El bar estaba lleno, como casi todos los viernes por la noche. Luces cálidas, música suave y el olor dulce de los cócteles recién preparados. Cuando Mar Benneth empujó la puerta de cristal, soltó un suspiro cansado. Llevaba un día horrible.
Encontró a su grupo de amigos en la mesa de siempre:
su prima Dalia Benneth,
su mejor amigo Yax Frost y su novia Zoé Palma,
Travis Fuller, su exnovio convertido en un buen amigo, junto a su prometida Dona,
y Neythan Maykellson, Novio de Dalia y uno de los hombres más pacientes que Mar conocía.
—¡Mar! —exclamó Dalia al verla—. Ven, ya ordenamos unas papas.
Mar sonrió y los saludó a todos antes de dejarse caer en la silla.
—¿Y cómo te fue en el trabajo? —preguntó Zoé mientras movía su bebida.
—Mal —respondió Mar sin pensarlo dos veces—. El estúpido de mi jefe de área me puso a hacer SU trabajo. Y claro... terminé tarde. Otra vez.
Sus amigos hicieron sonidos de desaprobación.
—Ese tipo es un idiota —soltó Travis.
—Un idiota con poder —corrigió Mar—. Y con la habilidad de arruinar mis días.
Levantó la mano para pedir un trago y entonces Neythan habló, como si llevara un rato guardándose la información.
—Oye, Mar... creo que te va a interesar esto. Mi primo me dijo que necesita secretaria. Una con buena presencia, discreta y preparada. Pagan casi el doble de lo que ganas ahora.
Mar giró la cabeza de inmediato.
—¿Doble? ¿De verdad?
—Te serviría para escalar más rápido —añadió Neythan—. Su oficina es estricta, pero créeme, el futuro ahí es grande. Si quieres, te recomiendo. El puesto todavía está disponible.
—Si me contratan... yo invito las cervezas —respondió Mar con una sonrisa cansada pero sincera.
Todos rieron.
Yax, como siempre, soltó chistes que hicieron reír hasta a Zoé.
Travis contó un par de anécdotas de su nuevo trabajo, Dona le apretó la mano con cariño.
Las chicas le dieron ánimo, le recordaron lo capaz que era.
Hablaron hasta cerca de la medianoche, cuando el grupo comenzó a despedirse.
Neythan ofreció llevarlas, y Mar subió al auto junto a él y Dalia. Cuando llegó a casa, se desvistió con sueño y cayó rendida en la cama.
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A la mañana siguiente, la despertó la voz emocionada de su prima.
—¡Mar! ¡Levántate! ¡Ney dijo que ya tiene tu entrevista! —anunció Dalia entrando a la habitación sin pedir permiso—. Si la pasas, el puesto es tuyo.
Mar abrió los ojos de golpe.
—¿Hoy?
—Hoy —confirmó Dalia—. Tienes dos horas. Arréglate como princesa ejecutiva.
Mar le envió un mensaje rápido a su antiguo trabajo disculpándose por no ir, y se preparó sin perder tiempo. Un maquillaje ligero, traje elegante, cabello recogido con cuidado. Cuando se vio lista en el espejo, respiró hondo.
Ese trabajo podía cambiarle la vida.
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Una hora después estaba de pie frente a las oficinas de Mikellson Corporativo, uno de los complejos más imponentes de Nueva York.
Rascacielos de vidrio, mármol en las entradas, detalles pulidos.
La empresa tenía renombre mundial: construcción de materiales, desarrollo industrial y una extensa rama hotelera de lujo.
—Vaya... —susurró Mar—. Esto es otro nivel.
En recepción la estaban esperando.
—¿Mar Benneth? Puede pasar, señorita. El señor Damon la recibirá.
Un hombre joven, elegante y amable la saludó en la puerta de una sala de juntas.
—Soy Teylor Damon, encargado de recursos. Bienvenida, Mar. Siéntate, por favor.
La entrevista comenzó con preguntas básicas, pero Mar, aunque nerviosa, se desenvolvió bien.
—Veo que estudiaste Ingeniería en Gestión Empresarial —leyó Teylor en su currículum—. ¿Dónde te ves en cinco años?
Mar sonrió con sinceridad.
—En Oxford, estudiando para ser maestra de literatura. Pero primero quiero aprender habilidades reales de trabajo, crecer, superarme. No me veo quedándome estancada.
Teylor levantó la ceja, sorprendido.
—Interesante.
La entrevista continuó. Ella respondía con honestidad, a veces con humor ligero, siempre mostrando seguridad.
Al final, Teylor cruzó las manos sobre la mesa.
—Última pregunta, Mar. Y es importante.
¿Por qué debería contratarte?
Mar no parpadeó.
—Porque soy buena en lo que hago. Y si me deja ir... se va a arrepentir.
Teylor soltó una risa involuntaria.
—Bueno... esa fue una respuesta diferente —dijo, divertido—. Te llamaré en cuanto tengamos una decisión.
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Una semana después, su celular finalmente sonó.
Y ese día cambiaría su destino.
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Bajo las órdenes del destino
RomanceAmiga cercana del primo de Stephen desde hace años. • Él fue quien le habló del puesto vacante: excelente sueldo, oficina elegante, jefe estricto pero justo. • Mar necesitaba un trabajo estable... y aceptó postularse. • Lo que no sabe es que Step...
