Reino de la Oscuridad
El cielo del Reino de la Oscuridad estaba cubierto por una neblina purpúrea que serpenteaba entre las torres retorcidas como si tuviera vida propia. Las sombras respiraban, la tierra parecía murmurar y una luna negra colgaba inmensa, bañando el paisaje con un brillo espectral.
Luna caminaba despacio, con la capa recogiendo el polvo oscuro del camino. Cada paso resonaba como un eco hueco en sus recuerdos.
Mientras avanzaba, una imagen del pasado se filtró en su mente, tan vívida que dolía.
Recuerdo
Cuando Luna era pequeña, solía correr entre los árboles de su aldea iluminada por luciérnagas. Allí estaba Zack, su mejor amigo, siempre sonriendo, siempre protegiéndola.
—¡Vamos, Luna! ¡Más rápido! —gritaba él entre risas mientras ella lo perseguía con ramas que fingían ser espadas.
Pero la risa se apagó el día en que lo llamaron a la guerra. Luna, temblando, había corrido tras él entre el estruendo del combate, desesperada por no perderlo.
Veía a los soldados caer, escuchaba el chillido metálico de las armas... y en un intento frenético por proteger a Zack, se lanzó sobre un enemigo para quitarle una pistola rúnica.
El arma se disparó.
Un destello. Un silencio.
Y luego Zack cayendo al suelo con los ojos muy abiertos, sorprendido.
El grito de Luna desgarró el campo de batalla.
Presente
Luna llegó finalmente al trono de sombras, donde Pitch, el soberano del Reino de la Oscuridad, la esperaba recostado en su asiento de huesos negros y humo violeta. Sus ojos brillaban como carbones encendidos.
Cuando la vio, sonrió con una mezcla de burla y afecto perverso.
—Mira quién ha venido... mi niña favorita. —Su voz era suave, veneno envuelto en terciopelo—. Dime, Luna... ¿qué te trae a la oscuridad esta vez?
Luna levantó el rostro, determinada, aunque el recuerdo la quemaba por dentro.
—Quiero pedir un deseo —dijo—. Quiero... volver atrás en el tiempo.
Una risa grave y áspera se escuchó detrás de ella. Un enano demonio, con cuernos retorcidos y ojos amarillos como linternas, caminó a su alrededor con un libro enorme de cuero ennegrecido.
—Según el reglamento antiguo, para modificar la línea temporal —dijo mientras pasaba una página—, la ofrenda debe ser mayor que todas las anteriores. Si no... el equilibrio se romperá.
Luna apretó los puños.
—Haré lo que sea necesario —respondió sin dudar—. Lo que sea.
Pitch se levantó de su trono, cada paso dejando sombras líquidas a su paso.
—Entonces, mi dulce Luna... entrégame lo más valioso que posees.
Tu destino... y el destino de aquellos a quienes más amas.
Luna sintió que el aire se congelaba. Las imágenes de su familia, sus amigos, incluso las pocas personas que aún quedaban en su vida, pasaron ante sus ojos como reflejos quebrados.
Un nudo se le formó en la garganta.
—No... yo... Lo siento —susurró—. He cambiado de opinión.
Si altero el destino... podría perderlos para siempre.
La sonrisa de Pitch se ensanchó como una grieta en la oscuridad.
—Lo siento, mi niña... pero ya es demasiado tarde para echarse atrás.
Las sombras empezaron a rodearla. Algo estaba a punto de activarse.
Las sombras de Pitch se cerraban alrededor de Luna como dedos fríos. El aire pesaba, vibraba, casi como si el destino mismo se inclinara sobre ella para reclamar lo que había prometido sin saberlo.
Pero Luna abrió los ojos de golpe.
Un brillo desconocido surgió en ellos. Algo más fuerte que el miedo.
La determinación.
Sin pensarlo dos veces, giró sobre sus talones y huyó.
La oscuridad rugió detrás de ella.
Los pasillos del Reino de la Oscuridad eran cambiantes, como laberintos vivos. Columnas de piedra negra se retorcían, las paredes respiraban, y las sombras parecían observarla desde cada rincón. A pesar de eso, Luna corría, dejando que su corazón marcara el ritmo frenético.
Mientras escapaba, voces fantasmales resonaron en su mente, advertencias que alguna vez había ignorado, susurrando como ecos atrapados:
—"No puedes ir a ese lugar... es peligroso."
—"Todos saben que él es peligroso..."
—"No toques el hilo... o el telar despertará otros finales."
El último susurro hizo que un escalofrío le recorriera la espalda.
Ella sabía exactamente a qué telar se referían: el Telar del Destino, capaz de tejer y destejer vidas enteras. Un artefacto tan antiguo que incluso los dioses temían tocarlo.
Pero no se detuvo.
Sus botas chocaban contra el suelo cristalino, que parecía agrietarse con cada paso. La respiración le ardía. Sentía a Pitch siguiéndola, no con pasos, sino con presencia. Como si la oscuridad misma la persiguiera.
—Lunaaaa... —la voz de Pitch se deslizó por los corredores, suave y peligrosa—.
No puedes huir de un pacto.
Ella apretó los dientes y siguió corriendo.
Y entonces, sin aviso, el aire frente a ella se rasgó.
Un portal azul, vibrante, casi líquido, se abrió en medio del camino. La energía chisporroteó con un sonido similar a cristales rompiéndose. Era hermoso... y a la vez parecería que no pertenecía a ese reino.
Luna no tuvo tiempo de reaccionar.
El portal la absorbió.
Sintió su cuerpo caer en un vacío frío, una corriente que la desgarraba y a la vez la envolvía. Podía escuchar los gritos de Pitch apagarse, ahogados por el torbellino azul.
Todo se volvió luz, viento y silencio.
Y así, termina el capítulo.
CITEȘTI
The cursed Desire
FanfictionEn un mundo donde la oscuridad guarda secretos y los recuerdos pesan como sombras, Luna emprende un camino peligroso en busca de respuestas y redención. Lo que encuentra pondrá a prueba su valentía, su corazón y su destino, llevándola más allá de to...
