Macarena camina por el pasillo del estadio con el corazón acelerado, no debería estar tan nerviosa, pero lo está. Se frota las manos porque están frías, mira su credencial que golpea su pecho cuando camina y respira hondo..
~Sigue caminando~
Entra a la sala de prensa, todos hablan al mismo tiempo. Ella busca un asiento en la esquina, donde no llame la atención. Se sienta y revisa su libreta, le tiemblan los dedos un poquito, como siempre que quiere hacer las cosas bien.
El DT empieza a hablar y ella toma notas con frases cortas. "Actitud del equipo", "Próximo partido", "Buen estado físico". A veces pierde el ritmo porque siente que su cabeza está en otro lado, aunque no sabe exactamente dónde.
~Y de pronto escucha una voz~
Una voz que le es tan familiar que se queda paralizada.
—Buenas tardes —dice alguien.
Ella levanta la mirada, muy lentamente
Es él, Alex, en persona, con la camiseta del equipo nacional, con el cabello más corto que antes, con la misma manera de pararse que tenía cuando jugaba en el equipo del colegio.
Macarena siente un cosquilleo en el estómago. No es dolor, pero tampoco es comodidad. Es... recordar.
Y no estaba lista para recordar.
Él se sienta, habla, responde y sonríe.
Ella no escribe ni una palabra, solo lo mira y cuando él gira la cabeza y sus ojos se cruzan con los de ella, Macarena siente que se queda sin aire.
~Baja la mirada rápido~
Cuando todo termina, los periodistas corren hacia Alex para hacerle preguntas, él responde con la paciencia de siempre. Macarena se queda de pie, sin moverse, como si sus pies se hubieran pegado al piso. Quiere irse, de verdad quiere. Pero no lo hace, se queda ahí, parada, sin saber si esconderse o enfrentar lo que venga.
Y lo que viene es su nombre.
-¿Macarena?
~Ella gira despacio~
Alex está ahí, mirándola como si el tiempo no hubiera pasado. Aunque sí pasó y mucho.
—Hola —dice ella, con la voz bajita.
—Hola —dice él, con una sonrisa que ella conoce demasiado bien.
Hay un silencio raro entre ellos, no es incómodo, sino raro. Como si los dos estuvieran tratando de entender qué está pasando.
—Eres periodista ahora —dice él.
—Sí... bueno, estoy empezando —dice ella, y se toca el cabello sin querer.
~Él se ríe un poco~
—Te vi anotando todo.
Ella baja la mirada, medio avergonzada.
~Silencio y tensión entre ellos~
Finaliza la conversación y se despiden sin más.
Al día siguiente, Macarena recibe la orden de cubrir una nota del entrenamiento, se muere del susto, pero dice que sí. Es su trabajo, y aunque su estómago esté hecho un nudo tenía que hacerlo.
Cuando llega al entrenamiento, el sol está fuerte, ella toma notas de todo. Intenta concentrarse, pero cada risa de Alex, cada grito del entrenador, cada ruido, la distrae.
De pronto, él se para frente a ella.
—¿Estás bien? —pregunta.
Ella asiente, aunque no está segura.
—Sí, solo... trabajando.
Él sonríe, como si entendiera algo que ella no dice.
—Quería preguntarte algo. Si... si podemos hablar después ~lo dice con un tono calmado pero nervioso a la vez~
Ella se queda quieta, no esperaba eso.
—¿Hablar de qué? —pregunta.
—De nosotros o del pasado o de nada. No sé —dice él— Solo... quiero hablar contigo.
Ella respira hondo, tiene miedo y mucho.
—Está bien... podemos hablar.
Alex sonríe, con una sonrisa suave, como si no quisiera asustarla.
Quedaron en encontrarse en una cafetería, Maca llega antes, mueve la cucharita aunque no la necesita, mira por la ventana, piensa en todo lo que fue, lo que no fue, lo que podría ser y eso la asusta más.
Alex llega, se ve cansado, pero feliz de verla.
—Hola —dice.
—Hola —responde ella.
~Silencio~
Un silencio con tensión.
Él suspira.
—Perdón por todo lo que pasó, por irme así, por no saber manejar la distancia, dijo Alex.
Ella baja la mirada.
—Los dos éramos chicos, no sabíamos nada de nada, dice Maca.
Alex la escucha y asiente la cabeza.
—Cuando te vi en la conferencia, sentí un golpe aquí ~dice, tocándose el pecho~. No pensé que todavía me pasaría eso.
Macarena siente un nudo en la garganta.
—A mí también me pasó —lo admite.
Él la mira y ese gesto es casi como un abrazo.
—No quiero que volvamos rápido, no quiero hacer tonterías otra vez. Solo quiero... volver a conocerte, si tú quieres, dice Alex
Ella piensa, piensa en el pasado, en cómo lloró cuando él se fue, en cómo cambió y sobre todo, en cómo se volvió más fuerte sin darse cuenta.
Pero también piensa en cómo se siente ahora, en lo que le pasa en el pecho cuando él la mira.
—Tengo miedo —dice Maca.
—Yo también —responde Alex.
~Ambos se ríen un poco, una risa tímida, pero sincera.~
—Podemos ir despacio —dice Maca.
Alex sonríe, más tranquilo.
—Despacio es perfecto.
~No pararon de hablar durante horas, recordando viejos momentos con mucha nostalgia.~
Esa noche, Macarena vuelve a casa, se tira en su cama, mira el techo sin decir nada, se siente rara, pero también, por primera vez luego de mucho años, siente esperanza, de esas que calman y dan tranquilidad.
Y la historia que pensaba cerrada... no estaba cerrada.
Solo estaba esperando el momento correcto para abrirse de nuevo.
Y esta vez, Macarena quiere escribirla con paciencia, sin buscar una respuesta inmediata y dejando que las cosas con Alex fluyan. Tal vez lo que no pudo darse años atrás tenga una segunda oportunidad ahora, cuando ambos ya saben lo que quieren y lo que no. La historia que parecía cerrada se abrió de nuevo y solo ellos tendrán la posibilidad de completarla... si el destino realmente quiere que esta vez sea su momento.
KAMU SEDANG MEMBACA
Lo que el tiempo no borró
RomansaMacarena y Alex fueron novios en el colegio, pero la distancia y los sueños distintos los separaron cuando él viajó al extranjero para ser futbolista. Años después,Macarena cumplió su meta de convertirse en periodista deportiva . Un día, mientras cu...
