Hay un bosque en mí, hondo y callado,
donde el calor se apaga y todo es bruma.
Camino entre los pinos; la espuma
del aire huele a tiempo no nombrado.
No hay voces, sólo hojas que respiran,
un verde antiguo duerme en mis costillas.
Siento la savia hablar, como semillas
que en mí, sin tierra, igual germinan.
No estoy triste. Tampoco acompañada.
Soy raíz, soy niebla, soy camino.
Una rama del viento, un destino
que se dobla, pero nunca es nada.
Y en ese estar sin cuerpo que me queda,
me abrazo con el bosque y con su calma.
No hay quien me mire, pero hay alma
en todo lo que vibra y me acompaña.
YOU ARE READING
Latidos 33
PoetryEste libro no nació de las ganas de escribir. Nació del hueco que queda cuando las palabras se acaban. Estos textos no buscan consolar. Buscan acompañar a quien late demasiado fuerte en un mundo que pide silencio. Son poemas para: los que amaron con...
