El aire de Las Vegas era una mezcla electrizante de aire seco del desierto y la promesa de excesos.
Al descender del avión privado de McLaren, el resplandor neón de la ciudad era ya visible, una mancha de luz artificial contra la oscuridad creciente del cielo, como un presagio de lo que estaba por venir.
El Gran Premio de Las Vegas no era solo una carrera; era un espectáculo, un circo de lujo y velocidad donde las reglas parecían suspenderse bajo el mantra no escrito de que lo que sucede allí, se queda allí.
Lando Norris lo sentía en los nervios, pero no era la emoción lo que lo tenía tenso.
Con 390 puntos, lideraba el campeonato.
El peso de la corona potencial era un yunque sobre sus hombros, cada mirada, cada pregunta de la prensa, un recordatorio.
Bajó por la escalerilla del avión con una sonrisa forzada para las cámaras, pero su mirada, rápida y furtiva, buscó sin querer la figura de su compañero.
Oscar Piastri lo seguía de cerca, impecable como siempre, con una calma exterior que a Lando le parecía desquiciante.
366 puntos.
Una diferencia lo suficientemente pequeña como para que cada sesión, cada vuelta, cada error, fuera crucial.
Fuera de McLaren, el mundo especulaba con una guerra interna, pero dentro del equipo, era solo un silencio incómodo, un baile cuidadoso de dos titanes que se evitaban para no romper el delicado equilibrio.
Las prácticas del jueves fueron un infierno de asfalto reflectante y adrenalina pura.
Todos los pilotos empujaban al límite, buscando ese décimo de segundo que podía significar la gloria o el fracaso en el circuito urbano más fastuoso del calendario.
Lando terminó muy bajo en la tabla de tiempos, Oscar incluso aún más por debajo.
Ambos con tan buenos resultados, peligrosos, pero la tensión entre ellos no disminuyó.
Era palpable, como la estática antes de una tormenta.
En el paddock, la dinámica era dolorosamente clara.
Se ignoraban.
No por maldad o desprecio, sino por una abrumadora incapacidad para encontrar las palabras correctas.
Un saludo de rigor en una entrevista conjunta, una mirada breve y evasiva al pasar, un "buen trabajo" mecánico y vacío, pronunciado para las cámaras del equipo.
La conexión fácil, los juegos tontos, el coqueteo casi involuntario que había caracterizado su relación meses atrás, se había esfumado, reemplazado por el peso monumental del campeonato.
Zak Brown, observando desde la garancia, no era ciego.
Veía a la presión estrangular el alma del equipo.
La rivalidad era saludable, pero esto era una grieta, y las grietas en la F1 se convertían en abismos.
Harto de la atmósfera gélida, decidió tomar cartas en el asunto de una manera… peculiar.
Un plan nacido de la desesperación y la lógica retorcida de un jefe de equipo.
Al terminar las prácticas, cuando el agotamiento físico y mental era máximo, ambos pilotos recibieron un mensaje privado e idéntico en sus teléfonos.
«Lando/Oscar. Necesito hablar contigo en un ambiente más relajado. Hotel, suite 2442. Es importante. Zak.»
Lando frunció el ceño, leyendo el mensaje en la privacidad de su motorhome.
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Atrapados || Landoscar || O.S.
Fanfiction«Lo que pasá en Las Vegas, se queda en Las Vegas, ¿o no?» Lando y Oscar han estado tensos durante semanas, lo que parece una amistad que ambos profesan conservar parece más un bloque de hielo que no se derrite en lo mínimo. Así que Zak encuentra la...
