𝐈

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Cuando Juhoon tenía 5 años, su madre había notado lo mucho que le costaba expresarse o socializar con otras personas. Siempre en la casa se quedaba callado a la hora de la cena o del desayuno. Nunca contaba las cosas que le pasaban ni nada por el estilo. O cuando la mamá le preguntaba, siempre Juhoon contestaba: "Es que me dan miedo ser el centro de atención y ser juzgado, mami". Así que la mamá decidió hablar con un psicólogo, ya que esos comportamientos no eran normales para un niño de 5 años. Ese mismo día le diagnosticaron a Juhoon tener ansiedad social.
Juhoon, claramente a esa edad, no entendía qué era eso. Y pues la madre tampoco se molestaba. No importaba cómo fuera él, siempre lo iba a amar. Lo que sí había un lado oscuro en la familia de Juhoon, y este era su propio padre. Por como recordaba, siempre su papá peleaba con su mamá o le gritaba, hasta incluso le pegaba. Y pues siempre miraba con odio a Juhoon, solamente por ser callado, sensible, débil y por ser un fan del arte, que para el papá eso era ser "niña".
El pequeño Juhoon sabía cómo se iba a poner su papá si le decía que tenía un problema.

-Mami... Y si papá se enoja conmigo... -La madre se detuvo y se agachó para estar a su altura, acariciando la mejilla de su pequeño niño, al cual lo amaba demasiado.

-No importa lo que diga tu papá, no le hagas caso. Tú eres tú, mi niño -Y con eso abrazó a su pequeño y volvió a estar a la altura normal para tomar de su mano y ir a su casa.

Claramente, cuando el papá descubrió eso, no apoyó a su hijo. Al contrario, lo despreció aún más. Estaba tan enojado que se iba a desquitar con él, pero la madre lo detuvo. No iba a dejar que nadie lastimara a su pequeño.

-Si le vas a pegar, pégame mejor a mí. No voy a permitir que lastimes a nuestro hijo -El padre, al escuchar eso, se enojó aún más. Odiaba demasiado que Juhoon fuera su hijo. Le empezó a pegar a su madre. Juhoon, a ser tan niño, le dio miedo y salió corriendo a su cuarto para esconderse en el armario. Quería que esa pesadilla se acabe. Quería sentirse feliz por una vez por todas. Quería ser normal, donde su padre sí lo amara como su madre lo amaba.

Juhoon había dejado de escuchar gritos cuando su madre abrió el armario y lo abrazó fuertemente para sentirse seguro. Los abrazos de su madre siempre lo hacían sentir muy calmado.

-Mira, mi niño, quiero que sepas que pase lo que pase, yo siempre te voy a cuidar. Por más que yo no esté aquí, solo que no dejes de dibujar, mi niño... Te amo demasiado -Juhoon comenzó a llorar más mientras la abrazaba. Ella le regaló un collar que siempre llevaba y que él pequeño siempre halagaba.

-Mami... Te amo mucho -Su madre estuvo con él toda la noche para tratar de calmarlo y hacer que se durmiera seguro. Ella no quería darle la noticia a su hijo. Quería que fuera feliz con ella.

La madre de Juhoon tenía cáncer y lastimosamente le quedaban dos años de vida. Pero quería estar feliz esos dos años, para estar feliz con su hijo, a pesar de los malos días que tenían ambos. A pesar de todo lo que sufrían, se tenían uno para el otro, y eso era lo que más le importaba a ambos.

2 años después...

Juhoon recibió la noticia de que su madre ya no estaba con él. Hizo que su corazón se rompiera en mil pedazos. Su pequeño corazón estaba roto. Para él, su madre era lo único que tenía. Era su arcoíris de sus días grises. Le dolió demasiado, y más porque murió un día después de su cumpleaños. Siempre su madre le festejaba sus cumpleaños, y resultó ser el último cumpleaños.

Y digamos que su padre le importó poco la muerte de su "amada". Siempre le había sido infiel con una mujer, la cual esa mujer iba a ser su madrastra, la cual no fue muy dulce con el pequeño Juhoon.

Cada día, tarde y noche, deseaba que la madre estuviera aquí, a su lado. Quería sentir sus abrazos, quería volver a escuchar sus "te amo". Las motivaciones que siempre le daba... Pero si tenía un recuerdo de ella, su collar que siempre usaba.

-Mamá, cada día te extraño aún más. Este mes la pasé horrible con mi papá y mi madrastra... No quiero volver a la escuela, mami... Quiero que estés aquí -Cada noche se ponía en su ventana y le hablaba a su madre, para que por lo menos lo escuchara.

Desde temprana edad empezaba a sufrir. Solamente quería volver a ser feliz con su madre. Y le pidió a Dios que le cayera un ángel para que le hiciera feliz.

Cada día, el pequeño Juhoon empezaba a descubrir más cosas que a él le gustaban. Encontró una nueva pasión: bailar y cantar. Cuando fue a decírselo a su padre, a este no le gustó.

-¿En serio? ¿Te gustan esas estupideces? -Cuando el pequeño vio la reacción de su padre, sus ojos se pusieron llorosos. Tenía ganas de llorar, pero le daba más miedo que le fuera a decir.

-¿¡Otra vez vas a llorar!? Dios, ¡no sé por qué tu mamá no te abortó!... ¡Eres un error para mí! -Y con eso, el pequeño rompió en llanto. Se fue a su habitación corriendo y rompió un marco con la foto de él y de su papá. Se encerró en su cuarto todo el día. Ya no quería escuchar a su padre ni verlo. La pasaba mal en su casa, aunque tampoco digamos que en la escuela la pasaba muy bien. Sus compañeros siempre lo miraban raro y hablaban mal de él a sus espaldas. Al principio le dolía, le dolía ver cómo todos hacían amigos menos él. Aunque con el paso del tiempo aprendió a estar solo.

Deux anges amoureux.Stories to obsess over. Discover now