Desde la secundaria había estado. enamorado de mi mejor amigo de la infancia, alguien completamente diferente a mi en todos los aspectos, era guapo, alto, un increíble jugador de voleibol, era sensato pero provocador, extrovertido, tan malditamente social.
Sabía que no podía tenerlo, porque las palabras nunca salían de mi boca, mientras más lo intentaba, más dudaba, más dolía. Dolía ser solo amigos, pero tal vez era peor no ser nada.
Cuando ambos pasamos a la prepatoria, hicimos una promesa.
— Estemos juntos hasta que las estrellas desaparezcan por completo
Dijo el, y como rechazarlo si sus ojos reflejaban cada estrella existente en la infinita galaxia.
En ese momento solo asentí, no sabía el peso de sus palabras ni el de mi reacción positiva. No lo sabía, hasta que el se fue a la universidad. Quería detenerlo, pedirle que no se fuera, pero no era lo suficiente valiente para decirlo. Me quede solo, sin el, sin su escandalosa risa, sus ojos, sus manos cálidas, sin sus abrazos en los cuales amaba derretirme.
Cuando el tiempo paso significativamente, el hizo su vida, conocío a una chica, se hicieron novios, y mi corazón se rompió. Envidiaba como la veías, lo hacías de la misma manera en que lo hiciste conmigo alguna vez, no sabes cuanto me dolió ver tus ojos brillando por alguien más. No necesitaba un recordatorio de que no sentías nada por mi.
— Ella es perfecta, Kenma, te lo prometo.
Blah, blah, blah, ya lo sé, lo repetiste demasiadas veces en esta hora. Ojalá tener la suficiente valentía para confesar que te amaba desde el principio.
Fue una enorme sorpresa saber que poco tiempo después terminaron, estabas haciendo muchos cambios en tu vida, y no parecía estar incluido en ninguno de ellos.
Desaproveche cada oportunidad que tuve, y tú solo seguiste avanzando, mientras poco a poco, yo me quedaba atrás.
— ¡Kenma!
Dijiste mientras tomabas mi mano, había pasado tanto tiempo desde que sentía tus manos sobre las mías, desde que tu piel me tocaba así.
Volteo a verte y en tu rostro hay una enorme sonrisa.
La luna caía detrás de ti, mientras el resplandor de tus ojos me iluminaba a mi.
— Hace mucho tiempo no veía las estrellas.
El cielo estaba nublado, pero aún así, esas palabras salieron de mi.
— ¿Cuales estrellas?
Dijiste, mirando hacia el cielo y comprobando si había alguna
— Estas.
Señale tus ojos, tome tu nuca y me lanze a tus labios, los tome entre los míos y comencé a besarte de una manera tierna, pude sentir tus dedos enredandose en mi cabello, tirando de el suavemente. Nuestras bocas se fundieron juntas, mis brazos pasaron por tus hombros y descansaron, tus manos se aferraban firmemente a mi cintura.
Cuando nos separamos, la curva en tu boca me hizo feliz, sentí que tenía el mundo en mis manos, y, por supuesto, lo tenía.
¿Qué hice para que aquel mundo escapara de mis manos?
Me pediste ser tu novio, acepte con gusto, después de tantos años, por fin había obtenido lo que tanto soñaba y deseaba. Todo era increíble, me tratabas como lo único en tu vida, y lo era, ¿no?
Tus caricias, tus besos, tus abrazos, tus gestos, acciones, palabras, eran más que todo, eran más que mi propia felicidad.
¿En que momento mi felicidad dependía de ti?
Me dijiste que soy "lindo", debería decirte algo, solo me sonroje y susurre "tú también". Había rechazado muestras de cariño toda mi vida, ¿como debería aceptarlas ahora?
Te conté como sufrí cuando te fuiste a la universidad, me abrazaste y dijiste que no me preocupara, que ahora estaríamos juntos toda la vida, y si no era suficiente, en todas nuestras demás vidas.
Pero, ¿Por qué no cumples lo que prometes?
De un momento a otro, las estrellas de tus ojos se apagaron, deje de ver la galaxia en ellas y comencé a ver el vacío. Nunca hablaste, mucho menos me contaste si algo te pasaba, tu familia comenzaba a preocuparse, habías perdido tu brillo característico, ¿donde estaba el hombre del que me había enamorado?
