[Capítulo 1]​ - ​LA PRIMERA MIRADA​

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Era primavera, mi época favorita. Suelo amar la primavera porque disfruto de no someter mi cuerpo a altas ni a bajas temperaturas; me gusta el poder usar un short, pero al mismo tiempo tener la posibilidad de usar un buzo, amo salir a entrenar y no tener que desmayarme por una ola de calor, pero también que no se me entumezcan los dedos de las manos mientras camino al gym en el invierno, cuando el frio congela mi cara y agrieta mis labios. No me malinterpreten amo cuando el sol toca mi piel y puedo sentir ese rayito de sol calentándome, de donde vengo amamos jugar en la arena caliente mientras intentamos no quemarnos la planta de los pies y que una brisa salina nos enrede el cabello con sus caricias, a donde emigré aman el invierno porque el sol se oculta más temprano y pueden calentarse el cuerpo con una estufita, aman comer guiso y el mate es la tradición del día a día. Yo he decidido que no me encanta el frio ni el calor, por eso estoy en el medio. Mi época favorita es la primavera, es de nuevo primavera, pero ya no es la primavera donde la conocí a ella.

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Tengo trabajo, fue lo primero que pensé mientras terminaba de leer el texto que me pedía pasar hoy por el local de comida rápida a retirar mi nuevo uniforme. Si me preguntan que siento es un sutil nada, no me emociona ni me amarga trabajar, busqué este trabajo porque como cliché post pandemia no tenía absolutamente nada que hacer. Mi graduación del bachillerato fue en pandemia, denominémoslo una total mierda, mi inscripción a la facultad fue atrasada hasta marzo del siguiente año, eso nos deja con unos 6 meses de vagancia que mis padres no toleraron. Así que aquí estaba a nada de empezar a trabajar medio turno en el mismo restaurant donde trabaja mi hermano, si se lo preguntan fue con ayuda de él que me tomaron la entrevista, así que, si nos encanta responsabilizar a otros por los sucesos, es toda su culpa. Sin él yo nunca la hubiese conocido a ella.

Recuerdo el llegar al lugar, toda una adolescente sin un gusto por la moda muy distinguido, con mis lentes azules cuadrados ocupando el 80% de mi rostro, una camisa que probablemente había estado guardada en mi armario por 5 años y un pantalón que estoy segura era de 2da mano, mis zapatillas claramente las únicas que tenía.

Ah, eso. Permítanme contarles muy por encima cuando hace 3 años metí todas mis cosas en una maleta de 20kg y me fui a otro país con mi familia, dejando absolutamente todo lo que conocía atrás por lo que solemos llamar un mejor futuro, asi que entre los recuerdos, las fotos y la vida misma, no quedo mucho lugar en la maleta para la ropa y las zapatillas, y de todas formas calculo que ya no me quedarían. Hace 3 años se preguntarán y no tuvieron el tiempo de comprarse nuevas cosas, les explico para aquellos que tienen el gozo o la desdicha de no haberlo experimentado más allá de los distintos casos, que nosotros éramos 4, sobreviviendo con un solo trabajador en casa, dos estudiantes menores de edad y que encima se vino la pandemia. Así que de eso a lo que llamamos economía en estos momentos se podría decir que tenemos lo básico.

Vuelvo a la realidad en cuanto escucho el carraspeo de la chica que esta del otro lado del mostrador frente a mí, me mira completamente fastidiada de la vida, mientras espera a que le diga por qué estoy aquí.

-Hola, busco a Celes, vengo a buscar mi uniforme. -Digo con la voz más baja posible, y mis manos cruzadas probablemente delata mi nerviosismo.

La chica se ríe, como si todo de mi le fuera divertido, se da la vuelta y pasa por un pequeño pasillo por detrás de las jugueras, las máquinas de café y lechera, todavía a duras penas puedo diferenciar su cabello sobresaliendo por encima de las maquinas, puedo ver como golpea una puerta, espera la autorización de la persona adentro y mete su cabeza. 1 minuto después la veo volver a sus tareas laborales sin siquiera dirigirme la mirada. ¿Qué hago debería esperar acá? ¿Le consulto de vuelta?

