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Prólogo

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La U.A. entera estaba en caos.

Los equipos de rescate seguían recorriendo los pasillos destruidos, mientras el eco de órdenes urgentes rebotaba en las paredes fracturadas. El humo todavía se levantaba en espirales lentas desde los restos de la batalla, mezclándose con el olor a metal quemado y concreto húmedo. Pero, a pesar de toda la actividad frenética, había un punto ciego, un vacío que oprimía el pecho de todos:

Izuku y Katsuki no aparecían por ningún lado.

—¡Revisen otra vez el ala norte! —gritó Aizawa, con la voz rasposa, más agrietada por el miedo que por el cansancio.

Los alumnos se movían rápido, pero todos tenían la misma expresión: ojos abiertos de más, respiración acelerada, una tensión silenciosa que sólo aparece cuando lo impensable está ocurriendo.

Todoroki caminaba entre montones de escombros, con las manos temblándole apenas, aunque intentara ocultarlo. Sabía que Katsuki era fuerte. Sabía que Izuku era imposible de derribar. Lo sabía. Pero el hecho de que ninguno de los dos respondiera a las llamadas de emergencia...

No era buena señal.

—No capto nada —murmuró Jiro, presionando los jacks de sus orejas contra el piso roto en un intento desesperado por encontrar alguna vibración humana—. No escucho pasos, ni voces, ni... nada de ellos.

Kirishima tragó saliva, sintiendo que el aire se hacía más espeso.

—Tal vez solo... se quedaron atrás por accidente —dijo, pero ni él mismo se creyó esa excusa. Katsuki no se quedaba atrás. Izuku siempre respondía primero a un herido. Ninguno desaparecía así. No juntos.

Uraraka tenía las manos cerradas tan fuerte que los nudillos se le habían puesto blancos.

—Esto no tiene sentido —dijo Aizawa, presionando el dispositivo de rastreo una vez más, aunque sabía que no cambiaría nada—. Sus localizadores siguen apagados.

Momo, con la respiración entrecortada, revisaba por quinta vez un mapa holográfico de la zona afectada.

—No aparecen en ninguna cámara —su voz tembló solo al final, casi imperceptible—. Ninguna los vio acercarse a los pasillos colapsados... ni a los techos... ni a las salidas. Es como si hubieran desaparecido antes de que terminara la pelea.

Todoroki frunció el ceño, su heterocromía brillando en la penumbra gris.

—Eso es imposible. Los vimos hace minutos. Bakugo estaba peleando cerca del punto oeste. Midoriya estaba ahí con el.

—Exacto —susurró Uraraka—. Estaban... aquí. Con nosotros.

Kirishima caminaba entre los escombros, revisando con desesperación restos de piedra, láminas metálicas, edificios fracturados. Su quirk hacía que sus manos se endurecieran por inercia, como si su cuerpo necesitara protegerse de lo que podría encontrar...

Pero no había ningún rastro.
Ni una huella, ni una fibra de sus trajes, ni un ruido atrapado bajo los restos.

—¿Y si...? —Denki tragó saliva—. ¿Y si algo los... los sacó de aquí?

—¿Como qué? —preguntó Jiro, aunque el escalofrío recorriéndole la espalda sugería que no quería la respuesta.

No la obtuvieron.

Los héroes profesionales que estaban cerca se miraban entre sí con preocupación creciente. Incluso All Might, que hasta ahora intentaba mantener la compostura, apretaba los puños de forma casi dolorosa.

—Esto no es normal, jovenes. Midoriya siempre responde a la señal. Y Bakugo... Bakugo no desaparecería sin pelear.

La sensación general era la de una sombra extendiéndose por el campus, como si algo hubiera pasado justo fuera del campo visual del mundo.

Aizawa finalmente guardó el dispositivo de rastreo, su expresión endureciéndose.

—No nos vamos. Hasta que sepamos qué ocurrió con ellos, nadie abandona el campus.

Y así, mientras la noche caía sobre la U.A. con un silencio inquietante, todos repetían la misma pregunta en sus cabezas:

¿Donde están? 

UN QUIRK CON REGALO - Valeria A.Stories to obsess over. Discover now