Ahora solo mirabas a la nada, la mayoría del tiempo estabas deprimido, empezaste a odiar salir de tu habitación, comenzaste a cancelar citas, y poco a poco fuiste alejandote de mi, de tu familia, de tus amigos, de todos.
Esperé, creeme que espere, pero no volvías. Corrí hacia tu casa, toque la puerta de tu habitación y cuando abriste, te abrace por los hombros, te bese el rostro y te pedi qué no me dejarás.
— Kuroo, Kuroo, por favor, Tetsu..
Rogué, tus brazos rodearon mi cintura y me elevaste como si nada, me llevaste a tu cama y me dejaste sobre ella, ambos nos besamos. Nos entregamos el uno al otro y sellamos nuestro amor con tanta intimidad, juramos amor eterno.
Las cosas en tu vida parecieron mejorar tiempo después, las estrellas en tus ojos volvieron, parecían brillar más incluso, comenzaste a salir de vuelta, a tener amigos, a convivir con tu familia, a besarme con emoción.
Tu cumpleaños fue el mejor, te veías tan feliz, las velas sobre tu pastel con el número 24, habías crecido tanto, y para mi el tiempo había pasado tan lento, apenas recordaba cuando recién me enamoraba de ti.
— Gracias.
Susurraste en mi oído cuando nos tomábamos la foto de tu cumpleaños como recuerdo, una sonrisa se formó en mi rostro y bese suavemente tu mejilla, sonreíste como si ese fuera el mejor regalo de cumpleaños.
— Te amo.
Mis labios se movieron y mi voz salió, tomaste mi rostro y plantaste un dulce beso en mi frente, para luego unir nuestras bocas lenta y suavemente.
Navidad, uff, la navidad fue complicada, ¿quien diría que te habías vuelto tan poco tolerante al frío? Ni siquiera yo sufrí tanto como él.
Se enfermo muchas veces, pero en todas esas veces siempre lo cuide, se sentía bien cuidarlo y que el no estuviera cuidándome a mi, por fin podía hacer algo por el.
Reías cuando te di tu regalo de navidad, y yo estaba enormemente emocionado por el mio, gracias a ti, logré conseguir la casa perfecta, nos mudamos juntos.
El primer día, el sonreía con emoción y daba pequeños saltos de alegría. Por un momento, recordé el inicio de todo, y nunca creí que podíamos llegar a esto, creí que todo sería pasajero, pero, ahora estábamos ahí, juntos, abrazados en nuestra nueva habitación, hubiera deseado que ese momento durará toda la vida.
Si yo hubiera sabido que el 14 de febrero ya no serías parte de mi vida, me hubiera estancado en el pasado para no ver el futuro sin ti.
Después de irte a trabajar, no volviste, ¿a donde te habías ido qué tardabas tanto?
Nuevamente decidí esperarte, aun sigo esperándote, Kuroo Tetsuro, ¿por que no has vuelto? Neko y Tail te extrañan, yo también lo hago, los pequeños gatitos quieren que les des mimos, yo también quiero.
Llevas mucho tiempo trabajando, han pasado casi 3 años y no has vuelto, ¿tu jefe te dejo horas extras? ¿Por eso tardas tanto?
Vuelve ya, te extraño, tu familia cada día llama preocupada, últimamente me han dicho que encontraron tu cuerpo, no les creo, se que aun estás trabajando, se que volverás y me besaras, alimentaras a los gatos y nos iremos a dormir.
Por favor, Tetsuro, vuelve para que pueda estar tranquilo.
Recibí una llamada más, declararon tu muerte, se sintió como una bala en el corazón, no puedes irte aún, las estrellas aún no desaparecen, o, ¿eras tu la última estrella que quedaba?
La puerta se abrió, pero no eras tú, la sirena de la ambulancia y la policía sonaban como pitidos en mis oídos. Sentí unos brazos rodeando mi cintura ¿eres tu? Si, si eres tú, nadie más podría hacerme sentir igual de bien que tu.
Si en otra vida estamos juntos, que sea para siempre, y si no lo es, no quiero vivir ni una vida más sin ti.
