Capítulo 1 — “La Llamada”
La casa está en silencio. Jessica duerme como un ángel envuelta en las sábanas, respiración suave, tranquila… y Sam intenta convencer a su cerebro paranoico de que, por una noche, todo está bien. Palo Alto, la universidad, su vida normal… casi parece real.
Hasta que abre los ojos y la habitación está completamente negra.
Un sonido.
Algo que se arrastra.
Sam se incorpora, la respiración clavada en la garganta. Una silueta oscura cruza la habitación.
El aire se vuelve frío.
Muy frío.
—¿Jess? —susurra.
Ninguna respuesta.
La silueta se acerca. El ruido de estática, como un televisor viejo, estalla junto a su oído.
Manos gélidas lo agarran.
Garras.
Sombras.
La figura se inclina sobre él y—
Sam despierta de golpe, empapado en sudor.
Solo era un sueño.
Otra vez.
No puede escapar de su pasado ni en sueños.
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Esa noche, ya más calmado, Sam y Jess vuelven de una fiesta. Ella ríe por algo tonto, él carga la bolsa de dulces que “no iba a comprar” pero igual compró, y todo parece… normal.
O al menos hasta que Sam escucha un golpe sordo dentro del departamento.
Se congela.
Jess lo nota.
—¿Sam?
—Shh. Hay alguien adentro.
Ella se queda detrás mientras él empuja la puerta. La casa está a oscuras. Todo en su sitio… excepto por una sombra cruzando el pasillo.
Sam reacciona al instante: salta encima de la figura, la derriba y le mete una llave de lucha como si fuera un examen práctico de “Cómo No Morir 101”.
La figura forcejea.
Gime.
Y escupe:
—¡Oye! ¡Bájate de mí, Sasquatch! ¡Me estás rompiendo una costilla!
Sam parpadea. Reconoce la voz.
La suelta de inmediato.
—¿Dean?
Dean se incorpora del suelo, despeinándose como si le hubieran pateado la dignidad entera.
Apenas se pone en pie, suelta una sonrisa idiota y orgullosa, como si todo esto fuera parte de su plan maestro.
—Hola, hermanito. ¿También te alegra verme o solo querías practicar lucha libre? Porque si era un abrazo, te salió… agresivo.
Sam frunce el ceño, en modo “estoy cansado y quiero respuestas”.
—¿Qué haces aquí?
—¿Qué hago aquí? —Dean levanta las manos—. Te salvo el trasero, claramente. Y vengo por algo más importante.
Hace una pausa dramática.
Sus ojos bajan, voz más seria.
—Papá está en una cacería… y desapareció.
Sam lo mira como si le hubieran tirado encima toda la vida que había intentado dejar atrás.
Dean, fiel a su estilo, rompe la tensión con un mini–encuentro visual con Jessica.
Le sonríe con ese aire “no soy problema… pero probablemente sí”.
—Hola. Soy Dean. El hermano guapo.
Jess parpadea, confundida.
Sam rueda los ojos con ganas de tirarle algo.
