capitulo 1: Olvidó

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Auch...
¿Dónde estoy?
¿Qué hago aquí?

Desperté en un lugar cubierto por una neblina espesa, tan densa que apenas podía distinguir mis propias manos. Todo era oscuridad y silencio, salvo por el crujir del suelo bajo mis pies. A mi alrededor, los árboles se alzaban secos, sin vida, como esqueletos apuntando al cielo. No recordaba nada de lo sucedido... ni siquiera mi nombre. No sabía cómo había llegado hasta allí, ni quién era antes de abrir los ojos en ese sitio.

Me incorporé lentamente. Mis manos... eran de trapo. Mi piel parecía costura, y mis dedos estaban unidos por finos hilos. Sentí mi cabello corto, liso como la seda negra, cayendo sobre mi rostro. Solo un tenue resplandor se filtraba entre la neblina, tan débil que apenas iluminaba unos pasos delante de mí.

Entonces lo escuché.
Susurros... llantos... voces que se arrastraban entre los árboles.

Giré la cabeza y la vi.
Una figura alta, encadenada a un árbol. Su cuerpo era una sombra espesa, y su cabeza... una forma de ojo gigante. No tenía pies, solo extremidades alargadas.

Me acerqué con cautela, buscando respuestas.
-¿Hola?... ¿Podrías decirme dónde estoy? -pregunté con voz temblorosa.

La criatura giró lentamente el ojo hacia mí y gruñó:
-¿Tú...? No deberías estar aquí... ¡Deberías estar muerta! ¿Por qué pareces una muñeca?

Sus palabras me atravesaron como agujas.
¿Muerta? ¿Muñeca? ¿Qué soy?

-Tengo que irme -susurré.

Pero antes de que pudiera dar un paso atrás, una de sus sombras se extendió hacia mí y me tomó del brazo.
-¡NO IRÁS A NINGÚN LADO! -rugió con una voz que hizo vibrar los árboles.

Con desesperación, tomé el alfiler que sostenía mi cabello y lo clavé en uno de sus tentáculos.
-¡Auch! -gritó la criatura, soltándome.

Corrí. Corrí tan rápido como mis piernas de trapo me lo permitieron. Los árboles comenzaron a llenarse de ojos que me observaban, y del suelo emergían manos que intentaban atraparme. La criatura se liberó de sus cadenas y su sombra comenzó a perseguirme, extendiéndose por la neblina como una tormenta viva.

Entonces la vi:
una puerta.

Corrí hacia ella sin mirar atrás. Al abrirla, solo encontré oscuridad absoluta. Extendí mi mano... no podía verla. Era un vacío completo, sin luz, sin suelo, sin aire.

¿Entrar o enfrentar al monstruo?

Sin pensarlo más, crucé el umbral. Prefería perderme en la oscuridad antes que morir desgarrada por aquella cosa.

Corrí dentro del vacío, sin dirección, sin fin, hasta que el suelo desapareció bajo mis pies.
Caí.

Mientras descendía, alcancé a ver el ojo del monstruo asomándose desde el borde del pozo oscuro. Luego, todo se volvió negro.

Y cuando volví a abrir los ojos...
el cielo estaba cubierto de nubes.

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