Mi nombre es Hansel, aunque a veces siento que ese nombre ya no me pertenece. Es como una vieja prenda que me queda demasiado ajustada, un eco de un pasado que se desvanece entre la neblina de los días. Tengo catorce años, pero mi alma se siente mucho más vieja, cargada con el peso de secretos que carcomen mis entrañas.
Recuerdo los días en que la vida tenía el color brillante de los crayones recién sacados de la caja. Mi mamá, Nora, era mi universo entero. Su amor era un abrazo cálido en una noche fría, una canción de cuna susurrada al oído, un beso suave que curaba cualquier rasguño. Éramos ella y yo contra el mundo, un equipo invencible.
Pero entonces, llegó él. Jesu. Como una sombra oscura que se desliza silenciosamente, apagando la luz poco a poco. Se casó con mi mamá y, de repente, el mundo se volvió un lugar peligroso y confuso. Sus manos, que al principio parecían tan amables, se convirtieron en garras que me aprisionaban en la oscuridad.
El abuso… es una palabra fea, un monstruo que vive debajo de mi cama y que sale a jugar cuando la luna está alta. No puedo hablar de ello, las palabras se atoran en mi garganta como espinas afiladas. Así que finjo. Finjo que todo está bien, que soy feliz, que la sonrisa en mi rostro es genuina. Pero por dentro, estoy gritando.
Y mi mamá… ella cambió. Sus ojos, antes llenos de amor y preocupación por mí, ahora se posan en Jesu con una devoción ciega. Él se convirtió en su prioridad, en su sol, eclipsando mi existencia. Ya no ve mis heridas, ni mis silencios, ni las lágrimas que se esconden detrás de mis ojos heterocromáticos. Uno verde, como las uvas ácidas que solíamos comer en verano, el otro azul grisáceo, como el cielo tormentoso que presagia una tempestad.
Luego llegó Fer, el hijo de Jesu. Un niño de cinco años con cara de ángel y alma de demonio. Frente a los demás, es un querubín dulce e inocente. Pero cuando estamos a solas, sus palabras son dagas que envenenan mi corazón. Se burla, me humilla, me recuerda constantemente lo insignificante que soy. Y mi mamá… ella lo adora. Lo prefiere antes que a mí, antes que a su propio hijo.
Un día, reuní el coraje para contarle a mi mamá sobre Jesu. Le dije todo, con la voz temblorosa y el corazón latiendo con fuerza. Pero ella no me creyó. Negó mis palabras, me acusó de mentir, de ser un niño malagradecido. Eligió creerle a él, al hombre que me estaba destruyendo por dentro.
Así pasaron los años, entre sonrisas falsas y lágrimas silenciosas. Sentía que algo en mí se estaba rompiendo, que mi cuerpo se rebelaba contra el dolor. Mareos repentinos, espasmos incontrolables, náuseas constantes, un dolor sordo que me recorría de pies a cabeza, la falta de apetito, la debilidad… Lo ignoré todo, como siempre. Aguantaría, como siempre.
Hasta ese día.
Jesu estaba haciendo de las suyas, aprovechando la ausencia de mi mamá y la inocencia de Fer. Sus manos… no quiero recordarlo. De repente, la oscuridad me envolvió. Caí al suelo, como una marioneta a la que le cortan los hilos.
Desperté en un hospital. Una habitación fría y aséptica, con olor a desinfectante y miedo. Estaba solo. Me levanté, tembloroso, y me acerqué a la puerta. Y entonces, los escuché. A mi mamá, a Jesu, a Fer… hablando con un doctor.
—Sus días están contados —dijo el doctor, con voz grave—. Tendrá que quedarse aquí, en la zona de cuidados infantiles.
No me sorprendió. En el fondo, siempre supe que esto pasaría. Que mi cuerpo no podría soportar más dolor. Así que no dije nada. Simplemente regresé a la cama y me acurruqué bajo las sábanas.
Soy Hansel, y estoy muriendo. Pero nadie parece darse cuenta.
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~Hasta el último respiro~
Romance"Hansel y Dany son dos jóvenes pacientes en un hospital, enfrentando enfermedades terminales. En medio del dolor y la incertidumbre, encuentran consuelo y amor el uno en el otro. Su relación se convierte en un refugio, una fuente de alegría y espera...
