Capítulo 1: Primer encuentro

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Kengkla caminaba por el mercado temprano esa mañana, cuando la luz del sol apenas comenzaba a reflejarse sobre los techos de las tiendas. Los colores de los puestos parecían más vivos bajo la luz dorada, y el aroma del pan recién horneado y de las frutas frescas llenaba el aire. Sus manos se movían distraídas, rozando telas suaves y cajas de dulces, mientras su mente divagaba entre pensamientos y sueños, ajeno al mundo que lo rodeaba.

Se detuvo frente a un puesto de flores y se inclinó para observar las pequeñas margaritas blancas. Se sentía extrañamente nervioso aquel día, aunque no sabía por qué. Tal vez era la expectativa de algo nuevo, o simplemente la sensación de estar solo entre tanta gente. Sin darse cuenta, dio un paso atrás… justo en el momento en que alguien más avanzaba en la misma dirección.

El choque fue inesperado. Kengkla perdió el equilibrio y casi cayó, pero una mano firme lo sostuvo antes de que sus pies se deslizaran sobre el empedrado húmedo del mercado.

—¡Cuidado! —exclamó una voz fuerte, pero cálida al mismo tiempo, que hizo que Kengkla se quedara congelado por un instante.

Al levantar la mirada, se encontró con unos ojos oscuros y penetrantes que lo miraban con una mezcla de sorpresa y curiosidad. La expresión de aquel joven era diferente a la de cualquiera que Kengkla hubiera visto antes: era intensa, pero no intimidante; firme, pero tranquila. Su corazón dio un brinco inesperado, y un calor repentino le subió hasta las mejillas.

—G-gracias… —murmuró Kengkla, apartando la mirada, incapaz de sostener el contacto directo.

—No hay problema. ¿Estás seguro de que no te lastimaste? —preguntó P’no, soltándolo solo cuando comprobó que podía mantenerse firme por sí mismo.

Kengkla asintió, aunque su atención ya no estaba en las palabras, sino en la presencia de P’no. Había algo en la manera en que lo sostenía, en la seguridad que emanaba de cada uno de sus gestos, que lo hizo sentir protegido de una forma que nunca había sentido antes. Por primera vez, Kengkla se dio cuenta de que no quería alejarse de él.

—Soy P’no —dijo, extendiendo la mano con naturalidad y confianza.

—Kengkla… —respondió él, tomando la mano temblorosa, sorprendido por la calidez que sintió al contacto. Un escalofrío recorrió su brazo y no pudo evitar sonrojarse.

Hubo un momento de silencio incómodo, pero agradable. Ninguno de los dos parecía querer romperlo de inmediato. El aire estaba cargado de algo indefinible: curiosidad, tensión y un extraño tipo de emoción que Kengkla nunca había experimentado.

—¿Vienes mucho por aquí? —preguntó finalmente P’no, rompiendo el silencio con una sonrisa leve.

—A veces… —respondió Kengkla, jugueteando con sus dedos—. Me gusta el ambiente, los colores, el olor… todo.

—A mí también —dijo P’no, asintiendo—. Hay algo especial en este lugar, ¿no crees? Todo se siente más… vivo.

Mientras caminaban juntos entre los puestos, Kengkla no podía dejar de mirarlo de reojo. P’no hablaba con confianza, señalando cosas del mercado y haciendo comentarios divertidos que hacían reír suavemente a Kengkla. Cada palabra, cada gesto, parecía crear un hilo invisible entre ellos, un vínculo que Kengkla no sabía cómo explicar, pero que sentía con intensidad en el pecho.

Llegaron a un puesto de dulces y P’no se detuvo, observando con atención.

—¿Quieres probar uno? —preguntó, señalando un pequeño pastelito cubierto de azúcar y chocolate.

Kengkla asintió tímidamente. Su corazón latía rápido mientras veía a P’no comprar uno para él también. Tomaron asiento en un banco cercano, compartiendo los dulces y el silencio del momento. La brisa suave movía ligeramente el cabello de Kengkla, y P’no, sin darse cuenta, lo acomodó con delicadeza detrás de su hombro, como si quisiera protegerlo del viento.

—No sé cómo explicarlo… —susurró Kengkla—, pero contigo me siento bien.

P’no lo miró de reojo y sonrió suavemente, colocando una mano sobre la de Kengkla sin presionarlo.
—Entonces quédate cerca. No voy a dejar que te pase nada —dijo, con voz firme pero cálida.

Kengkla sintió un calor recorrer todo su cuerpo, una mezcla de sorpresa y felicidad que nunca antes había sentido. Por primera vez, alguien parecía verlo, no solo mirarlo, sino verlo de verdad.

El resto de la mañana pasó rápidamente. Pasearon por los puestos, rieron juntos cuando Kengkla tropezaba con cosas sin querer, y P’no se mostraba atento y protector, siempre asegurándose de que nada lo incomodara o lo lastimara. Cada pequeña acción de P’no hacía que Kengkla se sintiera más atraído hacia él, aunque aún no entendía del todo lo que sentía.

Cuando se despidieron al final del día, P’no le sonrió, esa sonrisa confiada y ligera que hacía que Kengkla quisiera quedarse junto a él para siempre.
—Nos veremos otra vez, ¿verdad? —preguntó P’no, con un brillo en los ojos.

—Sí… creo que sí —respondió Kengkla, sonrojado y con el corazón latiendo tan rápido que pensó que podía escucharlo.

Mientras se alejaba, no pudo evitar mirar hacia atrás una vez más, viendo cómo P’no desaparecía entre la multitud. Y en ese instante, algo en su interior le dijo que aquel encuentro era solo el inicio de algo importante, algo que cambiaría su vida para siempre.

"Entre Risas Y Promesas"Where stories live. Discover now