El lugar donde todo se mueve

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El moquillo todavía estaba temblando después de todo lo que había pasado. Había salido de aquel lugar escalofriante y parecía que finalmente podía respirar, pero algo raro flotaba en el aire: un olor dulce, pegajoso y un poco extraño que le hacía cosquillas en la cabeza.

Decidió caminar con cuidado, esquivando a la gente que caminaba por la calle, y justo cuando pensaba que estaba a salvo, vio un agujero brillante en el suelo. Antes de que pudiera reaccionar, cayó dentro. Esta vez no era un agujero negro aterrador, sino un túnel lleno de luces de colores que parpadeaban rápido, como si estuvieran vivas. El moquillo chilló un poco, porque todo se movía demasiado rápido y no sabía hacia dónde iba.

Cuando finalmente salió del túnel, se encontró en un jardín gigante, pero no uno normal. Las plantas eran enormes, con ojos que lo miraban y sonreían de manera rara. Una flor azul gigante empezó a hablarle con voz chillona: "¡Eh, tú! ¿Quién eres?". El moquillo se quedó quieto, mirando con miedo y un poco de curiosidad.

Entonces del suelo comenzaron a salir insectos diminutos que llevaban sombreros ridículos y graciosos. Uno de ellos, con un sombrero rojo y redondo, caminó hacia él y dijo: "No te preocupes, este es nuestro jardín secreto, pero si quieres salir, tienes que seguir las reglas, ¿entendido?". El moquillo, intentando entender cómo un insecto podía hablar no paraba de pensarlo, pero decidió asentir.

Mientras caminaba siguiendo a los insectos, vio cosas cada vez más raras: árboles que parecían moverse, hojas que murmuraban palabras que no entendía, y nubes que formaban caras que lo observaban con ojos gigantes. En un momento, casi choca con un arbusto que se estiró como si fuera un brazo, intentando atraparlo. El moquillo gritó y se lanzó a un lado, cayendo encima de un montón de flores que olían raro pero no eran peligrosas.

Luego encontró un charco gigante que reflejaba su cara, pero su reflejo no era él: parecía un moquillo más viejo, con arrugas y una sonrisa maliciosa. "¿Qué demonios...?" murmuró el moquillo, sintiendo un escalofrío por todo el cuerpo. Antes de que pudiera mirar más, alguien tiró de él: era un ratón enorme con gafas y una bufanda naranja que lo tiró hacia un árbol hueco.

Dentro del árbol había un salón extraño, con muebles pequeñísimos y cuadros que parecían moverse. Allí conoció a un grupo de criaturas diminutas, todas diferentes: algunas tenían alas de colores, otras parecían conejos con patas larguísimas, y había un escarabajo que tocaba una especie de guitarra. Todas lo miraban como si fuera el invitado más importante de la historia.

"Bienvenido, moquillo", dijo el ratón de gafas. "Aquí no hay reglas normales. Si quieres sobrevivir y conocer este lugar, tendrás que aprender a jugar con lo imposible". El moquillo tragó saliva, emocionado y nervioso al mismo tiempo. Todo era tan raro que sentía que se estava ahogando, pero al mismo tiempo quería explorar cada sitio.

Mientras avanzaba, pensaba que tal vez nunca volvería a su mundo normal. Pero había algo dentro de él que le decía que, aunque fuera aterrador y confuso, ese lugar era increíble y lleno de cosas que nunca imaginó. Y así, el moquillo siguió caminando, saltando sobre charcos que parecían gelatina de fresa y esquivando plantas que intentaban besarlo, listo para descubrir cada secreto del jardín extraño y loco.


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⏰ Last updated: Nov 29, 2025 ⏰

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