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Lucifer lucía hermoso. Rubio, pálido, esbelto y perfectamente bello como cuando lo conoció. Lo malo es que ahora no quería ni verlo.

Si le pidieran elegir el momento en el que eso ocurrió, Alastor no sabría decirlo, pero sabía que su futuro divorcio ya no era una opción, sino una necesidad.

Lucifer siempre fue el tipo de hombre inocente que parecía no saber cómo era el mundo, esa mezcla de ingenuidad y torpeza lo hacía encantador. Era lógico que fuera así ya que él creció entre la opulencia y las oportunidades, siendo hijo de alguien rico, ex esposo de una mujer que no dudaba en darle una pensión exagerada y sin ninguna necesidad de trabajar. Más de una persona le dijo al locutor que un hombre así estaba fuera de su alcance, pero él demostró que no podía ser subestimado.

—Lu, ya me voy a trabajar. —El moreno removió a su esposo para despertarlo pero el rubio apenas y mostró señas de prestarle atención, respondiendo en murmullos.

—Sí, adiós... Te amo... —Dicho esto se volvió a dormir.

—Yo también te amo. —El castaño susurró con esa monotonía de una frase que ambos emitían de la misma manera automática que se da el saludo a un desconocido.

La relación no siempre era mala, a veces, lo miraba y reconocía al hombre guapo y tierno que lo atrajo, cuando se ponía un poco juguetón en la cama o lo adorable que era por emocionarse con los patitos del estanque o su ansiedad por ser buen padre.

Su esposo era un dulce que podía saborear sin problemas ni complicaciones, alguien fácil de leer y de complacer, sus emociones eran transparentes y él, alguien sencillo sin grandes ambiciones. El problema era justo ese.

Un hombre, cuyo peculiar nombre debería inspirar terror y respeto, vivía con su propia comodidad doméstica, sin desear la atención que podría obtener con sólo chasquear los dedos. En cambio, él tenía que esforzarse para crear un nombre respetado en los medios y, su mayor logro había sido casarse con el heredero magnate de una empresa enfocada avances respecto a la aeronáuticos, a pesar de un ser un simple locutor de radio que aún no salía de una estación local de Nueva Orleans.

Sólo había ocurrido poco más de un año desde que se habían casado, pensó que siempre se sentiría vivo, constantemente retado por un hombre que parecía estar por encima de él, pareciendo que lo veía como un igual y él, un hombre de los barrios bajos que tenía una inmensa hambre de ser el hombre más grande en los medios, escuchado por todos. Juntos podrían lograr grandes cambios si el rubio decidiera poner de su parte y no dejar que todo siguiera sin su intervención.

Decir que se amaron durante un año sería ser muy amable. Lucifer estaba tan necesitado de ser amado otra vez y Alastor tenía algo que demostrar, sus intereses coincidieron para formar el matrimonio, pero no así sus sentimientos.

Sin embargo, era cierto que se querían y Alastor realmente estaba comprometido con esta relación, al punto de dejar el lugar que tanto amaba y del que estaba tan orgulloso para que el rubio no perdiera sus comodidades ni tranquilidad, por mucho que se dijera que era un bien para ambos, su sangre mestiza ardía por estar lejos del que había sido su hogar. Era una cuestión de orgullo y dignidad a sus raíces que su esposo muchas veces parecía no comprender.

El moreno no era alguien que soportara las cosas que le desagradaban y esta relación había llegado a ese punto, por lo que se decidió hacer un intento más por recuperar la chispa que había sido más fugaz que un cometa en su matrimonio.

Por encima del día que había tenido en la estación por una reunión con sus productores ya que su contenido era "muy oscuro", necesitaba discutir un poco con el más bajo para sentir que podía sacar esa frustración y solucionar por fin un punto muerto en su vida.

Divorcio [MurderMedia]Where stories live. Discover now