gota

20 2 1
                                        


Gota.
Solo eso.
Una mísera e insignificante gota... ¿qué quieres que te diga? Es otra más en un vasto océano. Nada especial, nada brillante, nada que resaltar. Solo otra más.

"Pues ya vete, ¿no tienes nada más que hacer?"
Eso le dirías si la vieras caer en tu ventana, resbalando sin ruido.

Pero bueno... mmm... ok, lo intentaré.
No te prometo nada, ¿sí?
Aun así, se me ocurre algo.

Te contaré la historia de una gota.
Una sola.
Una entre miles de billones.

Otra gota más, atrapada en un ciclo que nadie le preguntó si quería, un ciclo que monótono, repetido, vacío.
Una gota que cayó en una ventana, destinada a deslizarse hasta el barro.
Todo lo que recorrió, todo lo que enfrentó, todo lo que cambió durante su viaje... ¿y para qué?
¿Para qué tanto movimiento, tanto esfuerzo?

Para evaporarse.
Sin más. Solo evaporarse: elevarse, desarmarse en un suspiro cálido, volverse algo que ya no pesa ni cae... solo para regresar después en otra forma.
Y sí, sé lo que estás pensando: que todo lo vivido se convierte en vapor, que los pasos, los sueños, el cansancio y los intentos se diluyen. pues si

¿Esperabas un final feliz?
Pues no.

Está bien, está bien...
Intentaré ser más positivo.

Las gotas ayudan, sí.
Hidratan plantas, limpian el polvo, refrescan el aire, mantienen vivo al mundo entero.
Son pequeñas, pero hacen mucho.
Eso dicen.

Pero seamos honestos: en este ciclo tan repetido, tan sin forma, tan... apagado, es difícil verlo así.
Nacer, caer, subir, caer otra vez...
Una y otra vez.
Como si el mundo hubiera sido diseñado para apretar "repetir" sin preguntar si querías seguir.

Y claro, todos aplauden lo útil que eres.
"Qué buena gota, qué necesaria, qué importante para el mundo."
Ajá, sí.
¿Y de qué sirve todo eso cuando por dentro te sientes como un charco que nadie quiere pisar?
¿De qué sirve hacer tanto bien afuera si a veces ni siquiera entiendes qué hacer contigo mismo?

Perdón, perdón...
Lo de ser positivo no se me da.
De verdad lo intento, pero se me escurre como... bueno, como agua.

En fin...
Otra cosa buena de las gotas es que, cuando están juntas, pueden hacer grandes cosas.
Eso sí es verdad.
Océanos enteros capaces de sostener mundos.
Lluvias que despiertan bosques dormidos.
Ríos que atraviesan montañas como si nada pudiera detenerlos.

¿Tsunamis?
Bueno, sí... técnicamente también.
Pero mira, ni quería mencionarlo; simplemente sale, porque incluso lo bonito tiene esa sombra inevitable pegada atrás.

Pero no iba por ahí.

Mira... lo siento, ¿sí?

Es que así es la vida: tiene cosas lindas, claro... pero la mayoría no lo es.

La mayoría te golpea sin preguntar, te arrastra, te cansa.

Y uno aprende a sonreír igual, porque ¿qué más vas a hacer?

Y tú... tú eres solo un niño.

No te lo podría explicar del todo, no porque seas tonto ni nada por el estilo, sino porque todavía ves el mundo con esa luz que yo... ya no.

Ojalá pudiera mirar como tú miras.

De verdad.

Porque para ti todo todavía es divertido, curioso, interesante.

Cada cosa es nueva, única, enorme.

Y sientes —sin culpa— que eres el centro del mundo, que todo gira alrededor de lo que descubres y lo que sueñas.

LA GOTAStories to obsess over. Discover now