De repente la puerta se abre, la persona que sale debe ser mucho más baja que la primera chica, puesto que no la distingo por detrás de las maquinas. Puedo imaginar que camina el mismo recorrido que hizo la chica malhumorada cuando dio el aviso, hasta llegar al pasillo que divide la cocina del servicio/mostrador y cruza hacia el mostrador, recién ahí la puedo ver. Una mujer pasada los 30, morena y achinada, claramente bajita de estatura, como me lo esperaba, y un poco pasada de peso. Una camisa blanca algo desorganizada con el logo de la empresa, unos pantalones negros y un cinto puesto en ellos, que ya había vivido mejores tiempos, unos taconcitos que sonaban en cada paso que daba y su rostro iba adornado con una sonrisa que indica: ¡cuidado, es falsa!, incluso desde la distancia.

- ¡Hola! ¿Vos sos la hermana de Pablo?, yo soy Celes, soy gerenta de turno. -Me saludó con un beso y me extendió una bolsa cerrada con las letras escritas en lapicera ¨BRAVO¨ mi apellido. -Karla dejó preparadas las bolsas con los uniformes por las tallas que les paso RRHH, no olvides probártelo y pedir que te lo cambien si no te queda. -Me miró con una cara de ¨eso sería todo¨.

-Gracias, Celes. -Le agradecí incluyendo una sonrisa, me quedé expectante porque ella parecía no moverse y yo sinceramente no tenía idea de si esto era todo.

-Me gustan tus anteojos. -Me dijo mientras ponía una mano sobre mi hombro. -Éxitos y nos vemos. -Soltó mientras se daba la vuelta y yo todavia no tenía idea de que muy probablemente eran las únicas palabras amables que iba a escuchar de Celeste en toda mi vida.

Salí del establecimiento sintiendo la mirada de todos los empleados, como diría mi madre: carne fresca. Caminé quizás unos 300mts y al llegar a la esquina estaba la parada del bus que me llevaría a mi hogar. Subí sin prestar mucha atención, con los ojos metidos en mi celular mientras le mandaba un texto a mi madre avisándole que todo bien, misión cumplida y que estaba volviendo a casa.

Después de pagar, mi mirada recorrió el bus entero buscando un lugar decente para sentarme, si es que había uno. Mi mirada chocó rápidamente con una chica que ya estaba mirándome, nuestras miradas se mantuvieron por un poco más de lo normal, curiosidad en la suya, nerviosismo en la mía. Su cabello marrón oscuro casi rozando el negro, amarrado a la perfección en un rodete, su piel levemente morena, su cara algo regordeta, sus cejas delgadas y pobladas adornando esa mirada profunda que atrapaba, no había expresiones en su cara, mi mirada se deslizo inconscientemente por el resto. Su cuerpo no era el de la media, una figura en forma de reloj de arena, pero con unos kilos de más acompañando el efecto, un vientre abultado y unos brazos con el doble de mi fuerza, me quedé pasmada en mi lugar con su mirada curiosa intentando leer mi bolsa, ahi fue cuando me di cuenta que su hermoso cuerpo iba con el uniforme del local puesto.

Sali de mi cabeza cuando varias personas se aglomeraron detras de mi y entre murmullos de ¨disculpá¨y ¨permiso¨ avance por el bus. Su mirada seguía puesta en mi y el asiento a su lado estaba vacío, lo analicé por un momento pero la verguenza me ganó de lleno, si los calculos me daban, ella sería otra de mis gerentas, me sente en un asiento solitario al fondo, aun cuando pase por su lado ella se acomodó en su asiento, casi como si se hubiera imaginado que ese iba a ser mi eleccion.

Sin darme cuenta, pase todo el viaje pendiente de ella, incluso cuando mi mano toco el timbre despues de 15 minutos en camino, anunciando mi bajada. Mi mirada volvió a encontrar la de ella casi como si fuera una amable despedida, cuando el bus paro en mi parada. Bajé y pensé toda la tarde en su expresiva mirada, casi como si el destino admitiera que ese iba a ser el primero de miles de dias que iba a dedicar pensando en ella. 

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