PROLOGO

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La vida de Wei Ying siempre había sido demasiado ligera, como si solo se necesitara una pequeña ráfaga de viento para arrancarlo del lugar al que pertenecía. Tal vez por eso, desde pequeño, corría, reía y hablaba demasiado, para demostrar que estaba ahí, que existía, que no era una sombra perdida en una casa demasiado grande para él.

Tenía apenas tres años cuando los Jiang lo adoptaron. No recordaba a sus padres; solo un destello cálido en la memoria, una voz que sonaba como el sol. Después de eso, casi todo lo que recordaba eran los pasillos fríos de la mansión Jiang, los gritos lejanos de Madam Yu, y la forma en que Jiang Cheng, apenas un niño un año mayor que él, lo tomaba de la muñeca y lo arrastraba a esconderse, murmurando enfadado que no debía llorar, que él estaba ahí, que no lo dejaría.

Fue la primera promesa que Jiang Cheng le hizo

Y la única que nunca rompió.

La tragedia llegó un año atrás, cuando un incendio devoró la mansión Jiang en cuestión de minutos. Las investigaciones concluyeron que había sido un fallo eléctrico antiguo que Madam Yu se había negado a reparar por considerarlo "innecesario". Las llamas se extendieron tan rápido que ni los bomberos ni los guardias de seguridad pudieron hacer nada. Jiang Fengmian y Yu ZiYuan quedaron atrapados en la habitación principal. Wei Ying y Jiang Cheng sobrevivieron porque estaban en la terraza exterior cuando el fuego comenzó y lograron escapar antes de que la estructura colapsara.

De esa noche, Wei Ying solo recordaba el calor sofocante, el olor a humo y la mano de Jiang Cheng sujetándolo con tanta fuerza que sus dedos quedaron marcados en la piel durante días.

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Ahora, a los quince años, Wei Ying seguía siendo ligero, pero de una forma distinta. Movía el cuerpo con gracia despreocupada, con esa energía chispeante que iluminaba a cualquiera o irritaba a la mayoría.

Era porrista del equipo de baloncesto, y le encantaba el movimiento libre de las faldas, el color, la coquetería juguetona. 

Era un omega bonito, delicado y llamativo, demasiado llamativo, según algunos, pero Jiang Cheng caminaba detrás de él como una sombra silenciosa, vigilante, protegiéndolo incluso cuando Wei Ying rodaba los ojos y decía que era exagerado.

A veces, Jiang Cheng se lo tomaba como un insulto personal.

Quizá porque solo se tenían el uno al otro.

De haber podido, Jiang Yanli habría pedido la custodia. Pero la ley era clara, una omega con hipersensibilidad hormonal clínica no podía hacerse cargo legalmente de un omega menor de edad. Y Yanli, debido a un trastorno endocrino congénito, padecía crisis hormonales inestables que requerían medicación constante. Era capaz de vivir su vida con normalidad, incluso de cuidar y amar, pero el sistema consideraba su condición demasiado riesgosa para la tutela oficial de un omega joven. Ella lo había intentado, llorando frente a abogados y jueces, pero la ley nunca vaciló.

Por eso Jiang Cheng, con apenas dieciséis años, fue quien tuvo que enfrentarse al mundo entero.

Había peleado contra abogados, contra parientes lejanos, contra el sistema entero si era necesario, para emanciparse y obtener la custodia de Wei Ying.

"Él es mi hermano," había dicho. "No voy a dejar que nadie más lo toque."

Y nadie se atrevió a contradecir a un alfa heredero de una empresa multimillonaria, hijo de dos familias poderosas... y con un temperamento que podía incendiar una sala entera.

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Vivían del fideicomiso hasta alcanzar la mayoría de edad. Vivían solos, juntos, con una rutina que parecía rota y remendada, pero suya. Jiang Cheng seguía a cargo de todo, cuentas, escuela, horarios, citas médicas, rutinas, seguridad. Wei Ying era el caos, la risa, la luz, la razón por la que Jiang Cheng se levantaba cada mañana sin sentir que la casa estaba vacía.

Pero el mundo no se detenía solo porque ellos se necesitaran.

En la preparatoria, entre los hijos de las grandes familias, todo era política silenciosa. 

Los Jin, los Nie, los Lan... Y aunque todos eran ricos, los Lan estaban un paso más arriba, con su elegancia estricta, su reputación impecable y su forma de comportarse como si nunca tocaran el suelo.

Lan Zhan era el ejemplo perfecto de eso.

Alto, alfa, inexpresivo, estrella del equipo de baloncesto. Nadie sabía si alguna vez se había permitido un error.

Wei Ying lo había visto por primera vez en una práctica, sudor sobre la piel pálida, cabello negro pegado al cuello, movimientos precisos, mirada gélida. Y por alguna razón, en ese mismo instante, había sentido que el aire se volvía demasiado denso a su alrededor.

Jiang Cheng, también parte del equipo, lo había visto y casi se había atragantado de molestia.

Nie Mingjue, el entrenador —un alfa gigante, intimidante y sorprendentemente cariñoso con su esposo, Lan Xichen— había sonreído como si supiera exactamente lo que estaba ocurriendo. Y tal vez sí lo sabía.

Porque en ese mundo, donde los alfas heredaban imperios y los omegas aprendían a sobrevivir bajo miradas que los querían moldear, Wei Ying destacaba como una chispa brillante entre columnas de mármol.

Había quienes lo despreciaban por ser delicado, otros lo envidiaban, otros simplemente lo deseaban, pero Lan Zhan lo miraba como si... como si no pudiera evitarlo.

Y Jiang Cheng lo miraba como si todo lo referente a Lan WangJi fuera una amenaza.

En esa preparatoria de élites, con secretos de familia, herencias pesadas y vínculos más antiguos que su propio nacimiento, Wei Ying era una anomalía. Demasiado libre para encajar, demasiado valioso como para ignorarlo.

El destino, sin embargo, no suele preguntar.

Y esta vez, estaba a punto de unir los caminos de un omega luminoso y un alfa silencioso que nunca había aprendido a sentir.



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No se dejen llevar mucho por la seriedad, solo deseo un Fanfic cliché de capitán de algún deporte y porrista, también quería una relación de hermanos cercana.

Lan Zhan Necesita Ayuda (en el Amor)Stories to obsess over. Discover now