escoltando a un rey que no admiraba, y escuchando risas que no eran más que ecos de podredumbre en los salones del poder.
Pero incluso con la capa blanca sobre sus hombros, Edric sabía que no era intocable.
El día que llegó la noticia de que Lady Fell (prima de su padre, señora de la casa) había sido ejecutada por traición. No desaparecida. No encerrada. Ejecutada. Su crimen: apoyar con firmeza a Rhaenyra como legítima heredera. No conspiró en las sombras. No envió cuervos cifrados ni espías. Solo dijo lo que pensaba. Lo dijo alto, con el blasón de su casa a la vista.
Desde entonces, no le hablaban del tema, pero lo sentía. Las miradas. Las breves pausas en la conversación cuando entraba en una sala. El modo en que algunos lo observaban como quien contempla una lámpara encendida cerca del fuego: útil, sí, pero fácil de apagar si arde demasiado.
Seguía vivo porque era útil. Porque cumplía. Pero no porque confiaran en él.
Esa noche, de pie fuera de los aposentos del joven rey, no sentía orgullo.
Una presión en el pecho. Como si su propia capa pesara más de lo debido. Como si en vez de tela, llevara la historia entera de su casa sobre los hombros. Y tras la puerta, la risa desganada de Aegon, ebria y hueca, se le clavaba como una daga roma.
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Velar a los dragones | Helaena Targaryen
RomanceEn los días sombríos que siguieron a la muerte del rey Viserys, Ser Edric Fell, hijo menor de una casa olvidada, cumple su deber como caballero de la Guardia Real. Asignado a la protección de la reina Helaena Targaryen (esposa y hermana del nuevo re...
