Isabel Medina, una noble conocida por todos por ser grosera, mandona y del mal humor. Siempre fue una chica difícil de entender, pues su personalidad tan liberal hacian que fuera un desastre, ya que siempre terminaba yendo por libre haciendo lo que...
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Mi mayor pecado.
Para todas las personas que se sintieron extraños por no ser como la sociedad les decia.
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En la España del siglo XVIII, la nobleza vivía uno de sus mejores momentos. Tras el fin de la guerra de Sucesión y el inicio del reinado de los Borbones, todo iba demasiado bien para esas familias con estatus.
La boda del joven Alfonso Medina, de apenas 19 años, con la señorita Elvira Castro, de la misma edad, supuso la unión entre dos de las familias más poderosas del Reino, por lo que el evento hacía justicia a tales títulos.
Una fiesta llena de lujos, comida, vino y, sobre todo, muchos invitados de todas las edades, títulos y riquezas; había un despropósito de personas ahí metidas.
Una de esos tantos invitados era Isabel Medina, hermana menor de Alfonso. Con 17 años, ni casada ni comprometida, con un físico atractivo y perteneciente a una familia de renombre, claramente sería objetivo de muchos coqueteos en la gala.
Ella escuchaba comentarios de todo tipo, algunos la invitaban a bailar, Isabel los rechazaba con la excusa de que estaba cansada. Otros simplemente hablaban de sus logros como grandes nobles con intencion de presumir. La joven no podía estar más aburrida mientras se tomaba su copa de vino tinto. Pues no estaba ni una pizcq interesada en ninguno de ellos.
-Disculpe, señorita Medina, ¿me haría el favor de concederme un baile? -habló un hombre ofreciéndole su mano.
Isabel reconoció esa voz al instante, Rodrigo Diaz, un amigo de confianza de su hermano y también de ella. Se conocían desde hace mucho, la joven lo consideraba su segundo hermano.
-Con mucho gusto -tomó la mano de su amigo y dejó su copa en la mesa para salir a bailar.
-¿No había dicho que estaba cansada? No es más que una mocosa grosera. No me extraña que siga sin comprometerse.