Anoche volví a soñarnos.
Era como si el universo hubiera decidido darnos un instante perfecto sólo para los dos. Te veía frente a mí, tan cerca que casi podía sentir tu respiración rozando mi piel. Me mirabas con esos ojos que siempre parecen decir más de lo que te atreves a hablar, y luego… sonreías. Esa sonrisa tuya que me quita el aire sin pedir permiso.
Tomaste mi mano con tanta suavidad que mi corazón se aceleró. Nuestros dedos se entrelazaron como si siempre hubieran pertenecido juntos, como si el destino hubiera estado esperando justo ese momento. Y entonces nos besamos… un beso lento, profundo, de esos que borran el mundo entero y dejan solo el latido de dos almas que se reconocen.
Sentí cómo toda tensión desaparecía apenas estabas a mi lado.
Tu calor se mezclaba con el mío y era como volver a casa después de un viaje largo.
Acaricié tus mejillas, recorrí tus cachetes con la punta de mis dedos, y tus ojos brillaron con una luz tan hermosa que no pude evitar perderme en ellos. Era como si mirarte me despertara una parte del alma que creía dormida.
Te besé otra vez, más fuerte, como si el tiempo no existiera, como si ese instante fuera el último regalo que me quedaba. Tus labios tenían el sabor de todo lo que deseo y todo lo que temo perder. Y en medio de ese abrazo silencioso, todo lo que dolía se volvió ligero, porque estabas tú, conmigo, sin filtros, sin máscaras.
Antes de despertar, me quedé mirándote una última vez.
Esa mirada tuya… tan dulce, tan llena de algo que no sé explicar pero que me derrite cada vez. Me quedé con la imagen de tu rostro, de tu sonrisa suave, de tu luz… y al abrir los ojos, supe que había sido un sueño, pero uno tan perfecto que le dio color a todo mi día.
Ojalá supieras cuánto me marcó.
Ojalá supieras cuánto deseo que un día, ese sueño deje de ser solo un sueño.
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sueños lúcidos de un amanecer
PoetryY si los sueños fueran recuerdos de un pasado oh un universo diferente
