Cuando les pidió a sus amigos que pasaran el rato en el departamento, no esperaba nada más que un merecido descanso para todos. Una noche grupal entre risas y cervezas frías.
Pero tal vez su principal error fue no prestar atención a las señales claras que su cuerpo le daba.
O asumir que el leve dolor creciente en su abdomen bajo se debía a que no había comido nada más que una barra de cereal y unas galletas de chocolate a lo largo del día.
Y que el calor asfixiante en su cuerpo era causado por el alcohol en su sistema.
De todas formas, no era su culpa en absoluto. O al menos quería creer que no lo era.
No solía ser descuidado con algo tan serio como su celo mensual. Tenía una libreta donde anotaba sus días de calor y una caja con pastillas reguladoras y supresores inyectables.
Jamás se había equivocado con las fechas en las que su celo llegaba, y mucho menos había cometido el tonto error de no estar preparado con antelación.
Pero, como sus padres solían decir, siempre hay una primera vez para todo.
Sus días habían estado muy ajetreados últimamente. Apenas tenía el tiempo suficiente para dormir unas pocas horas y comer sus tres comidas diarias.
Entre streamear y demás, había olvidado completamente que su celo llegaría pronto. Tampoco había comprado nuevas pastillas ni supresores.
Es por eso que se congela en medio de su cocina cuando siente un líquido caliente y espeso caer lentamente por sus piernas inmóviles.
Autolubricante.
Se maldice mentalmente por ser tan descuidado.
Siente cómo el calor en su cuerpo se vuelve insoportable, sintiendo una necesidad incontrolable de quitarse la ropa a tirones. Su piel hormiguea y un calambre lo atraviesa, tan fuerte que debilita sus rodillas y lo hace caer al suelo.
Lleva una de sus manos a su abdomen bajo, tratando de aliviar el dolor con caricias que sabe que realmente son inútiles.
Duele tanto que sus ojos se llenan de lágrimas.
Y se tensa cuando siente más autolubricante entre sus piernas. Cuando su mano temblorosa toca la parte trasera de su pantalón, siente la tela mojada.
El dolor en su abdomen desaparece brevemente, por lo que se pone de pie con dificultad y prácticamente corre hacia el baño más alejado de la sala de estar, donde sus amigos se encuentran conversando mientras beben.
Con suerte, los demás ocuparían el baño más cercano. Es el que usualmente usan sus invitados cuando van a su departamento.
Cuando entra al pequeño espacio de azulejos blancos, cierra la puerta detrás de él y apoya su espalda contra esta. Su pecho sube y baja con rapidez, producto de su respiración agitada.
El dolor en su abdomen bajo regresa, aún más fuerte y acompañado por un nuevo dolor punzante en su espalda baja.
Cierra los ojos con fuerza mientras intenta pensar en una solución rápida que no involucre a ninguno de sus amigos. Si uno de los alfas que ahora están en su sala de estar lograra olerlo... no hay forma de que eso pueda terminar bien para él.
Siente cómo su lobo interior se entusiasma con la idea de ser cogido por uno o varios de los alfas que están en su departamento.
Pero él no está de acuerdo.
No por el momento, al menos.
Entonces intenta desesperadamente buscar su celular en uno de los bolsillos de su pantalón, pero no lo encuentra. Todos sus bolsillos están vacíos.
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sin supresores ✧ mernoski
Fanfiction✧ Lautaro entra en celo repentinamente. Adaptación de "Celo; juan x blas" de @juanicars. Todos los créditos a ella, si solicita su eliminación se hará caso a su petición por respeto.
