PRIMER ENCUENTRO
Nasiens tenía dieciocho, un delantal azul desteñido y una quemadura en el dedo índice que palpitaba delatando la frescura de la herida.
El reloj de pared marcaba las 16:43 de un viernes de noviembre que olía a avellana y a café recién molido.
La cafetería donde trabajaba era un rincón escondido entre una librería de segunda mano y una tienda de discos de vinilo; paredes de ladrillo visto cubiertas de enredaderas falsas, mesas de madera y un letrero de neón que parpadeaba "OPEN" en verde menta.
Ella estaba detrás del mostrador, limpiando la máquina de espresso con un trapo que ocultaba el pequeño accidente que le había ocurrido, cuando la campana de la puerta tintineó.
Entró él.
Percival.
No sabía su nombre todavía, pero supo en el instante en que sus ojos se cruzaron que recordaba aquella mirada. Llevaba una sudadera gris un poco empapada, el cabello verde pegado a la frente como si acabara de salir de una piscina, y una mochila colgada de un solo hombro.
La lluvia de verano había llegado de golpe, sin aviso, y él parecía la única persona en toda ciudad que no llevaba paraguas.
Se sacudió el agua del pelo como un perro mojado y sonrió al vacío, como si la tormenta fuera una broma privada.
Nasiens dejó de respirar por medio segundo.
No era guapo de catálogo. Era guapo de la forma en que lo son las cosas inesperadas: la curva de su sonrisa era demasiado ancha, los ojos demasiado morados, las pestañas demasiado largas para alguien que parecía no darse cuenta.
Se acercó al mostrador con pasos que no pedían permiso y apoyó los codos en la madera.
-Hola -dijo, con una voz ronca por el frío-. ¿Tienen algo caliente que no sea té de manzanilla? Odio la manzanilla.
Nasiens tragó saliva.
Su dedo quemado latió más fuerte.
-Tenemos... latte, cappuccino de avellana, chocolate caliente con malvaviscos -. Contesto ella seguida de una pausa. O solo americano, si quieres algo que te despierte de verdad.
Él ladeó la cabeza, estudiándola como quien estudia un mapa nuevo.
-¿Tú qué prefieres tomar cuando te quemas el dedo con la máquina de espresso?
Ella parpadeó.
¿Cómo sabía...?
-Ah. -Él señaló su mano derecha, donde su pequeño accidente había dejado una marca roja-. Te vi soplando el dedo hace un rato. Parecías a punto de llorar.
Nasiens se miró la mano. No se había dado cuenta que alguien la observaba.
-No lloro -mintió-. Solo... duele.
-Claro. -Sonrió él más-. Entonces, ¿qué tomas para que te deje de doler?
Ella dudó.
Normalmente no hablaba con clientes.
Normalmente los clientes no le preguntaban.
-Chocolate caliente con malvaviscos-dijo Nasiens al fin-. O un moccachino.
-Perfecto. Me lo apuntas. Y... -miró su dedo- ¿tienes hielo?
Ella asintió, todavía aturdida.
Fue a la nevera, sacó un cubito, lo deposito en un vaso de vidrio y se lo tendió.
-Toma.
Él lo aceptó con una pequeña sonrisa.
-Gracias, señorita.
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Blue Valentine
FanfictionEn aquella cuidad, Nasiens y Percival se conocen por casualidad en un café. De un ticket con un número telefónico, nace una amistad que pronto se convertirá en un primer amor. El primer amor siempre es mágico, pero sabemos que no dura para siempre...
