Prólogo

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Una voz llegaba a ella como un susurro arrastrado por el viento, pero las palabras se deshacían en un eco antes de alcanzarla. No sabía de quién venían, y no sabía si debía escucharlas.

La magia antigua rugía a su alrededor, alzándose en espirales luminosas que se entrelazaban como serpientes de luz. Fluían rápidamente, se enroscaban, se hundían en su piel con un ardor inhumano. El aire parecía vibrar y la piedra bajo sus pies temblaba.

El dolor era insoportable y glorioso a la vez, se sentía invencible en ese momento.

Cada parte de su cuerpo ardía como metal fundido, como si la estuvieran rehaciendo desde lo más profundo de su ser. Era fuego vivo, poder puro, una fuerza tan vasta que era imposible de controlar. Y aún así deseaba más.

—Tienes que detenerte, por favor...

La voz volvió, más cerca esta vez, pero seguía siendo un eco débil detrás del rugido de la magia. Sonaba desesperada, como si se rompiera al intentar alcanzarla.

El poder la llamaba desde adentro, como una presencia antigua y profunda que ya estaba dentro de ella pero ahora exigía salir.
No hablaba con palabras: era una sensación abrasadora. Algo le decía por dentro que ella era la elegida, que era la única persona entre millones que merecía ese poder.

La piedra bajo sus pies se agrietó, iluminándose con fracturas blancas que subían por las paredes del círculo como si estuvieran vivas.

Y entonces lo escuchó:

—Erinne.

Logró reconocer la voz que la llamaba.
Por un pequeño instante, una grieta mínima la sacó de su trance. Fue un segundo de claridad, un momento donde vió a la persona que le suplicaba detenerse.

Era una voz sincera, que le hablaba con amor genuino. Su cabello castaño, sus ojos marrones que resultaban siempre tan penetrantes y expresivos, las pecas que adornaban todo su rostro.

Pero la magia tiró de ella más fuerte, reclamándola con exigencia y dominio.

Sus dedos temblaron alrededor de la varita, que apuntaba al cielo como si de allá viniera el poder. Los espirales de luz que la rodeaban se aceleraron, convirtiéndose en un torbellino cargado de magia. Su respiración temblaba, entrecortada, como si cada inhalación fuera un grito sin sonido.

—Erinne, te lo ruego... —la voz insistió sin ceder. Cada palabra parecía dolerle al que hablaba—. No quiero perderte como perdí a mi hermana, no me lo perdonaría...

Fue entonces cuando la duda se planteó en su corazón, preguntándose si realmente valía la pena perderlo todo por poder.

Pero el llamado de aquella magia ancestral era más fuerte que sus convicciones, seguía reclamando a Erinne Kearns como suya.

Ella sólo cerró sus ojos y se dejó llevar por lo que había en su corazón, y entonces una enorme onda expansiva broto de sí misma.

La última dinastía; Sebastian SallowStories to obsess over. Discover now