Últimamente mi mente me ha traicionado y mucho ha costado retener información estos días, un juego sucio cuando de fechas importantes se trata e incluso responsabilidades, pero si recuerdo perfectamente la última vez que pude verte y detallé cada aspecto de tu ser para dejarlo impreso en mi memoria. Hoy pude apreciar de nuevo tu rostro, fue de lejos donde te observé por un buen rato, como si de mil cosas que todos podían ver, yo te pude distinguir entre todo, sonríes. Esa sonrisa que un día me llenaba de entusiasmo hoy en es el fruto de mi locura, quise ir y abrazarte, pero si de abrazarte fuese una sentencia, condenaría mi alma a mil penas perpetuas, aún así no sería suficiente castigo para mí imprudencia. Nos golpea la realidad y no caemos en cuenta, ignorantes no pensamos con franqueza, y un día llegan los problemas; no nos detuvimos a quitar de nuestras cabezas la idea de amar sin consecuencias, nos importaba el sentimiento por sobre nuestras responsabilidades, nos queriamos de una forma tan poderosa que no pudimos sostenernos, y por más fuerte que fuimos, fue la debilidad de nuestro egoismo lo que nos distanció, y quizás aquel sentimiento que no fue recíproco desde que te empece a amar.
Si de estar consiente en el tiempo se hablara he de decir que perdí la noción, mi camino se ha borrado y en la senda del olvido me he sido aprisionado. No he podido distinguir si quiera mí propia sombra reflejada en las arenas del desierto. Solo una pregunta baila en la cálida brisa que hiere mi sedienta piel; ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?.
Quisiera evitar que pasarás por mi mente pero como granizo en pastizales destruyes el fruto que tanto esfuerzo me costó construir, tu silencio es como aquel eco en una noche agonizante que desesperante quieres dejar de escuchar pero sigue atormentando cada fibra de tu ser, la forma en que me ignoras es el desprecio de la vida misma sonriéndome mientras me arroja a la fosa sin un ataúd en el cual reposar.
Quisiera entender la razón de nuestra distancia si acaso existiera una explicación, la vergüenza de hablarte o incluso darte la cara es mi mayor miedo. No, mi mayor miedo es que ni siquiera exista una razón por la cual te cause tanto repudio para no hablarme.
Si bien yo creí haber aceptado mi destino una vez unidos por el deseo que nos consumió, como jardinero mi trabajo fue servirte ante la sequía de tu soledad, cada gota que en tí derramé fue una fuerza vital que profundamente te hacía brillar, por cada rama que de tí podé hiciste una flor de grandeza, cada día más hermosa. El abono y la tierra que puse a tu alrededor con cariño a tus pies lo coloqué, sentía como crecían tus ramas fortalecidas, en las noches aún cuando todos dormían yo quite mi fuego y lo puse a tu lado para abrigarte en tu llanto. Cuánto me esforcé y con cada impulso fue creciendo dentro de mi un gran cariño por mi hermosa flor. Pero si de errores hablamos, en esta fábula el jardinero se perdió, ¿Cuánto puede importar un simple jornalero si a otro le pertenece el campo donde sembró?
Podré recorrer mil paisajes a plena luz del día, entre ciudad y capitales, el llano y matorrales pero no he podido encontrar una flor similar. ¿He de esperar cuánto? Mis fuerzas se agotan y voz ya no suena, por más cerca que me arrope cerca del fuego no puedo sentir calor si no es el tuyo, y la compañía que se acerque no es más estorbo que alegría porque no hay quien se asemeje.
El canto triste de la brisa trae el olor que emana de tus pétalos, mi alma llora y mis penas salen, el cuchillo afilado de tu ausencia se clava y me desangro, desde el otro lado de la cerca puedo verte y ahora cuando riego tus hojas con tus espinas haces que me aleje, es el karma por nuestro pecado, y quien culpar si no hay quien nos juzgue, somos cómplices, testigos y víctimas, pero en la inmundicia de nuestros actos que queda si no es el rechazo.
Las horas que solía pasar con ella pudieron parecer minutos, durante el día me abstengo y reservo ante la luz, quizás por pena tal vez sea vergüenza, el no soportar aquella mirada que he apreciado en los ojos de muchos que me miran, la mirada del desprecio. El ocaso ilumina con fervor las blanquecinas nubes del firmamento, como si un gran incendio asediara gigantes bosques, la madera siendo consumida por el fuego como mi alma por aquellos pensamientos. Y he aquí nos imagino de nuevo. La brisa que acariciaba nuestros cuerpos y aquel olor a hoja seca de la primavera que despertaba las más grandes emociones dentro de si mismos, ambos dispuestos a vivir sin poder unirse, o solo por no querer enfrentar las consecuencias de sus acciones.
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La tumba de mi alma
PoetryEl desdén inoportuno de las tragedias, consecuencias de nuestros actos, no somos inocentes y aceptemos nuestro castigo como regaló. Solo quiero dejar en claro que si alguna vez te cuestionas que te quiero; Seguiré esperando por ti el tiempo que siga...
