Sirius Black, eres un maldito imbécil.
Es lo que se repetía constantemente en la mente de James, junto a la desesperada plegara de que no sea demasiado tarde, que pueda llegar a tiempo.
Sus piernas necesitan un descanso y sus pulmones le arden por el esfuerzo, pero James no puede ni pensar en detener su carrera hasta llegar a su destino y evitar una tragedia.
No han pasado ni diez minutos desde que Sirius llegó a la habitación compartida de Los Merodeadores, anunciando con una gran sonrisa que había hecho la mejor broma de la historia, con la que se desharían definitivamente del molesto Quejicus para que no se volviera a meter en lo que no debe.
James y Peter, al principio, lo animaron, porque cualquier broma en contra la amargada serpiente siempre es bienvenida entre ellos. Después de molestar con preguntas al Black lo suficiente, consiguieron que les contara su plan.
Mientras más hablaba Sirius, las sonrisas de los otros dos se fueron borrando.
Sirius terminó su relato con una carcajada, James y Peter intercambiaron una rápida e incómoda mirada, antes de soltar una pequeña y mal fingida risa sin gracia.
James quiso creer que eso solo fue alguna clase de chiste sádico.
No fue un chiste, ni una broma.
Sirius realmente lo hizo pensando que es divertido.
Los ánimos se alteraron rápidamente entre ellos dos, mientras una combinación de terror y asco se revolvían en James por la absoluta indiferencia de su amigo ante la situación.
James se movió instintivamente cuando le dio un puñetazo a Sirius en la cara antes de salir corriendo a toda velocidad hacia La Casa de los Gritos, dejando atrás a un indignado Sirius y un petrificado Peter.
No le importó nada, solo se centró en correr más rápido, llegar cuanto antes y evitar que pase alguno de los horribles escenarios que se reproducen sin parar en su cabeza.
Cuando por fin llegó al Sauce Boxeador casi cae de rodillas por puro agotamiento, pero se obligó a seguir adelante, no puede descansar, todavía no, tiene que asegurarse de que ellos estén bien, que él esté bien.
El túnel nunca antes le había parecido tan largo, oscuro y asfixiante.
Mientras más se acerca al final más claro se vuelven los ruidos de la casa. Gruñidos, ladridos, muebles siendo tirados y probablemente destrozados y el inconfundible sonido de grandes garras chocando contra madera.
A James se le heló la sangre pensando lo peor.
Abrió la escotilla sin pensar, mirando a su alrededor desesperadamente, buscando, rezando, por ver a Snape.
Por favor, por favor, por favor, tienes que estar bien.
El movimiento de un borrón negro a su izquierda lo hizo voltear, pero antes de poder distinguir nada algo grande y pesado cayó contra la escotilla, cerrándola y dándole un fuerte golpe en la cabeza.
James cayó de espaldas, aturdido y con puntos negros nadando en su visión borrosa. Intentó obligar a su cuerpo a levantarse, moverse, hacer cualquier cosa más que quedarse ahí tumbado escuchando lo que debe ser una masacre que nunca debió pasar.
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Inesperado.
FanfictionJames Potter llegó tarde, no pudo detener a Severus Snape. Esa noche tuvo un resultado inesperado, con el que casi nadie parece cómodo.
