Un zumbido leve resonó en el aire antes de desvanecerse, como el último suspiro de un sueño que se rompe. Dos figuras aparecieron de pronto sobre una escalera de piedra gris, suspendida en el vacío. No hubo luz cegadora ni estruendo, solo un silencio espeso que parecía tragarse cualquier sonido.
Rilo abrió los ojos lentamente, su respiración entrecortada. El aire era frío, casi inmóvil, y olía a polvo antiguo. Frente a él, un muro curvado de piedra ascendía y descendía en espiral, formando una torre interminable.
Fenric se estiró con un gruñido leve, apoyando una mano en la pared para recuperar el equilibrio. Su voz rompió el silencio:
—Por fin... —exhaló, dejando escapar una risa ligera—. Pensé que no íbamos a salir nunca de esa dimensión con el cielo rojo.
Rilo se acomodó los lentes, aunque no los necesitaba, y observó su entorno con cautela.
—Sí... pero —murmuró, mirando a su alrededor—, ¿dónde estamos ahora?
Ambos estaban en una plataforma circular que bordeaba el exterior de la torre. De ahí nacía una escalera de piedra que giraba hacia arriba y hacia abajo. No se oía viento, ni aves, ni el eco de ningún ser vivo. Solo el roce tenue de su propia respiración.
Rilo se acercó al borde con pasos inseguros. La torre descendía y ascendía hasta perderse en una neblina dorada, como si el mundo entero flotara dentro de un amanecer eterno. Se inclinó un poco más, intentando encontrar el suelo o el cielo. Nada. Solo vacío.
—Fenric... —dijo en voz baja, con un temblor contenido—. No hay fin. No hay fondo... ni techo.
El lobo negro se acercó, apoyando una mano en el hombro del panda rojo antes de asomarse. Su mirada afilada recorrió la extensión sin fin de escaleras que se disolvían en la distancia. Un silencio incómodo los envolvió.
—No parece tener fin hacia abajo... —comentó Fenric, entrecerrando los ojos—. Pero... espera... creo que arriba...
Rilo giró bruscamente.
—¿Qué? ¿Ves algo?
Fenric frunció el ceño, intentando enfocar la vista hacia las alturas. Entre la neblina dorada, creyó distinguir un punto tenue, una sombra que contrastaba con la luz.
—No lo sé —respondió al fin, con una sonrisa nerviosa—. Tal vez solo fue mi imaginación.
Rilo lo miró, incrédulo.
—¿Imaginación? Después de todo lo que hemos visto, eso no me tranquiliza.
Fenric soltó una carcajada corta, intentando disipar la tensión.
—Bueno, si hay un final allá arriba, podríamos intentar subir. Peor sería bajar sin saber hasta dónde.
Rilo observó una vez más el abismo bajo sus pies. Las escaleras parecían flotar sin apoyarse en nada, repitiéndose eternamente como un espejo roto. Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
—Fenric... —susurró—, ¿y si este lugar no tiene salida?
El lobo guardó silencio unos segundos. Luego desenvainó lentamente su espada, más por instinto que por necesidad. El sonido metálico resonó en la inmensidad, y el eco tardó demasiado en desvanecerse.
—Entonces —dijo con calma—, la encontraremos a la fuerza.
El viento cambió por un instante. O quizás no era viento, sino algo moviéndose más allá de su vista. Ambos miraron hacia arriba. Entre las capas de niebla, una sombra pareció deslizarse, demasiado grande, demasiado silenciosa.
Rilo tragó saliva.
—Fenric... eso no era imaginación.
El espadachín giró el rostro hacia él, una sonrisa tensa marcando sus colmillos.
—Supongo que acabamos de descubrir qué vive en una torre que no tiene fin.
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Dimensional Souls
AdventureRilo, un joven mago de bajo nivel y carácter reservado, y Fenric, un espadachín confiado de gran fuerza física, son dos aventureros provenientes de un mundo de fantasía medieval. Durante una misión rutinaria, su destino cambia para siempre cuando de...
