Aromas Que No Se Olvidan

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Kim Taehyung

Taehyung siempre llegaba primero a La Miga Dorada. Antes que el sol, antes que los clientes, antes que cualquier ruido del mundo.
Encendía las luces cálidas, preparaba el café y respiraba profundo, dejando que su aroma natural —una mezcla suave de kiwi maduro con miel espesa— se quedara atrapado entre las paredes del negocio.

A los ojos del mundo, Taehyung era un Omega tranquilo:
• manos finas,
• sonrisa suave,
• voz que parecía una manta en invierno.

Pero debajo de eso había una capa más silenciosa.
Una parte de él que vivía con cuidado.
Una parte que evitaba los Alfa.
Una parte que no dejaba que nadie se acercara demasiado.

Solo Jimin lo conocía de verdad.

Ese Omega recesivo, tan dulce como sus postres, tenía un pasado que había dejado más cicatrices internas que externas. No se hablaba del tema. Nunca se decía en voz alta. Pero a veces, cuando Taehyung acomodaba la vitrina con mucha precisión o cuando miraba demasiado tiempo a un niño que pasaba frente al local, sus ojos se nublaban… como si recordara algo que preferiría enterrar.

Jimin lo notaba siempre.

—Hyung —murmuró una mañana mientras envolvía pan fresco—. Te quedaste mirando otra vez.

Taehyung bajó la mirada, apretando el paño que tenía en las manos.

—No es nada —dijo, con esa sonrisa que no llegaba a sus ojos.

Jimin suspiró. No insistió.
Nunca lo hacía.
Porque sabía exactamente qué puerta no debía tocar.
La puerta que guardaba ese secreto que solo él conocía, ese que había marcado el antes y después de Taehyung; ese que había dejado una herida silenciosa, sutil… pero irreversible.

Un secreto que explicaba por qué Taehyung se estremecía ante ciertos temas.
Por qué evitaba los hospitales.
Por qué nunca decía la palabra “futuro”.
Por qué, aunque su aroma era cálido y fértil, había algo en él que parecía… apagado, como si hubiese dejado de esperar algo que un Omega normalmente anhela.

Y Jimin, protector como era, lo cuidaba como si cuidara un cristal.

—Solo recuerda —dijo Jimin suavemente— que no estás roto.

Taehyung inhaló. Exhaló.
Su aroma tembló apenas.

—Lo sé —mintió.

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Jeon Jungkook

En otro punto de la ciudad, Jeon Jungkook era el Alfa que todos conocían por nombre y reputación.

Un CEO joven, dueño de una empresa que crecía más rápido de lo que él podía respirar. Su olor natural era intenso, dominante: cedro, metal y una pizca de electricidad, aroma típico de un Alfa de élite.

Pero últimamente, el cedro se mezclaba con algo más oscuro: cansancio.

Jungkook podía dominar cualquier junta de negocios, cualquier negociación o presión, excepto una cosa:
a su propia vida.

La cama vacía.
Los pasillos silenciosos.
El peso de decisiones que tomó demasiado joven.

Y sobre todo:
la responsabilidad de su pequeña hija Areum, una Omega de cuatro años que miraba todo con ojos enormes y curiosos.
La luz de su vida.
La única razón por la que seguía respirando.

Pero incluso siendo Alfa, incluso teniendo poder, dinero y presencia… Jungkook vivía con un nudo en la garganta.
Un nudo que tenía nombre: culpa.

Culpa por no ser suficiente padre.
Por no saber dar calma.
Por no entender los miedos pequeños de un Omega pequeño.
Por cargar demasiada tensión y no saber soltarla nunca.

A veces, Areum se despertaba diciendo:

—Papá… hueles fuerte otra vez.

Y aunque Jungkook intentaba bajar su aroma, relajar músculos, hablarle suave, no podía.
Algo dentro de él siempre estaba en alerta.

Como si su vida hubiese sido construida para resistir… y no para sentir.

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Destinos que Empiezan a Olerse

Mientras Taehyung amasaba pan con las manos cubiertas de harina —sus dedos siempre temblaban un poco cuando pensaba demasiado— Areum pasaba frente a la pastelería, tomada de la mano de su niñera.

Ella miró los postres a través del vidrio, sus ojos brillando de emoción infantil.

Taehyung levantó la mirada justo en ese momento.
La vio.
Y por una razón que no entendió, sintió cómo su pecho se apretaba.
No por tristeza exactamente.
Tampoco por nostalgia.

Era una punzada suave, como una memoria que no quería despertar.

—Hyung, ¿estás bien? —preguntó Jimin, siguiéndole la mirada.

Taehyung tardó un segundo en responder.

—Solo… pensé en algo —susurró.

Y dejó que el horno cubriera sus pensamientos con calor, como siempre hacía.

Sin saber que esa misma niña, la de los ojos curiosos, sería la que horas después empujaría el destino a tocar su puerta.

Sin saber que el Alfa que más evitaba en el mundo —uno desconocido, uno peligroso, uno poderoso— terminaría siguiendo el olor que él intentaba esconder…

hasta su refugio.

Hasta él.

Holii les pido de favor si le podrían dar apoyo a mi otra historia llamada "el eco de la emoción "

Holii les pido de favor si le podrían dar apoyo a mi otra historia llamada "el eco de la emoción "

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Sinopsis: El Proyecto C-11 🖤
​La Paz tiene un precio: la ausencia de emoción.
​En la fría metrópolis de Éter, el Regulador C-11 mantiene a la humanidad en una calma productiva y apacible. El amor, la ira y la tristeza son solo leyendas del pasado, extirpadas por el bien del orden.
​Taehyung es un Agente de Élite, el ejecutor más eficaz de la Corporación, entrenado para mantener la paz y carente de cualquier sentimiento. Su vida es perfecta, lógica y vacía.
​Jungkook es un Emisor, un error biológico cuya sola presencia anula la Regulación y desata caos emocional a su alrededor. Es el fugitivo más buscado, la encarnación de la anarquía que el sistema debe destruir.
​Su encuentro no es físico, sino sensorial. Cuando Taehyung acorrala a Jungkook, no siente el deber de capturarlo, sino una abrumadora oleada de deseo prohibido y pánico real, emociones que son ajenas, pero que se sienten peligrosamente suyas.
​Ahora, Taehyung debe decidir si arriesgar su vida perfecta para proteger al hombre que lo obligó a sentir, o si cumplir su deber y condenar la única fuente de vida que ha conocido.
​¿Es amor o solo el eco de una emoción ajena? Y si el amor es un virus, ¿quién querría la cura?.

kiwi y Miel Stories to obsess over. Discover now