Di mi nombre hasta que lo ame

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La vida ha sido extraña desde que estoy en esta casa. Estaba harta, fastidiada de todo el caos que envolvía mi día a día. Vivir por mi cuenta era difícil, y aún más con una compañera de habitación que no pagaba su parte de la renta. Volver a casa de mis padres estaba fuera de discusión. Me había metido en todo esto para escapar de ese lugar para empezar ¿Qué sentido tendría haber sufrido todo eso si al final volvería con ellos? El chico de playera azul fue una buena distracción. Me hizo sentir especial que alguien me notara, que un completo desconocido me viera de reojo y se interesara en conocerme. Fue tierna la idea de ese chico tratando de juntar fuerzas para entrar al restaurante e iniciar una conversación. Ese primer día pensé que sería el inicio de una bonita historia de amor, una que me daría la motivación suficiente para atravesar toda la mierda en la que me hundía. Estaba equivocada.

La sensación de ser acechada, la ventada abierta todas las noches, el asesinato... ¿Cómo pude ser tan idiota? ¿Cómo no pude reconocer el peligro? No fue hasta que subí a su camioneta que realmente comencé a angustiarme. ¿Un viaje de 3 horas? Me estaba dirigiendo al hogar de un desconocido, de alguien que ni siquiera sabía su verdadero nombre, alguien que se comportaba como si fuera mi dueño... Si bien mi vida ya no era caótica, ahora se había reducido a esta casa. ¿Cuánto tiempo había pasado? No lo sabía, ni quería saberlo. Evitaba mirar el calendario o la televisión. Todo lo que hacía era cocinar, limpiar y ,principalmente, explorar.

Ahora mismo me encuentro explorando su habitación. Él se está bañando y como las últimas veces, dejó la puerta abierta. Normalmente evitaría acercarme, pero estoy aburrida y ese lugar era uno de los que poco había tenido oportunidad de husmear. Huele a él, por supuesto. Las sábanas están tendidas y en general todo parece ordenado. Miro hacia el escritorio, la computadora está encendida y su sesión abierta. Lo ignoro y abro los cajones de su guarda ropa. No hay mucha variedad como esperaba, las únicas prendas que no había visto antes eran ropa de invierno. Sin nada que me interese cierro los cajones y me dirijo a la cama. Debajo hay unos cuantos pares de zapatos, basura y polvo. La única caja que parecía prometer algo solo tenía unos tenis gastados.

Finalmente me dirijo al escritorio. Saco por completo el primer cajón y me siento en el suelo con él en las piernas. Hay lápices mordisqueados, bolígrafos, un cuadernillo con cosas escritas sobre su canal incluyendo una lista de productos que le recomendaron probar. Pude reconocer varias marcas de productos corporales y todas ellas ya estaban tachadas de la lista como descartadas. Al terminar de revisar cada objeto fui por el segundo cajón. Igual que el primero lo saqué por completo y puse en mis piernas. Lo primero que llamó mi atención fue un puñado de dulces en sus envolturas de celofán. Al acercarlos a mi nariz me percato de que son chocolates y sin pensarlo mucho abro uno y me lo como. El resto lo guardo en mis bolsillos.

Libretas con nada realmente interesante, papeles, recibos... un par de rollos de película. La curiosidad me gana y abro uno esperando que no sea nuevo. Por suerte el rollo ya está revelado. Suspiro aliviada. Dudo que se enojara demasiado si llegaba a velar sus rollos, pero prefería no descubrirlo. Estiró el rollo y lo llevó hacia la luz. Hay un montón de de pequeñas fotos y en ellas... estaba yo. En cada una. Fue un poco difícil reconocer los espacios por lo pequeña de la imagen pero finalmente logro reconocer el restaurante, el parque, mi antiguo departamento, incluso mi habitación. ¿Cuánto tiempo tenían esas fotos? Claramente las había tomado antes de hablarme directamente pero... ese peinado... estoy segura de que me corté el cabello meses antes de conocerlo.

Siento un escalofrío en todo el cuerpo. Mis ojos comienzan amenazan con llenarse de lágrimas y por un momento me lleno de pánico, el mismo pánico que sentí la primera vez que desperté atada en esta casa.

Me trago el sentimiento y guardo el rollo en su caja. No tiene caso alterarme así.

Decido no revisar los demás rollos y tomo otro de los cuadernillos. Nuevamente anotaciones sobre su trabajo, listas, cronogramas... hasta que al pasar las hojas algo rígido cae al piso. Es una tarjeta de identificación. Peter Dunbar.

Di mi nombre hasta que lo ameStories to obsess over. Discover now