(Primera parte: La guía de la magia...) Capítulo uno

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Érase una vez en Derbiotic, un reino lleno de sueños que están por cumplir, una niña, o tal vez una princesa, dormía en la sombra de un árbol, el árbol de los corazones. Este producía un fruto que, según la leyenda, era el alimento de unas criaturas místicas y maravillosas, llamadas unicornios.

La princesa era una gran fan de los cuentos y baladas que se transmiten entre generaciones, y una de las muchas especies de criaturas más populares, es el unicornio. Entre los vampiros, las sirenas (con sus cantos mortíferos), los fénix y los dragones, sin duda el unicornio se sitúa por encima de todas ellas.

Aquellos cuentos que la absorbían durante horas y horas, le llamaban tanto la atención por su forma de narrar algo tan deshonrado en el reino. En Derbiotic todas las criaturas que lo habitaban eran ilusiones para aquellos que deseaban admirarlas, y por ello se estableció una regla, la cual consistía en no nombrarlas bajo ninguna circunstancia. Todo había sucedido hacía décadas, pero nadie se atrevía a contar la historia real de cómo desaparecieron de la faz del reino. Y por ello, el ansia de la princesa aumentaba cada día por saber hasta el último detalle.

Uno de los volúmenes preferidos de la joven se encontraba en su pecho enredado entre sus pálidos brazos.  El libro trata sobre una guía sobre los monstruos y objetos mágicos que se encuentran en la isla. Está abierto en una página en la que se encuentran dibujados infinidad de especies, los trazos se difuminan por el carboncillo que se ha utilizado. Las esquinas de las hojas están sutilmente dobladas para el interior. Y sus dedos acarician el tacto de la cubierta genuinamente, mientras aguarda descansando.

Muchas de las personas consideraron que los unicornios y también las hadas no formaban parte de los llamados "monstruos", pero en varias de las historias en las que aparecen, estos pensamientos se diluyen y todos se vuelven de acuerdo ante la decisión final. Se explica que estos pensamientos intrusivos se deben a sus aspectos, ya que estos seres se muestran bastante vulnerables al contrario que el resto. Por ejemplo, los dragones dan una sensación mucho más temible gracias a su forma y características generales.

Así pues, la prohibición aplicada para no nombrar a los monstruos del reino, también se sobrepone en la familia real, por lo que esto afecta demasiado la seguridad y la presencia de Kirlia. Por eso los mundanos, habitantes del reino, le pusieron un apodo cariñoso, o tal vez no tanto, a la dulce niña, "La princesa de los locos", a ella no parecía importarle, de hecho, incluso se podría llegar a pensar que le gusta. Por eso no le afectan mucho los comentarios en ese aspecto. En cambio, a los reyes no les hace mucha gracia, siempre intentan, dadas las circunstancias, de cualquier manera tratar de erradicar ese ostentoso apodo. Sin embargo, sus esfuerzos no valieron la pena, porque siguen circulando.

Los tirabuzones oscuros se funden con la hierba, las faldas de su vestido se enredan entre sus piernas. Dejándola en una postura bastante comprometedora. Una débil hoja cae lentamente de una de las grandes ramas del árbol de corazones, y se posa en su nariz, produciéndole así un hormigueo. Este la despierta, sus ojos entreabiertos se acostumbran a la claridad, según la posición del sol, deben de ser las cuatro de la tarde. Se incorpora poco a poco e inspecciona la zona en una rápida vista, se encuentra en los jardines reales, en concreto, en el más exótico, y también su favorito. En él hay un sinfín de flores: margaritas, orquídeas, magnolias, tulipanes y corazones sangrantes. Todos ellos plantados por ella. Siempre se entretuvo con ello, por lo que le concedieron un pequeño rincón en todo el reino donde hacer de las suyas.

Un carraspeo la saca de su estado estático de plena observación y vuelve la vista junto a la puerta trasera y única entrada al palacio desde el jardín. Una silueta alta y musculosa envuelta en una armadura parece llamarla.

Es Rowan, su mejor amigo, su guardaespaldas y también su guardia real personal, elegido explícitamente por su hermano y "mayor protector", o eso es lo que dice él, dado que por mucho que se quieran, no pasan mucho tiempo juntos.

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