Una fina capa de polvo flotaba dentro de los haces de luz que entraban por los ventanales altos. Los pupitres antiguos permanecían alineados con una precisión que parecía más propia de un museo que de una escuela.
Jean Grey estaba sentada sobre uno de ellos.
Tenía dieciséis años y llevaba demasiado tiempo esperando.
Su cabello rojo caía sobre su espalda mientras observaba la ciudad a través de la ventana. Había algo extraño en aquel lugar. La barrera que rodeaba la escuela no se había sentido como una pared.
La había dejado pasar.
Eso era lo preocupante.
Jean se mordió ligeramente el interior de la mejilla.
Entonces escuchó voces en el pasillo.
—Te digo que fue ridículamente fácil —decía una voz masculina, divertida—. Esa maldición ni siquiera alcanzó a verme.
—Porque no le diste tiempo —respondió otra voz, más tranquila—. No conviertas cada misión en una competencia.
—¿Y para qué sirven los poderes si no puedo presumirlos?
Jean giró apenas la cabeza.
Dos figuras aparecieron al final del corredor.
El primero llevaba el uniforme con una despreocupación casi irritante. Cabello blanco, gafas oscuras y las manos metidas en los bolsillos.
El segundo caminaba a su lado con una postura mucho más ordenada. Cabello negro recogido y una expresión serena.
Jean los observó.
No necesitó leer sus pensamientos para saber que eran hechiceros.
El chico de cabello blanco se detuvo.
—...¿Qué?
Jean sostuvo su mirada.
Gojo se quitó las gafas.
Los Seis Ojos recorrieron el aula.
La energía maldita estaba ahí.
La barrera estaba ahí.
La escuela estaba ahí.
Pero ella...
Nada.
No había flujo de energía maldita recorriendo su cuerpo.
Nada que pudiera reconocer.
Gojo inclinó ligeramente la cabeza.
—Interesante.
Jean sintió la mirada con mayor intensidad.
No era exactamente una mirada.
Era como si alguien estuviera intentando abrirla de arriba abajo y leer el mecanismo que la mantenía en pie.
Su expresión no cambió.
—Oye.
Jean volvió los ojos hacia él.
—Tú.
Silencio.
Gojo señaló su cabello.
—La del pelo rojo.
Jean arqueó una ceja.
—Tengo nombre.
Suguru miró a Gojo.
Una sonrisa pequeña apareció en el rostro de Satoru.
—Entonces puedes decirme cómo te llamas.
—No te pregunté el tuyo.
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La chica que movió a Gojo
FanficEn la Escuela Técnica de Jujutsu de Tokio, el poder suele anunciarse con ruido. Satoru Gojo lo sabe. Suguru Geto también. Ambos son prodigios, temidos, admirados, intocables. Hasta que una chica pelirroja cruza la barrera de la escuela como si siemp...
