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El reloj marcaba las 2:37 a.m.
La lluvia golpeaba con una insistencia cansada los cristales sucios de una ventana, filtrando el tenue resplandor de los neones de un club nocturno que aún seguía abierto al otro lado de la calle. En el interior del diminuto apartamento, un joven se sentaba frente a una mesa cubierta de apuntes, una laptop vieja, y una pistola negra envuelta en un paño gris.

Kwak Jiseok, veintidós años, estudiante universitario de Agronegocios en la Universidad de Seúl, vivía una vida que pocos podrían imaginar.

De día, era el chico silencioso del fondo del aula, el que casi nunca levantaba la mirada ni participaba en los debates de clase.
De noche, se convertía en Gaon, un nombre que corría entre los pasillos oscuros del bajo mundo de Seúl. Un asesino eficiente, invisible, y lo suficientemente inteligente para no dejar rastros.
Sus vecinos pensaban que trabajaba medio tiempo en una tienda de conveniencia. Y de cierto modo, no estaban del todo equivocados; lo hacía… solo que la “mercancía” eran vidas humanas, y el “pago” llegaba en sobres discretos con olor a metal y papel nuevo.

Esa madrugada, Jiseok observaba la pantalla de su laptop. Un mensaje encriptado parpadeaba en la esquina inferior.

Remitente: M. Baek
Mensaje: Nuevo encargo.
Objetivo: Goo Gunil (27 ) —
Padre de Familia.
Motivo: Le fue infiel a su esposa. Entrega antes del 15

Jiseok se recostó en la silla y exhaló largo.
—Goo Gunil… ese nombre… no era aquel señor de la tienda?... —pensó, mientras abría el archivo adjunto con el perfil del objetivo.

Jiseok arqueó una ceja.
—Genial, otro Infiel más. —Se frotó las sienes—. ¿Qué clase de idiota se mete con alguien estando casado como para que me encarguen esto?

El pago ofrecido era poco, pero no tenía opción. Suficiente para sobrevivir al menos 1 semana, quizás comer algo más que fideos instantáneos.

Cerró la laptop y se levantó. Caminó hasta el pequeño balcón, encendiendo un cigarrillo. La lluvia caía con fuerza sobre las calles vacías, reflejando los carteles luminosos que titilaban a lo lejos. Desde esa altura, Seúl se veía como un tablero brillante de caos y promesas rotas.

—Otro día, otra mentira. —murmuró.

[ . . . ]

A la mañana siguiente, el campus de la Universidad de Seúl vibraba con el bullicio de los estudiantes. El aire era frío, con un viento que olía a hojas mojadas.
Jiseok caminaba con una capucha sobre la cabeza y una mochila raída al hombro. Entró en el edificio de Agronegocios, fingiendo normalidad mientras su mente ya planificaba rutas de escape y posibles escenarios como acostumbraba hacer cada que iba a cualquier lugar.

El edificio estaba repleto. Profesores con trajes caros, estudiantes con rostros agotados, el zumbido constante de los proyectores.
Jiseok entró a su aula y tomó asiento al final, como siempre.
Fue entonces cuando miró al profesor entrar. El profesor comenzó a hablar sobre mercados agrícolas y sustentabilidad.

El resto de la clase pasó lento. Jiseok respondía rara vez las preguntas que el profesor lanzaba.
Cuando terminó la clase, Jiseok se acercó al pasillo, salió del aula, sin mirar a nadie, con los auriculares puestos.
Justo cuando dobló la esquina, chocó con alguien.

El café cayó al suelo.
—Ah, mierda… —Jiseok retrocedió.
—Mira por dónde vas. —dijo una voz seca y molesta.

Era Oh Seungmin, su compañero de de clase. Su uniforme  perfectamente planchado, su postura impecable. Su expresión era seria con un ligero gesto de molestia. Había algo en su forma de ser: una mezcla entre arrogancia y disciplina.

—Lo siento, no te vi venir. —respondió Jiseok con calma.
Seungmin suspiró, mirando su café derramado. —Da igual. No era gran cosa.

Por un instante, sus miradas se cruzaron.
El silencio duró apenas un par de segundos, pero en ese breve lapso, Jiseok sintió algo extraño.
Una sensación de familiaridad. Como si hubiera visto esa expresión antes… en un espejo.

—Nos vemos, supongo. —dijo Seungmin, dándose la vuelta.
—Sí… —murmuró Jiseok, observándolo alejarse.

Ambos tomaron caminos separados

[ . . . ]

Esa Tarde. El cielo sobre Seúl estaba cubierto de nubes negras, pero aún así, rayo del sol lejano se asomaba entre ellas. Jiseok caminó bajo la lluvia, con las manos en los bolsillos y el alma hecha un nudo.
El eco de las palabras de Seungmin resonaba en su mente.
Era la primera vez que alguien no lo trataba "mal" o hacía menos
Y sin entender por qué, sintió un peso diferente en el pecho.

Continuará...

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Gracias!!
-Henry

『 GAON 』  - Xdinary HeroesStories to obsess over. Discover now