Durante un año, Phuwin había trabajado en Siamé, una de las empresas de moda más prestigiosas de Bangkok, Tailandia. No cualquiera logra mantenerse en ese lugar: el ritmo era frenético y la exigencia, altísima. Pero para Phuwin y sus amigos, aquello ya formaba parte de su rutina.
—¡Levántense chicos, es momento de ir a trabajar! —dijo Book, con voz enérgica, mirando a los demás.
—¡Ya vamos! —respondieron casi al unísono Phuwin, Dunk y Santa.
Entre risas y bostezos, comenzaron a prepararse. Minutos después, se sentaron juntos a desayunar. Justo cuando el reloj marcó las 7:30 a.m., salieron rumbo a la empresa.
—¡Suban al auto! —ordenó Dunk, ajustándose la chaqueta.
—Sí, claro —respondió Santa, sonriendo mientras tomaba asiento.
—No puedo creer que ya vayamos a cumplir casi dos años en Siamé. ¡El tiempo pasa volando! —comentó Phuwin, mirando por la ventana.
—Sí, es verdad —añadió Book.
—Aunque para ti no ha sido tan tranquilo como para nosotros —bromeó Santa.
—No tanto —respondió Phuwin con una sonrisa cansada.
—Nosotros solo llevamos las agendas y citas de los gerentes, pero tú... tú tienes que romper con tus ex novias —rió Dunk.
—¡Sí! Todavía recuerdo cuando Love me dio una bofetada... trabajar para el señor Pond puede ser horrible, pero pagan muy bien —rió Phuwin, provocando carcajadas entre todos.
Al llegar a la empresa, cada uno se dirigió a su área. Phuwin subió directo a la oficina del señor Pond Naravit, el CEO, y comenzó a preparar su café, ordenar los documentos y revisar la agenda del día.
Minutos después, Pond entró en su oficina, impecablemente vestido y con su habitual porte serio.
—Buenos días, señor —saludó Phuwin con una leve sonrisa—. Ya preparé su café y los documentos para firmar. Le recuerdo que tiene una junta a las doce y... una cita con su nueva pareja, el señor Lego, a las ocho de la noche.
—Perfecto —respondió Pond, sin levantar la vista de los papeles—. En un momento te devolveré los documentos. Puedes retirarte.
—Sí, claro, señor.
Las horas pasaron rápidamente, hasta que llegó el momento de la reunión.
—Señor, es hora de la junta —anunció Phuwin.
Ambos se dirigieron a la sala de conferencias. Allí ya se encontraban Joong, Force y Perth, junto con sus respectivos asistentes: Dunk, Book y Santa, quienes tomaban nota de cada detalle.
—Bien, empecemos la reunión —dijo Pond, tomando asiento en la cabecera de la mesa.
—Primero debemos revisar la nueva colección de otoño e invierno —propuso Force.
—También debemos seleccionar a los modelos que participarán en la campaña —añadió Joong.
—Y revisar los costos de producción —intervino Perth, con su tono serio habitual.
Tras dos horas de debate, todos llegaron a un acuerdo.
—Bueno, creo que es hora de comer —dijo Force, estirándose.
—Conozco un nuevo restaurante, vamos —sugirió Perth.
—Perfecto —respondió Pond—. El asistente Dunk, puede irse a comer. Regreso en una hora.
—Sí, señor —respondió Dunk sonriendo, mientras se reunía con Phuwin, Book y Santa en la cafetería de la empresa.
Después del almuerzo, todos regresaron a sus respectivas áreas. El día transcurrió entre revisiones, correos y propuestas hasta que el reloj marcó las 7:00 p.m ... Uno a uno comenzaron a despedirse.
Phuwin tocó suavemente la puerta del despacho de Pond.
—Señor, solo le recuerdo su cita con el señorito Lego. Ya le preparé el regalo; está en el cajón de abajo —dijo con una sonrisa—. Bueno, me retiro por hoy.
—Gracias, Phuwin. Buen trabajo —respondió Pond, sin apartar la vista del monitor.
Phuwin sonrió y se despidió, saliendo de la oficina.
El reloj marcaba las 8:05 p.m. cuando Pond llegó al restaurante más exclusivo de Bangkok. Vestía un traje negro perfectamente entallado, su aroma a perfume caro llenando el aire. En una de las mesas lo esperaba Llegó, un joven modelo de rostro encantador y sonrisa coqueta.
—Llegas justo a tiempo —dijo Luego, levantándose para saludarlo.
—El tráfico estaba horrible —respondió Pond, dándole un beso en la mejilla—. Pero no podía dejarte esperando.
Ambos se sentaron, y el camarero trajo vino tinto y el menú.
—¿Qué tal te ha ido? —preguntó Lego, mirándolo con interés.
—Mucho trabajo, como siempre —contestó Pond—. La nueva colección nos tiene ocupados.
—Debes aprender a relajarte un poco —sonrió Lego, deslizando su mano sobre la de él—. No todo puede ser trabajo.
Pond sonrió con su típica mezcla de encanto y distancia.
—Tal vez tengas razón —dijo suavemente, aunque su mente, sin entender por qué, recordó la sonrisa de Phuwin al despedirse.
La noche continuó entre risas, copas de vino y miradas fugaces. Pero incluso en medio de la cita, Pond no lograba dejar de pensar en su asistente.
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"Moda, Poder... y Tú"
RomanceEn la brillante pero tensa industria de Siamé, donde cada pasarela oculta historias y cada aplauso esconde heridas, Pond y Phuwin caminan entre luces que los exponen y sombras que los separan. Un amor detenido por decisiones dolorosas, un pasado que...
