En un pequeño departamento de diseño acogedor y—cuando la vida lo permite—tranquilo, se escuchaban gritos.
No era la primera vez. Quizás una discusión. Quizás algo peor.
Desde adentro resonaban dos voces:
una clara, firme...
y otra distorsionada, corrupta, como si algún desperfecto digital hubiera decidido adoptar forma humana.
—¡Noli! Lárgate de mi casa antes de que llame a la seguridad de Robloxia para que te eliminen de una vez! —gruñó Seven, empujando a su hijo detrás de él, protegiéndolo con el cuerpo entero de aquella sombra morada que no mostraba intención de retirarse.
Noli ladeó la cabeza, su sonrisa torcida brillando con un encanto inquietante.
—Ay, Seven... no seas tan dramático. Solo vine a hacer una pequeña visita a mi mejor amigo. ¿Acaso no tenías ganas de verme? —dio un paso adelante—. Y no exageres con tu hijo, jamás atacaría a un infante. Yo no juego así.
Seven apretó la mandíbula y, con ella, el brazo del niño.
Sus ojos ardían de furia.
—¡No seas mentiroso! ¡Tú mismo lo escribiste! ¡¿Crees que soy tan tonto como para olvidarlo?!
La voz del padre resonó como un golpe seco.
La sonrisa de Noli se detuvo.
Por un momento—solo uno—parpadeó sorprendido.
¿Ese mensaje había significado tanto para él?
Un mensaje que él mismo había enviado, quizá demasiado impulsivamente...
Un mensaje que había creído que Seven jamás recordaría después de aquella discusión en la cafetería.
La misión.
Esa misión que nunca lograron terminar.
Esa misión donde algo salió horriblemente mal.
El recuerdo cruzó por la mente de Noli como un parpadeo peligroso.
Un destello morado detrás de los ojos.
«Todavía le importo...» pensó, sintiendo un calor extraño en el pecho.
«Creí haberlo perdido para siempre aquel día»
Con una suavidad inquietante, bajó la mano en señal de rendición.
Dejó caer una pequeña cámara sobre el sillón sin que Seven lo viera—un gesto casi inocente, si no conocieras a Noli.
—Bueno, bueno... ya se me acabó el tiempo de visita —canturreó—. Adiós, Seven. No lo dudes volveré.
Introdujo un código y desapareció en un parpadeo morado, teletransportándose al callejón más cercano a las oficinas de desarrollo de Robloxia. Tenía un objetivo, una persona... pero gracias al "pequeño inconveniente" con Seven, tendría que retrasar la misión.
Seven se arrodilló y abrazó a Coolkid con tanta fuerza como si el mundo quisiera arrebatárselo.
Lo acurrucó, lo besó en la frente, se quedó en silencio largo rato... demasiado tiempo.
—Papi... ¿por qué estás tan preocupado? Ese señor morado no parece tan ma—
Seven le tapó la pequeña boca roja con un dedo.
—Hijo... prométeme que nunca te vas a acercar a esa cosa. Nunca. No debe entrar a la casa, ni tocarte... jamás. ¿Entendido?
Algo en su voz no era miedo.
Era terror.
Un terror viejo.
Uno que venía de esa misma misión que ninguno de los dos quería recordar.
Coolkid, inocente, solo sonrió.
—Vale, te lo prometo, papá.
007n7 no durmió esa noche.
Ni la siguiente.
Ni la siguiente.
YOU ARE READING
"Fragmentos de Error"
RomanceSeven jamás pensó que por un mensaje podría odiar a la persona que amo.
